SIGLO NOVENO lo imposible
.... y empecé
a balbucear la letra de “zamba para no
morir”, al principio ella con los ojos cerrados siguió el ritmo con su cabecita
bionda de geómetra triste, hasta que por fin se durmió recostada sobre mi
hombro. Fue una tranquilidad ese sueño para los dos, la deposité en su cama le cubrí los pies con una manta
liviana y mas tranquilo me comí una
milanesa a caballo pensando en la intrincada trama de colores que teje una
mujer cuando piensa en sus sentimientos y me dije, esa es la razón de lo
imposible...