lunes, 15 de octubre de 2007

Sobre Erotismo

Charla sobre erotismo sexual, pronunciada por Horacio Padellaro en ocasión de la presentación de la muestra de dibujos eróticos y el estreno de la “suite erótica para un caballero gentilmente depravado” para piano (pieza dedicada al maestro Armando Kriger) del maestro Alberto Devoto. El evento se llevó a cabo en el auditorio de la Asociación Dante Alighieri de la ciudad de Bs. As. el martes 9 de octubre de 2007. La lectura del poema “A Pol poeta desconocio” estuvo a cargo de la actriz Mercedes Mastropierro

Los dibujos de Devoto no requieren de palabras, no obstante nuestra naturaleza obstinada nos obliga a hablar, hablar y seguir hablando.

No hay duda, soy un obstinado

Bien, voy a decir, consecuente con la actitud estética del maestro Devoto, que el erotismo es acción, es movimiento; de la idea, de los cuerpos, de la idea de la posesión del cuerpo. Es acción de las manos en el hacer (arte de hacer) de la imagen, de ciertas palabras susurradas apenas, (todas), de la música, de la furia de lo obsceno , de la ternura, en fin y para ser breve, como dice un amigo que está preso; menos en lo dañino premeditado (no consentido), en todo lo demás se nos ofrece siempre (casi) alguna manifestación del Eros.

La primera consideración que surge aquí, es que el erotismo se hace, de el, como de dios casi no hay que hablar, porque no hay nada que definir ....pero...!cuidado con el hueco de silencio que dejan las palabras cuando cesan! porque en determinadas situaciones, cuando se hace el silencio entre dos que se encuentran (quien no lo sabe)... se movilizan los cuerpos... Igualmente no temamos, aquí “somos mucho mas que dos”... y aún no han cesado las palabras

Alberto convoca al encuentro, y lo hace desde un popurrí de expresiones que me incluyen. El ha preferido conducirnos de esta manera hasta la “meca del sexo”, el erotismo. Y allí vamos, por el camino de la miscelánea, rumbo a esa ilusión del erotismo sexual.

Digo la ilusión del erotismo sexual porque en él, mas que en ningún otro, se desvanece tan pronto se alcanza, o mejor, justo y casi en el instante mismo del logro; lo sublime (ilusión del erotismo sexual)

Por fortuna el instinto fundido al deseo y ninguna otra cosa, nos insta a repetir y repetir el intento, (intento de lo sublime que nunca es el mismo) Así y todo lo repetimos concientes de que también ese otro se desvanecerá o peor aún, que al igual que todo se perderá con el devenir de ese tiempo implacable y discontinuo que nos da la vida. (un espanto). Frente al espanto y por hacer que caiga, se vuelve a intentarlo de nuevo (el arte del amado continuo; otro, siempre con otro)

No hay caso nos pasa con el erotismo, como con Dios, que hay que definirlo aunque hacerlo posible sea imposible

Siendo así, y solo para seguir siendo fieles a la idea de la continuidad, cuando sintamos que está todo perdido, podremos optar entre dos cosas; abrazar la fe religiosa y llegar por el fervor de la esperanza a la gloria de la promesa de un goce eterno (erotismo de la contemplación de lo Divino) o con menos fervor y resultados menos mediatos entrar a uno de esos farma city, que están por todas partes, y con elegante discreción o mejor aún cuando nadie mira, comprar una cajita de sidenafil (el viagra)

Como vemos, diga lo que se diga como dije, pareciera quedar cada vez mas claro que... al erotismo “no es lo que se pueda decir”, porque, repito no se puede definir, no se deja definir, solo se deja...(repito) se deja repetir....(siempre otro) vuelve (repito), se instala, se desvanece, y por fin abandona. Resto exhausto pero dispuesto a repetir (no decir). Como Dios nos deja solos, repitiéndolo (letanías del divino erotismo)

Igualmente hay que hablar y definir, entonces echaré mano de la solemnidad del discurso médico que todo y tanto define, y desde allí diré del erotismo sexual que: Pareciera ser que se trata de un peculiar anárquico accionar sexual cuasi amoroso entre dos cuerpos o mas, en su máxima y continuada conjunción, cuyo sentido último, todo mediante (goce, placer, dolor, sudoración, salivación, convulsion, obnubilación, taquicardia, agotamiento) es llegar. Hasta aquí el discurso médico, no obstante voy a agregar que se trata de un llegar, con (a) la ilusión del orgasmo infinito que permita no dejar de seguir siendo en esa completa fusión (siempre) con el otro hasta morir si es preciso (pase lo que pase, seguir y seguir cada vez mas) ....

“la búsqueda de la continuidad, en el reconocimiento de la propia discontinuidad “

Bien, analicemos lo dicho:

Primer punto: La muerte queda anulada (aunque a la puerta se siga anunciando)

Primer punto de que?.......de nada, ya que no se puede hablar, no hay punto ni coma y quien se atreve a hacerlo está condenado a caer en la monotonía cuando no en el aburrimiento... Bataille en “el erotismo sagrado” dice ...he preferido ser poco inteligible antes que inexacto... buena forma de decir que “no hay caso” que no se puede

yo también y en cambio, salvando las enorme y afortunada distancia que nos unen, he preferido hablar del tema, al amparo de lograr ser absolutamente incomprendido. (el desconsuelo, la incomprensión despiertan erotismo en el otro) .

Lo cierto es que mientras unos hablan y solo hablamos, y otros muchos escuchan y solo escuchan, “no se coge (con G) al toro por las astas” como quien dice, cuando lo real es que el erotismo, queda claro, son solo cosas del queré y del cojé....(nadie dice nada? miren que esta ves fue con J...)

De todos modos vamos a seguir hablando porque es lo único y porque no es este el momento ni el lugar de ponerse a hacer “cosa con J”

Segundo punto: Se requiere de un momento y de un lugar, donde gemir, mezclar, indiscriminar, sacudir, confundir, desenfrenar objetos distintos en un transcurrir sin límite y sin testigo

Tercer punto : Se requiere vencer a la muerte (entrar en confianza) Dice Sade: “no hay otro medio para familiarizarse con la muerte que aliarla a una idea libertina “ bien, el erotismo es libertinaje y cohabita con otros libertinos, como la poesía. También ella debe mezclar, indiscriminar, sacudir, confundir objetos distintos, pero a diferencia del accionar erótico sexual, la poesía requiere o admite testigo

Cuarto punto: Se requiere que el momento y el lugar continúen, que el tiempo y el lugar sean continuos. Esto vale tanto para el erotismo sexual como para cualquier otro erotismo; la poesía, la música, la plástica. Digo todo, como lo bello, como lo caótico, como la armonía, como el éxtasis o la desesperación, nos conduce a la eternidad ...Digo a “la muerte” de “la vida” , la eternidad

muerte-vida, juego de una antinomia armónica que nos ilusiona y nos insta a seguir siendo.

Quinto punto: la muerte como definitiva manera

el arte como definitiva eternidad

mi poema, “A Pol poeta desconocido “

dice: ...

si tu te vas (dice la canción)

y aún no logro la clave (de la canción, la clave)

...

llegás y te vas y te vas y te vas y me quedo

quedo con sin con

esa ilusión del frío al abrigo y del calor

la idea vaga de ser

...

luego dice:

repetime y seguiré siendo....ahora solo

siento

...

finalmente ya no dice, se suelta al abismo para quedar sujeto

¿es que acaso, no es solo eso?...sentir ¿!

que el planeta da vuelta a la esquina y termina ¡?

Mirá Pol, y si en la vuelta me caigo ¿!

y si mientras caigo, te encuentro con tu blusa azul en la mano ¡?

y por entre tu pierna y tu pantalón blanco de pescador a mi se me escapa algo ¡?

....

El erotismo es la manifestación mas primitiva y constante que convierte al sujeto en artista. El artista deviene en sujeto del erotismo antes que nada y por lo mismo no puede dejar de ser algo de-generado y su producción lleva consigo y consecuentemente siempre algo de esa de-generacion

Punto sexto: El humor no puede estar ausente, lo mismo que el dolor, cuando de erotismo se trata

“basta!, basta!, basta! (no dice) gime escindida. Dice basta! y basta sin decir basta, porque no quiere que se acabe ni le alcanza. Plenamente penetrada, sacudida hasta decir basta, nunca satisfecha clama en silencio al vacío, atrapada en un puro goce de penetración que no cede, definitivamente ... El no escucha, solo sigue y sigue su propio desenfreno, sin retorno, sin escuchar....hasta el fin” (fragmento de una película china de la que no supe después esto, mas nada, porque mas turbado que nunca no pude ya saber)

Ahora, a la luz de los seis puntos, me permitiré ser mas libre en mi intención de alcanzar en el papel con la palabra, los trazos de Alberto Devoto en sus dibujos y en su sonata para la mano derecha. En sus obras queda a la vista que el ha abrazado la temática del erotismo con verdadera pasión-gráfica...no digo porno-gráfica porque eso es otra cosa (¿es otra cosa?)

en La Lucila, en la biblioteca “Duilio Ferraro”, pude encontrar en un ejemplar veneciano del año 1600 , escrito en sajón antiguo el siguiente escrito:

Eras, viene siendo el femenino, desde un principio, el femenino de Eros, es mas bien su par erótico, carecen los dos de género, y cada uno potencia el deseo en el otro. Entre ambos construyen un único género “dual”, el que por supuesto no existe en nuestra lengua. También leí en un ejemplar de la revista Nexo otra definición menos profana de Eros, ella dice que es Verbo y se hace Carne en determinadas ocasiones. También dice que es carioca, negro, anda alzado y levantando, se lo suele ver descalzo (mas bien calzado), junto a la Diosa Eras caminando a la orilla del mar de Rio.

Nosotros nos quedamos con el primer descubrimiento, el del sajón antiguo. Esa fué la definición que impulsó a Devoto a realizar sus dibujos depravados y a componer su “suite, erótica para un caballero gentilmente depravado” dedicada a su amigo, el maestro Armando Kriger, compositor y director notable, formado, preparado y re-generado en los claustros del “Di Tella” de los 60 para ser hoy uno de sus herederos mas notables. ahora vallamos a la sonata:

El primer movimiento de esa suite para piano; “soliloquio para la mano derecha” fue compuesta en un momento de la vida de Kriger en que no disponía plenamente de su mano izquierda, porque la tenía embargada y ya casi se le estaba gastando la derecha de tanto “tocar”

El segundo movimiento, “menaje a trois”, no me fue dado conocer ningún motivo pero es obvio que si bien es el movimiento 2, se trata claramente de un movimiento depravado de a 3 (trua es tres en francés)

El tercero, “orgía”, nos cabe suponer la posibilidad de que sea lo que se viene después del vino de honor. Será cuestión de esperar el final o de salir corriendo ahora

No se porque me vuelve a la mente la escena de la película china que les dije:

Pienso y me figuro a mi mismo mirando mas que hablando (soy un boyerista empedernido ) las sostenidas escenas de la película que les dije, interminables, como esculturas o como dibujos, o como poemas... evoco y explota adentro mío todo ese erotismo bullicioso, silencioso. (del erotismo todo)

Quiero ser parte de esas interminables secuencias que tienden a borrar todo orden.

Quiero transgredirlo todo, todos los límites, borrarlo todo y empezar de vuelta hasta la propia muerte, o hasta la propia vida si es preciso. Todo, de nuevo todo hasta morir..... pero qué digo!..... esto es una contradicción (del erotismo todo)

Sin embargo, es preciso decir también para separar los tantos que:

Para y con el otro,

el Amor nos dice: “ todo sobre el cuidado “

el Eros nos dice : “ todo por uno mismo, hasta con-fundirse con el otro “

la muerte nos dice: “ al final nada “ y nos propone un rato antes del final, como dádiva de penal, que abracemos la fe, que la religiosidad es como un río, no concluye y desemboca en la eternidad, (ese otro erotismo, esa otra ilusión)

Seriamente hablando, si bien es cierto que como dice Barthes, el hombre habla desde que surge en el universo, y aunque nos resulta complejo el precisar de qué habla o qué dice cuando habla, lo cierto es que seguimos hablando .

Pero insito en que el erotismo es otra cosa, que nada tiene que ver con nada de lo dicho, es como el psicoanálisis una práctica perversa que empieza cada vez, y no acaba.... !salvese quien pueda!

..¿ vos acabaste ?”

“El cuerpo” amigos míos es la epifanía sensual de lo sagrado, (templo) por lo que es preciso cuidarse muy bien de ser iconoclasta

¿Quieren introducirse por un momento, enteros, con cuerpo y alma en la epifanía sacra de la naturaleza?, bien vamos de la mano de Marosa di Giorgio, esa uruguaya que por contemplar la naturaleza continua de las cosas, quiebra la palabra eróticamente, en mil exquisitos trozos...y nos hace exclamar también a nosotros, como aquella china ¡basta!, ¡basta!

...

“la zanahoria sacó de la tierra su luz rosada

y a la luz de la luna subió el nardo, también de color rosa con todos sus escapularios y su hornacina

Ya estaban los comisarios, los alcaldes, los ladrones y los máscaros

Mamá se fue, definitivamente

a vivir con las liebres

Pero volvió una tarde de octubre, y se casó, de nuevo, con papá”...

Como vemos el erotismo se nos manifiesta, de mil formas, excepto la cordura, después todas... y no nos deja

Y que no cese....! por todos los cielos y el infierno,... ¡que no cese!

Ahora y para finalizar vallamos de la mano de nuestra bella Mercedes, otra vez a la palabra

lo que nos va a decir es una cosa que escribí hace un tiempo, en río de Janeiro, una tarde de mucho calor después de haber encontrado a ...pero no, mejor no les cuento

-muchas gracias-



TRÍPTICO CON ESPEJO

DE USTED
De usted me dijo
Ni de tú ni de vos
salí de mí
y no supe
encontrarlo
si en san pedro
Pudiera ser que en san telmo
¡ Es tan pero tan tan difícil la santidad !
Fue por vos
de la voz el sonido
El suspiro que engendra
el canto, el rango del canto
La entonación
El trueno callado del tono
La mística de vos
Irremediablemente música
Bolero quizás ?

DE VOS
No me importa palabra ni forma de lo que digas
Igual lo voy a saber
Algún día tarde o temprano siempre se sabe
Voces de vos
Impacienta mi sentido
De día lo espero
De noche persigo
Decir que te escucho no es cierto
Digo que juego
que arriesgo
Soy justo
Deseo el instante
Ese infinito
Qué importa la memoria si total
No hay después
Yo quiero y me basta
La vaguedad de un gesto
de tu boca
ese jugo
un susurro
el “usted”
leve de un juego
y me alcanza




DE LOS DOS

Vos
no llegues,
lo he pensado
Yo
Perdido en la noche de mi alma.
Alma mía
si te vuelvo a encontrar
tampoco digas nada
No es decir lo que cuenta

De vos el eco
De mi el aliento
De los dos el beso

lunes, 18 de junio de 2007

Después de unas merecidas vacaciones por El Tibet y por la hermana República Oriental del Uruguay, y a requerimiento de los inestimables (numéricamente hablando) reclamos de los señores lectores por la reanudación de la edición del ciclo CHAU CON LOS SIGLOS DORADOS, el autor ha accedido, no sin hacerse rogar, editar un nuevo siglo, esperando de todo corazón su desaprobación, asimismo quiere que sepan que el es una persona muy ocupada, que tiene muchas cosas que hacer, que no tiene tiempo que perder como para andar metiéndose en reclamos. Si a alguien no le gusta, puede dirigirse a Defensa al Consumidor o ver al Gran Hermano, o esperar a las alternativas del sufragio del próximo domingo. Muchas Gracias (siempre hay un sufragio en algún lugar de la civilidad)

Chau con los siglos dorados




SIGLO SEPTIMO


Nuestra amiga, la geógrafa del cuarto que ahora vive en un quinto con Mariano a seis cuadras de acá, sigue siendo la misma de siempre, en nada cambió su carácter ni su comportamiento el nuevo piso, sigue desparramando cada mañana desinfectante ecológico por los pasillos del edificio cuando todos duermen, lo hace, según cree, para garantizar la profilaxis del terreno y también, creo yo, a modo de entretenimiento, eso no está mal, eso la distrae y es justo, ella tiene la manía de la limpieza y de los buenos olores, está claro que ese es su hobby y tampoco hay porque negarlo, como todo lo que uno tiene y no tiene. Compré unas flores en “El Florista” que es una modesta florería que queda de paso y fui a visitarla, la encontré agotada y de muy mal humor, estaba sentada en el cráter del volcan, no vallas a pensar que es esto un modo o una mera forma de decir que estaba de mal humor o a punto de explotar, no, el volcan es un volcancito chino chiquito de cerámica, algo parecido a un jarron como de la altura de un banquito de cocina para chicos que ella tiene de adorno en el jardín porque a pesar de vivir en un piso de departamentos tiene un jardín con tierra y luz natural, el volcancito es lo suficientemente fuerte y cómodo como para que pueda una persona o ella misma sentarse, y cuando se le ocurre lo enchufa y empieza a largar un chorrito de agua por el cráter, es en realidad una fuente en miniatura importada de China como tantas cosas, al principio cuando recién lo vi me pareció que se trataba de un inodoro, después, con lo del chorrito me pareció un bidet de estrecha abertura, pero no, es un volcan-fuente con una estrecha abertura, ¿no decís nada? me dice, porque ella piensa que echo casi todas sus cosas fácilmente a la penumbra del olvido, necesita de mi aprobación, pero realmente son solo algunas cosas de las que me olvido, como por ejemplo de un jarrón o de un bidet o de un inodoro, un volcán, nadie anda tratando de acordarse de esas cosas, después me dijo que el día que se cansase del volcancito le echaría tierra y abono y plantaría en el un abedul enano, ¿un enano? le pregunté pensando en el enano y mordiéndome la lengua no agregué nada. Triste, mas que enojada triste la encontré allí sentada, como si fuese la protagonista de un cuento de soledad y de tristeza que leí hace mucho, y que me viene a la memoria cuando la veo en una posición semejante, como ella sabe que no me gusta verla así, para justificarse me contó que estaba algo cansada porque había estado toda la mañana buscando los elementos, como es aficionada a la química, entonces pensé que se refería a los elementos de la química inorganica, también pensé en la Tabla de Mendelehiev, pero no, se refería a los elementos de trabajo de jardinería que necesita uno para arreglar su jardín y que ella no había logrado conseguir por ninguna parte, yo no puedo ver a la gente triste ni deprimida, ni sentada en un volcán por inofensivo que parezca, así que la tomé de la mano, le hice lavar la cara y salimos. Juntos recorrimos una enorme cantidad de lugares donde se venden todos esos elementos, masetas, abono, bolsitas con tierra, plantitas, palas, picos, rastrillos, tijeras, veneno, escuadra, atlas, mapas, planisferios, pajaritos, compaces para medir el diámetro o el radio o la espera, en fin todas esas cosas que comporatan los elementos de trabajo de una geógrafa impaciente que además de ser cartógrafa se dedica a atender con minuciosa prolijidad las necesidades de su jardín, sino todas, al menos las cosas más primordiales, pero no encontramos nada de nada, no hay caso cuando uno esta mal o de mal humor no hay nada que le venga bien, y ella estaba de pésimo humor y me puso mal a mi, nada venía bien; que esta tierra es demasiado negra que este rastrillo no pincha que la plantilla no es buena, que el pajarito está flaco, que al compaz le falta la espera, que el precio es exagerado, y que se yo cuanta historia mas, cuando no hay nada que te venga bien es mejor dejar de buscar y cambiar de rumbo, eso creo yo, pero Dina es así y en esos casos yo tengo una paciencia infinita porque no me la creo, se que siempre la cosa viene por otro lado que no es el que se dice, no son la jardinería ni sus elementos lo que te tiene mal le digo. Tenes razón, me dice, lo que pasa es que me viene a la mente Mariano pidiéndome que recapacite, que ponga atención a ciertas cosas, lo hace cada vez que estoy por desnudarme, el espera del otro lado del biombo a que llegue justo el momento en que quedo en bombacha y corpiño y empieza a suplicarme primero y después a pedirme a gritos que recapacite que sea prudente, que no pierda el tiempo, que llegue a punto a mi clase de clarinete aunque esté lloviendo a cántaros, que piense mas en mis deberes y menos en distracciones, que no le moje el clarinete, me demanda que porqué cambio de corpiño cada día , ¿a vos te parece que es momento? qué se piensa ese franquista con etiqueta de republicano, que tengo que ser un ejemplo de virtud, que me llamo Teresa de Buenos Aires, que están en mi vida las inasistencias prohibidas y la puntualidad a prueba de lluvia, que funciono a pilas, que aunque diluvie y caigan piedras, por el solo hecho de ser mujer no puedo llegar tarde ni faltar a mi clase? Todo eso se piensa el?...Nooo!, eso si que no Dina le digo, pero decime, ¿entonces fue por eso que me regalaste el biombo? para evitarte de ese modo todos esos malos momentos con Mariano ? no me contestó nada, pero yo estoy seguro que fue por eso que me lo dio, aunque ahora, que importancia puede tener eso ahora, no hace mucho que me lo regaló y lo hizo con tanto cariño! lo se, y es eso lo único que a mi me tiene que importar sin entrar en los por menores de porque ni por quién ni por cuanto, cuando me lo regaló pensé en ponerlo en mi habitación que es demasiado grande, para achicarla un poco, y efectivamente lo instalé en el medio de la cama que también es lo suficientemente grande como para que quepa un biombo en el medio, y de paso de ese modo impedir que Dalí pudiese verme cuando duermo, como todos saben el es un voyerista y me mira todo el tiempo, tampoco es que estémos allí los dos todo el tiempo, solo por la noche, durante el dia lo pliego y lo guardo en el placard que es inmenso, la verdad es que valoro infinitamente el gesto de Dina pero el biombo no me gusta, es demasiado alto y oscuro y después de todo a Dalí lo conocí así y tengo que aceptarlo como es, por otra parte eso solo me molesta cuando estoy enojado con el. Hablar, mientras íbamos con Dina de un lugar al otro, del biombo y de Mariano, le hizo bien pero a mi no tanto, y como finalmente no habíamos logrado comprar nada, decidí unilateralmente empezar todo de nuevo, como si no hubiésemos salido a ninguna parte, así que volvimos al jardín, la volví a tomar de la mano, le hice lavar la cara y volvimos a salir, ya sin temor al que dirán caminamos tomados de la mano, dimos primero una vuelta a la manzana para no alejarnos demasiado de la escena, siempre conviene andar cerca, a medida que pasó el tiempo nos fuimos animando y sin proponernos ni darnos cuenta nos fuimos alejando y llegamos a una ferretería que ni yo ni ella conocíamos, allí ahora sí, compramos una cerca bajita de madera pintada de blanco que a DINA le encantó para remplazar el biombo que le faltaba, dijo que sin nada por medio ella no podría tomar el coraje necesario para enfrentar las súplicas y los gritos de mariano al desnudo, dijo, tengo miedo de mandarlo al demonio como se merece, o de que me empiece a gustar, entonces pensé, lo que Dina necesita en este momento mas que una cerca bajita de madera, es juntar fuerzas para alejarse de Mariano y le ofrecí desinteresadamente blarle de Dadá, nada mas a mi medida me dijo muy entusiasmada porque ella lo conoce bastante, lo mejor que el tiene es que sabe enfrentar y mirar las cosas con optimismo, es un muchacho seguro de si mismo, sincero, claro, transparente como el agua mineral, me dijo y además le gusta el folclore le digo, estoy segura de que lo baila como ningún otro gaucho a la redonda, tuvo que agregar sin saber nada del tema, porque como en alguna oportunidad te dije, a Dada no le gusta ni medio el folclore y si lo baila lo hace solo por mí, y no precisamente como un gaucho, eso del gaucho estuvo de mas, pero lo que realmente me dolió ¿sabés qué fue? fue lo de “como ningun otro” porque estoy seguro de que lo dijo por que ella sabe perfectamente que a mi me encantaría poder bailar folclore y que solo me sale el ballet, se que también lo dijo por Dalí, que nunca bailó nada, no, esas no son cosas que ella deba decir de su amigo, si es que me siente su amigo, tampoco de Dalí, aunque lo de Dalí puede que sea cosa mí, igualmente no dije nada y me callé la boca, pero no fue justo que me hiriera de semejante manera, la conozco y se bien que ella se dio muy bien cuenta de la situación, porque aunque yo no quiera se me nota, cuando me turban se me ponen los cachetes colorados y se me erizan los pelos. Nunca me sentí mas turbado, creeme, ella dice que es solo conmigo y que lo hace sin querer, yo digo que si ella hace esas cosas conmigo es porque queriendo o no queriendo le gusta castigar con la palabra a quien mas la cuida, ella bien sabe que soy yo quien a pesar de todo está siempre allí a su lado, te das cuenta Dora? Lo del gaucho valla y pase pero cómo me va a decir que ”como ningun otro”, eso no se hace, son cosas que me dan mucha bronca y tristeza a la vez, siento que me subestima, que le importa un rábano lo mío, que goza poniendo el dedo en la llaga haciendo hincapié en mis limitaciones, pero no le podía decir nada, en ese momento para mi sobre todas las cosas estaba de por medio el biombo, el gesto de ese regalo y no me atreví a reprocharle nada, tengo muy presente que con ese biombo ella me ha brindado toda absolutamente toda su intimidad, todos sus desnudos, sus encuentros y peleas con Mariano, ese biombo es un compendio de su intimidad mas íntima, y eso no es cualquier cosa, ni es poco, porque en un desnudo también está siempre presente una parte del alma de quien se está desnudando, la parte mas alejada de Dios, el lado satánico del alma, ¿te das cuenta?, mas que un biombo eso es el equivalente fetiche del de peluche de un niño, ella había, sin saberlo, reemplazado el “objeto osito” por “ objeto biombo” y luego me lo pasa a mi, ¿te das cuenta? paso de ese modo a ser depositario absoluto de toda sus fantasías de niñamujeradulta, de toda esa inmensa sensibilidad puesta en juego durante todo este tiempo de convivencia al desnudo con su novio, no Dora, es mucho mas que el hecho de dar, el biombo lleva toda una vida interpuesto mansa, delicada, pasiva, pudorosamente, entre ella y lo demás, entre sus sensaciones mas pulcras e indecentes y el resto del mundo, ¿te das cuenta? y ahora lo tengo yo allí, no, eso no es poca cosa cuando de transferir de amor afecto y amistad se trata, y justamente por todo esto que te cuento es que empecé a dudar en cuanto a si debía dejarlo en la cama compartiendo ahora mi propia intimidad o ponerlo en cualquier otro lugar, lo primero empezó a parecerme al principio inconveniente, luego indiscreto, indecoroso, obsceno, finalmente infantil, así que decidí regalárselo a Dada que si de algo carece es de un biombo y de ese ser obsceno, lascivo, lujurioso, curioso, entrometido, dañino que le desborda a Dalí, con toda su insaciable ansia de meterse en la vida íntima de los otros, y no exagero, efectivamente es así, él es capaz de dejar de lado hasta a la misma computadora, te juro Dora, por pasar el dia entero metido en la cama agazapado detrás del biombo esperando a que alguien llegue a depositarse del otro lado, procurando en todo momento no ser visto, mirá Dorita, te juro que fue imaginarme a ese degenerado allí acurrucado al acecho como un zorro lascivo a la espera de su presa, y empezar a sentir un sudor frio de adrenalia pura invadiéndome todo el cuerpo, taquicárdico, descontrolado, enceguecido pensé solo en correr como un loco desenfrenado hasta mi casa y agarrar a Dali del pescuezo. No pude resistir al impulso y allí mismo sin mas ni mas me despedí de Dina y salí corriendo, una vez en la calle, ante la disyuntiva de cruzar o seguir corriendo sin cruzar, que es algo de nunca acabar ni llegar, presa del miedo, desconsoladamente solo me detuve a recapacitar, pensé en Mariano.

martes, 1 de mayo de 2007

Chau con los siglos dorados



SIGLO SEXTO

Diáfano, como el planeta Venus, no es la palabra justa, aunque no hay palabra justa para contar una sensación. Diáfano y nítido como un bebé de porcelana desnudo puesto a un sol intenso sin calor sin frío sin una brisa siquiera, también estático acrílico hecho para el solo sentido de la vista, todo eso podría decirse de ese lugar, de un lugar como ese. Entramos con Dadá al pequeño restoran de la calle San Juan, un saloncito con apenas 5 mesas para 4 personas y una barra con 6 banquetas desocupadas, así que lleno y todo nunca se suman mas de 26 personas. Cocinan a la vista 3 hermanos delgados y jóvenes, el mayor el menor y el del medio que sonríe, es el único, también la madre que además atiende por teléfono los pedidos sonríe todo el tiempo con la risa y el cuidado de una dama china, es todo tan pero tan limpio y hogareño de hogar limpio al extremo, como en tu casa Dora, que no se sabe si permanecer o salir, elegimos lo primero, era feriado y como dije de un sol inusual en la tierra, diáfano y radiante. Todo lo que te sale a vos me sale después a mi dijo Dadá que hasta ese momento había estado todo el tiempo relojeando al mas grande. Viste? dice, me está saliendo un grano en el ojo en el mismo lugar que te salió a vos la otra vez, lo ves? y me muestra. Al mío? vos lo ves porque vos me ves y te acostumbraste a verlo, pero yo no, además es tan pequeño que aunque me lo mire al espejo, casi no lo vería le digo, en ese instante sentí que todo lo que estaba pasando allí no estaba pasando en realidad, quiero decir concretamente hablando, cuando el dijo “un grano” se me produjo un cortocircuito y sin quedarme del todo afuera, todo aquello me pareció no un, sino en, como en un sueño, igualmente como ya me conozco, no le dí ninguna significación, me pasa frecuentemente y dura una fracción de instante y luego eso es lo queda incorporado a lo real del acontecer, y no es poco porque es ese flash lo que me queda de la cosa y no la cosa en sí misma, en síntesis esto es definitivamente lo que me pasa cuando está pasando algo como quien dice, por demás diáfano, o cuando alguien dice un grano, pero insisto por fortuna no es siempre ni con todo, luego todo sigue su curso normalmente como siempre. Es asi te suena extraño porque ahora no lo digo, lo pienso como si lo estuviese diciendo sin hablar, es como vos decís; como en los sueños, uno de esos que se me repiten con un lugar de fantasía, en este caso con la Provenza, de la que no se nada porque nunca estuve en Francia mas que por internet, como tampoco se nada de los interiores de una casa provenzal, excepto de esta que te digo de San Juan que sí parece pero que estoy seguro que no es, de lo que estoy bien seguro es de que estuvimos allí como te lo estoy contando, claro que Dalí de estos movimientos, no sabe nada, jamás pudo diferenciar un Luis15 de un Provenzal ni un Dada de un Dalí. ¿A ver? mostrame le digo, aunque lo mío no fue cosa de grano lo que yo tuve, fue un orzuelo, un insignificante orzuelito, Dadá que nunca escucha se toca el ojo y mira por encima de mi hombro hacia fuera por una de las dos ventanas chicas que dan a la calle San Juan. En la mesa de al lado tres mujeres grandes hablan en español, en la mesa de atrás otras tres personas que no veo en italiano, no te des vuelta me dice, que acaba de pasar Dalí y puede entrar, bueno lo mismo dá le digo Dadá, es lo mismo que Dalí salga y pase, que se detenga y entre, hay cosas que no se pueden prever, le digo como estamos peleados me da exactamente lo mismo, creo que deberías no preocuparte, distendete así como lo hago yo, después de todo cada uno tiene sus derechos y conoce sus limitaciones, este es un lugar propicio para comer y distenderse, sino dónde, decime dónde Da, ahora yo creo que lo mejor será que pidamos café a la italiana, aunque si lo pienso en función del lugar mejor no, pidamos soda que es cristalina, entonces me dice, a la italiana de atrás? mirá que está acompañada y no le va a gustar ni medio que le pidamos café, mejor a la italiana no, llamemos a la moza para que nos sirva, dice, le digo ¿entonces soda? Aunque podríamos haber pedido el café a la dama china, entendes? dice, claro que entiendo está clarito como el agua, pero ya está mejor pidamos soda a la moza, le digo. No lo podía creer, te juro que no lo podía creer, cómo era eso posible, que Dadá me hubiera leído el pensamiento porque lo de dama china solo es algo que estoy diciendo ahora, entonces solo lo pensé, y en ese momento entré en un estado de intermitencia como tubo de luz que se prende y no se prende, como lo que te conté antes pero duradero, intermitente, entro y salgo, entro y salgo, entro y salgo, por suerte duró muy poco, entonces escucho que me dice que mejor ahora el agua no, que prefiere un té en lugar de soda, le digo que no se dice un te se dice té a secas, a lo sumo se le puede agregar para uno, le pregunto si le da lo mismo que sea te de manzanilla para uno que es mas cristalina, para seguir el hilo de las infusiones y para no volver a la soda, pero no hay caso siempre es igual cada vez que le sugiero algo el elige por lo contrario solo por contrariarme parecería que como Dalí, Dadá también disfrutara de eso, finalmente insiste en querer un té de té bien cargado, pienso que decididamente me está cargando, porque no puede ser que después de todo lo dicho me salga con te cargado, siempre me hace lo mismo… ya te conté, te acordás cuando hace un tiempo le dije que se hiciera de un tiempito y aprendiera a bailar folclore, que es mucho más sano que la salsa?, que me dijo? que no le interesaba, después dijo que si, pero que lo que realmente no le gustaba era la parte del zapateo, se que eso lo agregó sólo por complacerme, yo lo entiendo, pero el folclore no es solo eso, el zapateo es solo una parte, y para animarlo como hago siempre le dije que son muy pocos los que bailan folclore y saben zapatear, la mayoría usa alpargatas y hace un movimiento como de sacudir los piesitos en el mismo lugar y con eso es suficiente, le dije que lo importante es saber mover las manos, tener un buen poncho, un pañuelito de seda y usar alpargatas por lo del zapateo, pero esto es solo un ejemplo de lo que te digo, no hay caso…lo mismo que aquella vez que le recomendé que leyera Los Idolos, y el me dijo que no sabía leer, ¿te acoradas? eso fue otra cargada, no me digas, como me va a decir que no va a saber leer un tipo tan leído, hubiera preferido que me mintiese o que me diga que la obra es pesada cursi y demodé o, no sé algo así, o decirme que sí que en cualquier momentito, como hago yo cada vez que me piden que lea algo que no quiero o no me gusta…lo mismo pasó cuando le dije que se hiciera baños de té fríos en el ojo por el grano, me dijo que calientes, y todo por llevarme la contra. Así y todo, yo lo respeto pero no le dejé hacer los baños calientes hubiera sido un papelón, lo cierto es que no se puede pasar uno contradiciendo al otro en todo y por todo porque es una pesadilla y un castigo saber que cada cosa que se diga va a ser contradecida, vos sabés muy bien que siempre he sido contra de sida aunque me niego, porque no se puede, vivir de cuidado en cuidado ni de castigo en castigo ni de sustitución en sustitución como si fuese esa la causa o el sentido o la constitución de una vida, la sustitución por lo opuesto, se trata de mi vida Dora y me pesa saber que cosa pedida cosa negada… Ya no quedan brotes de soja y no queda porque se exporta todo, dijo la dama esto no es China, está claro?, yo pensé, si se exporta todo entonces probablemente tampoco haya ensaladas para acompañar los 7 platos que esta china nos enumeró hace un rato, y de los que ahora que lo pienso, solo dijo, tengo el 1, el 2, el 3, el 4, el 5, el 6, el 7 pero no dio ningún otro detalle, no dijo ninguna otra cosa mas que el numero, deben ser 7 sorpresas de los chicos dijo Dadá, no, lo que pasa es que estamos por cerrar dijo la dama, justo ahora? le dije, no, ahora no, recién convocamos acreedore dijo la dama con la misma sonrisa pero no se preocupen ustedes por nada, en La Provenzal nadie queda sin comer, no nos gusta tener enemigos por clientes, al rato escucho que el mayor le dice al del medio, papas, pan francés y performance, entonces le digo a la dama en voz alta, señorita yo no veo nada, no, me dice en voz baja, la papa está pero el pan francés llega siempre mas tarde, eso esta bien y lo entiendo por la distancia le digo pero así como no hay pan ni carta que consultar, ni cosas por el estilo seguro que tampoco habrá ensaladas, soy casi vegetariano, no lo crea, todo es cuestión de que se calme, se adapte al medio como nosotros, ponga atención y escuche al chico que es el chef, me dijo, entonces seguramente esta será la regla china, así será la coherencia del lugar, en donde la cocina está inmaculada y los cocineros se mueven a la vista absoluta de todos desnudos, despojados de cualquier prejuicio, de toda cosa a priori, pero rigurosamente planificado dirigido como actores en escenario chino, en el que todo es tan limpio y lumínico que sorprende y deslumbraría hasta a un ciego al punto que llega un momento en que el hambre y la sed cesan por completo, y perdoname Dora que insita con el lugar, pero es que no había allí casi otra cosa mas que eso mismo, no se huele allí olor mas que el propio y ese no se suele oler, te sigo contando? bueno, y la performance? le digo, la performance será dentro de un rato, antes del pan y después de los platos, una vez que los tres hayan terminado con la cocina, porque son ellos, aunque en esta ocasión como ustedes aún no han pedido ningun plato y como tampoco hay apuro ni mucha gente mas que estas 3 mesas con café, tampoco habrá entonces hoy performance, es cierto le digo nadie ha pedido ninguno de los 7, pero y las papas a la provenzal que oí que usted dijo? que pasa con eso?, eso está fuera del menú, es algo interno y no cuenta, me dice. Nos miramos con Dadá y seguimos entusiasmados mirando los arreglos florales con tronquitos y frutos del bosque, las repisas de vidrio con algunas botellas y botellones, el mostrador blanco con tartas, las tortas de crema y de chocolate en la heladera y unos frascos enormes a la vista que parecían no haber sido abiertos nunca, luego nos enteramos que excepto las tortas, tanto los frascos como los quesos y los jamones eran de utilería, lo que explicaba de alguna manera la falta de olor y lo que es peor la falta de compromiso. No hay caso dijo Dadá, los lugares chinos con heladeras que tienen puertas de vidrio, esas que muestran todo, en los que no hay ni un vidrio separando la cocina del salón, nunca me gustaron y si entré aquí fue únicamente por no llevarte la contra porque se que no te gusta. Me gustó eso de darme el gusto, tenés razón le digo, cada cosa en su lugar no siempre es lo mejor para un lugar como este en el que seguramente se come muy bien, y como la cosa se dilataba tanto al punto que parecía ser que la cuestión era la propia espera o el mero durar mirando todo en ese lugar y ninguna otra cosa mas que eso, nos levantamos y nos fuimos a comer a un Burguer Kin que hay en la otra cuadra, como ves de Dalí casi ni hablamos, pero bueno no faltará oportunidad

Chau con los siglos dorados


SIGLO QUINTO

Sufrir por sufrir siempre es mejor que sufrir por algo, así que sin pensarlo dos veces y como un atentado crucé la calle alentado por el dolor y la resignación de lo hablado. Sin dar mas, agotado caminé casi sin fuerzas haciéndome todo el tiempo el distraído, como si nada hubiera pasado, como si no hubiese hablado ni discutido con nadie. Enseguida llegué a casa y entré como soldado dispuesto a matar o morir como quien dice al corazón mismo de la batalla, pero Dalí no estaba. Ni te imaginás, no te puedo contar todo lo que se me cruzó por la cabeza…bueno Dora no doy más te mando un besito, aunque quien sabe si te llega me dijo mama que no estabas. Ahora voy a ver si como algo y me acuesto, tanta vuelta a la manzana me agota, pienso dormir el siglo entero. Ajjhh!!...no temas, estoy exagerando…

domingo, 22 de abril de 2007

INSTRUCCIONES IMPRECISAS ACERCA DE COMO MARCHAR POR PLANOS QUEBRADOS




Por planos quebrados es la forma que queda, de mover el cuerpo y la palabra, después de un terremoto o un bombardeo.

En líneas generales es recomendable moverse con el máximo de cuidado, el mismo de quien juega a la rayuela, pero sin dar saltos, lo que es muy difícil. O como quien cruza las quebradas de un cerro con zapatos duros de suela nueva. Muchísimo cuidado es la condición para no caer ni pisar la raya. Procurar, aunque cueste, hacerlo como jugando porque es indispensable en semejante transe, estar bien de ganas, tanto como usar focalizado el pensamiento para no desesperar…ante el miedo que dan las grietas, las afiladas grietas que siempre quedan entre quiebre y quiebre de cada plano quebrado, sea por terremoto o bombardeo.
A toda costa evitar el pánico frente a la profundidad de un abismo insondable, esos que siempre quedan después y que se tragan los cuerpos desprevenidos o los que son presa del pánico.

En el caso de quiebre por bombardeo, moverse despojado del cuerpo, (si la bomba desmiembra el tronco) con solo palabras por los planos quebrados. Es siempre algo muy engorroso porque no está el cuerpo y está siempre latente aquello de que a las palabras se las lleva el viento o que se pierden en lo sublime, entonces a tiempo habrá que atraparlas dando saltos con el propio peso de esas palabras que yacen restantes sobre los planos y que necesariamente comprometen al resto del cuerpo bajo el mismo plano quebrado, palabras que si no son tomadas inmediatamente, a medida que pasa el tiempo van siendo cada vez mas, gemido y lamento.
Si el cuerpo, a pesar de todo aún acompaña como sea , entonces para no perder el equilibrio hay que andar con los brazos extendidos y las manos abiertas, hacia arriba y los lados, como lo hacen los chicos para capturar mariposas o alcanzar los chiches de una piñata en el aire. En este caso es por el peso de la palabra en su propio cuerpo (un libro, un texto, un volante, la voz de un altavoz, una carta, o un manifiesto, que son cuerpos todos de peso propio) lo que hace riesgoso el movimiento por sobre los planos quebrados.

Una palabra clave ejerciendo presión sostenida sobre el inicio de un resto cualquiera de plano que ha sido quebrado por la acción calculada de una bomba o cualquier otro golpe antinatural con el poder de quiebre, impide la posibilidad de que algún respon- sable pueda decir “fue la fatalidad, o había que hacerlo”, como jugando para pasar inadvertido por los planos quebrados.
Para un quiebre por bomba es necesaria inmediatamente, la palabra en todo su peso justo en el filo restante de un borde humeante, mejor dicho, en el borde filoso del principio quebrado. Allí, evitando por todo medio posible que a ella se la lleve el viento o se la distraiga o se la entretenga archivándola en bastidores como a colección de mariposas con un resto de esa vida sublime de lento aleteo clavado, silencioso.
Bomba y Bombardeo también son palabras que tienen su peso, y que pesan tanto como la palabra Canalla -la de la mala gente-. Llevan en sí el peso de la oscura intención. Una oscura intención es un grupo de palabras de puro engaño, manifestadas, dichas o no dichas, con el oscuro y desdichado propósito de dañar, de infamar, destruir, ocupar, usurpar y todas esas cosas que terminan arrastrando todo por los incontables planos quebrados que crean. Arrastran a la buena gente a su propio quiebre. Una oscura intención es un grupo de palabras que pesan, que no tiene vuelo y que no se lleva el viento y que pueden terminar con todo el bien. (Hay que abortarla). La oscura intención no tiene reparo para andar sobre planos quebrados sino que anda para quebrarlos y los quiebra y está solo para eso, es del mismo calibre que la bomba, el tiro o el puñal y al carecer, como se carece desde siempre, de la verdad inmediata que desmienta para combatirla, entonces es necesaria cierta genuina marcha por planos, calculada, inteligente, sostenida para mover y moverse por los planos quebrados como jugando, sin llamar la atención, en principio. (Hay que hacerlo)

Me voy dando cuenta ahora, que se trata del peso de la intención como primera causa de quiebre, luego podrá haber; un discurso, la guerra, la ocupación, una calumnia, por ejemplo.
Voy entendiendo al mismo tiempo que pienso y distraigo. Avanzo por el plano de las mismas palabras de quiebre que sirven para una cosa tanto como para la otra, soliendo confundir la idea dejándome pasar de un plano al otro, de una postura a la otra, de una ideología a otra, con riesgosa facilidad. Hay que decir lo que hay que decir, así y todo con las mismas únicas palabras, que en su total no dejan de conjugar solo un puñado de signos. En la confusión suele esconderse un abismo.
Avanzar con la palabra cauteloso, como jugando pero sin jugar como se dijo alguna vez hace rato. Es que no hay caso, si se intenta evitarlas por no enfrentarse a un abismo de confusión, sobrevienen enseguida otros signos incomprensibles como en las pesadillas, y es un caos que solo lleva a mas quiebres. No hay caso, se carece de otra cosa, mas que las mismas palabras. Son las únicas
Entonces se podría pensar que mejor, para evitar frustraciones, mas valdría no decir nada, y no hacerlo por miedo o por no confundir mas o por quién sabe qué cosa pueda pasarnos a causa de la infamia, hasta con la vida misma. Y eso estaría bien si no se tratase con ello tan solo de sumar una frustración aún peor que todas, porque es y no es la palabra de la mala gente lo que mas quiebra y daña, sino el espantoso silencio del miedo que generalmente acompaña a la buena. Hay que decir y poder frustrar sin dejarse quebrar por el peso de la amenaza (de un secuestro, entre otras cosas, por decir una mas, siempre tan cercano)
Un camino posible sería empezar diciendo tranquilamente que “había una vez”…y si no se sabe qué hubo una vez, porque no es género fácil el cuento, entonces tener la precaución de acudir al decir ya dicho de algún otro cuento, eso sí, siempre como jugando o como en chiste, con la misma disposición de, cómo quien no quiere la cosa, o con esa actitud distraída del chico que vuelve de la escuela a su casa saltando baldosas de a dos o de a tres, con la bolsita de útiles en la mano. Decir lo que había o lo que se vio una vez como volviendo, saltando y contando pares de baldosas. Sabiendo que se está andando siempre sobre los planos donde solo existen quiebres, de principios y de estructura, y que solo se cuenta con quebrados semáforos como única señal de alerta por sobre esos segmentados planos.

Cuando se trata, no de movimiento sobre planos quebrados por terror, sino por los quebrados planos que deja un temblor o un terremoto, cosa que siempre se sabe porque en ese caso los pájaros igualmente cantan. Entonces es probable que no sea fácil ni necesario disimular y hacerlo como jugando, como volviendo a casa del colegio con la bolsita en la mano, o como volviendo de buscar el pan, así, saltando baldosas o rameando rejas con una varita. Aunque igualmente canten los pájaros y el miedo y el terror no sean los testigos constantes de día y de noche, no es fácil ni necesario hacerlo como jugando. Entonces se puede contar con el cuento.
Había una vez se dice. Dice alguien y cuando dice alguien había una vez todos saben de qué se trata, entonces cesan por magia los planos del llanto, y como chico se dispone el alma a esperar para saber qué sigue, esa fábula de lo que hubo, que solo dura mientras dura el había una vez. Es una maravilla de las pocas que siempre hubo en el mundo del decir, maravilla porque funciona aunque sea breve, tanto en el desierto como en cualquier plano quebrado naturalmente. Basta con el, “había una vez “ para producir un alto al quiebre del llanto o del dolor en el alma o en la carne herida por el desastre de una cosa u otra de la naturaleza -siempre y cuando no sea la humana-

Había una vez …
Solo hay que bajar los brazos, sentarse sobre el piso o ponerse en cuclillas o recostarse boca arriba con las manos cruzadas bajo la nuca, mirando arriba donde revolotean las palabras del había una vez que apenas se lleva el viento, y que por eso nunca llegan muy lejos, siempre alguien las encuentra y las toma. Había una vez es casi siempre la historia de una vida (Una Vida de Héroe), o es la historia de una vida cifrada en un hecho breve o una anécdota, a lo sumo dos, quizás tres, pero no mas, no mucho más (La Vida Breve). ¿Estaré hablando ahora de heroicidad y brevedad de una vida por planos y quiebres de pentagrama, con el solo fin de figurar?
Nunca se sabe, pero teniendo en cuenta que por planos quebrados, es por donde puede el sujeto seguir, ante una causa o la otra, de un modo o de otro, se debe continuar hablando de los principios quebrados de esos planos y las consecuencias y no de terremoto o tornado que al final siempre cesan y al cabo otro orden natural se restablece.
Los principios quebrados que obligan a moverse en disimulo y con cautela por los planos quebrados, están todos debidamente pautados, justificados y oficializados. Son asuntos de estado. No hay retorno ni hay cosas de ello, que no se sepa. Eso junto a todo lo demás, es demasiado.
No hay que confundirse, los planos quebrados de un terremoto, un sunami, un tornado o cosa por el estilo son igualmente engorrosos, y terribles pera transitar, por la fragilidad de los cuerpos y lo angustioso de los agudos o ahogados gemidos que tanto pesan sobre los planos del dolor y que obligan también a cuidar, no el peso de las palabras que en ese caso casi no cuentan. La forma de andar por allí es con las ganas a cuestas, y si se puede como jugando a la saltar baldosas, como ya se dijo, aunque según creo se dijo también otra cosa, que ahora me confunde a causa de la volatilidad de la idea frente a la precariedad del contar en quiebre, siempre con las mismas palabras. En todo caso cada uno sabrá como hacer lo suyo, no hay que olvidar que básicamente estoy hablando lo que pienso, es mas estoy solo pensando. No se escribir

Es preciso todavía decir, y seguir diciendo que los quiebres de planos producidos por principios quebrados oficialmente, explícitamente justificados son en verdad los del terror y del temer. Hay que empezar hablando con todo el peso del cuerpo o de su foto, además del peso de la palabra, para que no se la lleve el viento, para que quede abrochada al oido del otro, y ya no cese. De ese modo sigue sonando, como piquete por puente, o de posta por plano quebrado. Si cae uno sigue el otro.
Deconstrucción, podría ser la palabra mas cercana a la idea
Pisar golpeando duramente con los talones sobre esos planos quebrados, te acordás del marchar del colimba? (No hay que asustarse, yo la hice)
Saltar con botín de acero sobre todo plano quebrado. Es preciso que cuerpo y palabra, tenga un solo cuerpo, una sola masa, que quiebre ya todo, aún lo quebrado, es necesario quebrarlo todo, deshacerlo todo, hacer polvo todo sin tener miedo al ahogo.

Ahora acostate boca arriba sobre el plano que quieras, estirá las piernas, cruzá los pies y estate muy atento, porque ahora te voy a decir lo que ví una vez:
Había una vez, lo estoy viendo; un chico que vuelve del colegio a su casa trayendo una bolsita con pan recién horneado en la mano, salteando distraídamente baldosas, pareciera que distraídamente. Cuando llega a la casa su papa toma el pan, le alcanza una maza al niño, pareciera que no es de juguete y lo sienta sobre un adoquín encima de un monton de escombros y lo pone a picar cascote. Tenés que picar todo este montón de cascotes antes de que anochezca, (el chico oye, palabras) después con todo eso haremos el contrapiso del patio para que puedas salir a jugar cuando seas mas grande, dice el padre. El niño escucha en silencio y se pone a picar la piedra. No hay palabras que agregar a las del padre, tampoco hay viento que se las lleve, y el niño sentado sobre el adoquí encima de todo ese escombro solo oye el Toc! Toc! Toc! seco y sin eco de la maza sobra la piedra
Había una vez… piensa el chico, y se dice mientras golpea la piedra y mira como crece la montaña de palabra picada, dice, no se puede estar solo andando o jugando sobre los planos quebrados todo el tiempo, es imprescindible ese patio, es necesario terminar de romper todo esto hoy, para hacer después el contrapiso



domingo, 15 de abril de 2007

Chau con los siglos dorados


SIGLO CUARTO

Se que mamá no cambia mas, pero qué le voy a hacer. Una vez, de la bronca que tenía le pegué con pegamento instantáneo el tubo al aparato y cuando fue a hablar no pudo despegarlo, me persiguió con un zapato por toda la casa hasta que me perdí de su vista, terminé escondido toda la noche adentro de un placar, al día siguiente ella se despertó riendo del asunto como si nada hubiese pasado, y mientras tanto yo qué? Sos un niño tremendo, me dijo al tiempo que me llenaba la cara de besos y me ayudaba a salir del placar, ¿a vos te parece? yo, solo,
un niño? Ahora eso no importa ni se porqué me vino a la memoria, ah, si, lo se, por lo que te decía de Dalí, entonces por no ir a casa y volver a lo mismo, ahí nomás con lo que me ahorré de la oferta del super entré al locutorio y marqué el numero de mamá, me atendió con un hola dormido recostada entre almohadones sobre su enorme cama, lo sé por el ¡holaaa! que según que la o sea mas larga que la a o viceversa, se cómo y de qué forma puede estar. Le conté todo lo que me había pasado que es lo que te digo, ni mas ni menos todo, punto por punto, y le pregunté que pensaba y ella me dijo que no me preocupara que no era para tanto, que no lo tomara tan a pecho, pero que ella necesitaba en ese momento seguir durmiendo porque estaba muy cansada del viaje ¿qué viaje? le pregunté y me contó que había ido con unos amigos a la costa a escuchar al mar (yo se que a ella no le gusta meterse, entonces lo escucha) y que desafortunadamente solo había estado escuchando todo el tiempo a sus amigos, que yo conozco y se como son, se meten en todo y no paran de hablar de todo, de la casa, la comida, la mujer, el marido y todas esas cosas. No le pregunté nada mas del asunto ni por nadie en particular porque detesto a toda esa gente que no la deja escuchar tranquila el mar, y todo por no hacer otra cosa mas que hablar de comidas, de chismes, de todas esas cosas que te dije, son insufribles, pobre mamá. Le dije mirá mama no te preocupes por lo que te conté que al lado de lo tuyo es un poroto, vos ahora colgá y descansá en paz, tenés que reponerte de tu viaje de descanso, yo sé, le digo dormí que después te llamo, Ah! me dice muy tranquila más segura de ella misma, porque eso sí si algo tengo que envidiarle es su seguridad, su convicción en todo lo que dice, me dice; por lo de Dalí no te preocupes, salí distraéte, desenojote porque el te quiere, no temas, lo de los bultos son ataques de curiosidad que le dan a cualquiera en esas circunstancias, a mi me pasa cuando estoy indecisa, seguro que vos igual que yo estabas indeciso cuando fuiste a comprar el detergente, de chico te pasaba lo mismo yo te mandaba a buscar una cosa y volvías sin nada, y eso era al final o al otro día motivo de risa, no conviene tomar las cosas a la tremenda. Ella hablaba y yo pensaba en lo diferente que suelen ser los mismos hecho para una y para otro, el mismo hecho, qué diferente….No, le digo, esta vez no fue así, justamente yo estaba segurísimo de que quería llevar la oferta del limpiador, muy seguro, mas seguro que nunca, bueno bueno dice, entonces seguramente debe haber sido otra cosa, quizá deberías procurar ser mas sociable, en eso no salís a mi, igualmente, sea lo que sea, seguro que no debe ser para tanto, dijo. Cómo que sea lo que sea, le digo, sí, todo es según como lo mires, me dice, ya ves yo a mi edad, me veo regia, sí vos te verás muy regia le dije, pero yo estoy acá y cuando cuelgue, seguiré dando vueltas a la manzana sin animarme a cruzar ni a nada, vos no sabés lo que es el miedo. Entonces seguro que a lo que le tenés miedo es a la reacción de tu novio me dijo, pero no temas, si es la misma de siempre que te desconoce por un tiempito y listo, entonces no es para tanto, mañana es otro día. Efectivamente, mañana era otro día mas en que ni yo ni el trabajábamos, no, mirá mamá mañana va a ser lo mismo, solo que entonces no te llamaré, se que con vos no cuento, llamaré a Dora. Cuento no, nunca dije que fueran cuentos tus cosas, me dijo, ahora que si te hace bien hablar con Dora, llamala pero dudo de que esté. Los hombres son todos iguales, sino fijate vos el mío, me dice…Pero qué me estás diciendo le dije, yo no pienso fijarme en ningun otro y menos en el tuyo que es como yo, y le corté. Pensé en de qué modo, y hasta que punto todo absolutamente todo son cosas de la historia y nada mas que de la historia, después me arrepentí de haberle cortado porque ella quiere lo mejor para mí y lo que pasa es que no puede verme sufrir sin dejar de decir algo que me haga sufrir, y es verdad, siempre algo es mejor que nada, por suerte madre hay una sola.
esta historia que no lo es tanto, continuará

sábado, 17 de marzo de 2007

In Memoria












IN MEMORIA


Benditos rondan vientos
Unos de mar
otros de vino
Por playas vacantes (a penas un poco)
Rozan la arena

un tercero es tercera
De mazapán
es estrella Dorada
y es ada
blanca en la blusa lleva
arlequines en danza

se pasan la mar
por balde de niño
Azul...
Vestida de azul
Va la risa
por techos trepada
la tarde no es otra
Rota la copa,
Rueda la espina
De ella yo sorbo
un vino que es mancha en mantel blanco
seca morada

Se habrán ido
cuando cese el linaje
Luego
Todo calla y prosigue

¡Ronden benditos!
mis sueños
el sitio está ya listo
pleno
de amarras
de noche
el cielo es el mismo en el patio
el aromo, el cansancio
la risa de siempre
la ventisca, ese humo…
La marea en la arena
ya no borra la huella

Schh!! Silencio!
que a la mesa ya llegan.
Mis muertos amados
Ronden benditos mi sitio
que solo,
y por puro querer
hace rato que bebo sin prisa
un tibio vino salado

jueves, 8 de marzo de 2007

Planos Quebrados


recordatorio del siniestro 11 de marzo del 2004 en españa, (madre patria sin teta) y de la interminable lista de onces que se repiten y se repiten y se repiten (ante la resignificación arrogante de la Amemoria) cotidianamente en todas partes, en cualquier lugar. por acá desde hace 500 años no ha dejado de repetirse un solo día, no lo creés? solo salí a la calle y caminá hasta no dar mas y vas a ver como se repite y se repite y se repite día y noche frente a la mirada gastada de todos. también la mía
__Lamía qué? Che, vos estás muy mal

España, marzo 2004, de allá, también de acá y de mucho más allá… (match a incontables rounes)
Ojo! que esto sigue…

PRIMER ROUND

Rooosaaaa!
de lejos
grita la voz
vos y después nada
nada que te nado
solo, por llegar alguna orilla
la orilla del tren todo
largo monton de fierros rozando todo;
lo vivo
lo muero
lo mismo
Ayyy!
de los gritos mordiendo los rieles, murientes aún, amontonados aún arrollados
luego rechina el único diente de pico, de pala
¡guerra al terrorismo!
¡terrorismo a la guerra!
¡ayyy… granada!
ya nada es lo mismo
¿dónde quedó lo poco que queda?
gemidos apenas, llantos apenas, luego silencio
¡silencio! digo
¡que no es final de teatro!
la muerte
a mi no me pasó, dicen
¿qué? que no entiendo
porque no tiene final
y todo se vuelve a hundir
todo
sigue….

Ahora yo te cuento, es en clave este cuento;

fue del asno la gesta
de tanto aznar por andar, de tanto rebuznar y callar
“La guerra, tu sabes”

el verbo ahora no cuenta
se buscan los diablos del ismo
¡terroristas!
dicen los medios
en medio una partida
marcha a oriente
y
Rosa, partida, no sabe porqué

__ ¡Ma perqué, filia mía¡ ... !mirá que te dije!

Subió Rosa al tren recién bañada
lavado el pelo suelto, tiene
pintado el cachete
puro olor a gallega limpia
blanca la blusa,
__ Porque sí, mamá mía ... !y yo que sabía!
Quiso subir y subió
No hay mucho que hacer ni decir en cuestion de quereres
¡ qué le vas a ser!
le gusta pasearse.
Pronto será un solo grito…
muerden los rieles
dura, muy dura
muy poco dura
basta un instante para estallar un tren lleno

lechos de guerra llenan los muertos
de inocencia repleta a montones
vagones enteros por deshechos
dia y noche, van y vienen
¿bomba o granada?
granada y bomba van juntas
a doler y a seguir
el odio y la muerte un mismo horror

hay que ser asno para no saber de que se trata
de un lado y del otro (siempre hay dos)
nunca tarda en llegar el auxilio póstumo
En 4 x 4 de cruces rojas cruzan la raya
llevando todo, limpiando todo a manguerazos
chorros a la sangre
de lavandina
por el sida y tantas otras calamidadaes
¡ menos mal ¡

“Buscad día y noche por doquier a los culpables”
Dice el rey
que aún los hayyy ¡¡
dice la reina
¡justicia!
clama el fiscal
condenadlos 1000 años
clama el aznar
qué pena de muerte, que lamentable el morir

¡San Salvador del Milagro, que tranquilidad¡
Por acá a 500 años
atrás
¡que prosperidad Las Indias¡
También entonces, solo por aznar, mandaron terrorismo a partir tierras
partidas, viejas partidas en juego siempre tienen dos partes
de un lado el ismo del otro esta siempre,
también otro terror
es burro, ese verbo hecho carne
aznar en comitiva imperial
¡que no escape!, atadle una pata al riel
hoy por hoy son muchos los Ismos que mandan
gente a matar

Che, decime ¿an nau wat?
no se escuchan ya campanas
ni sirena ni crujires
ni de mangueras los chorros
ahora a todos estos años
(como entonces)
Diplomacia de voceros cayados aplanan silenciosos el plano quebrado
aplanadoras
lavadoras, blancas, modernas, vistosas aplanadoras
quitan de cada mancha la marca abundante que no sale y dilata,
delata
agua de lavandina a chorros por el tema del sida
(según dicen parece que hay putos metidos)
¡!forros!!
por foros acuden trajeados
puros forros…



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SEGUNDO ROUND

(de lo mismo, otra vez todo lo mismo)


Rosaaa!!!...
Gritó una voz,
voces de una sola voz y después nada que te nada para llegar tan solo a la orilla
la única orilla con puertas trabadas de tren
cuando se traba todo, hasta las trabas se traban definitivamente de por muerte como quien dice y no podés pasar, después te dicen quien fue el culpable y listo, eso el mismo día total culpables siempre
hayyy !
a montones
los fierros vuelven a rozarlo todo
Cunde el pánico
el mismo
en la guerra
cuando estallan
granadas y metrallas que no paran
de hacer agujero
cunde en cualquier momento y luego
se hunde todo
igualmente pasó
en Granada
terminó hace mucho, parece que fue duro
el último reducto que así y todo dejó moreno
por todo lado y está muy bien
también entonces los que no se fueron murieron
la memoria
es algo malo y odioso cuando te acordás como te matan, porque claro cuando se muere se muere y listo
¡muera la guerra!
y la gente muere
indefensa
por todos lados hay muerto a cagarse
de miedo porque no de frío
luego empiezan el graznido, el aullido chillón como roce de rieles, de carrones socarrones carroneros
desmedidos implacables


Fue del azno la gesta
y aznar es el verbo
esto pronto se olvida cuando solo
se buscan culpables
dice el manifiesto
la manifestación dice otra cosa
no se escucha, es claro
y no se escucha
de no haber sido por ese animal-ismo...
tampoco faltan pavos en la escena
despliegue de apariencias
reales en compromiso
galardonados con cucardas
mandatarios por sufragio oscuro
relucientes brillantes
cuchara como cucharita trabajada a mano
cucarda de cucarachitas color caoba y dorado brillante
gran corbata en seda cruda
no de moro ni de cerro digo de morbo de gusano
pavos morbosos, (son)
allì se los ve, lo ves?
sacan su pañuelito como para bailecito, saludan desde la escala al boing y a partir sin terruño ni terror
al norte rumbo fijo a llenar
de palabras
multicolores de luz blanca artificial
púas erguidas
¡hasta la muerte! saludan,
hasta que llegan, la muerte por fin llega
¡saluti amichi de norte fino!
dice el tano de otro lado
copa en alto sur presente
auspicia la cabalgata deportiva vino Norton
y llegan
siempre llegan bien
junto a inmaculadas mujeres fieles compañeras virgencitas todas ellas del alma que portan apellido y todo del otro
por el otro ¡cuanta felicidad, ¡deo gratias! don orione
¡divino estado de las cosas de estado!
ma divo caro ¡que beleza!
todo parece bello
hasta un segundo antes del crujir de rieles
allí no viajan, vos viste
ni el azno ni el pavo del morbo
tampoco dios viaja ni el papa
está en boca de todos
pero allí no viajan
no en tren
dicen que no se meten con nadie, (látima)
es de todos
a los animalitos los defiende la fundación felices los animales,
al planeta, green pece,
a los hombrecitos y mujercitas de cada día el seguro de la tele
escuchá
Rosa rosa que te rozo rosa
Modosa la rosa se deja por osa
Soy divo, mimosa
y a otra cosa mariposa...
y sigue
¿así es la canción de Sandro?
me parece que no que
a la gayegada le gusta Raphael y los toros
hasta hace un tiempo también el azno
no digo burro ni mula que eso es de aquí de la quebrada
vos sabés de burro
andá, encontralos en el cerro
son mansitos
parecen
pavo de cerro
hay que ser coya para verlo
no hay que temer
la burrada, la pavada y la coyada
eso es otra cosa
es cosa de acá
porque hay cosa de acá y cosa de allá
cada lugar tiene sus cosas
y cada cual con lo propio
viste? la propiedad

rosada, la Rosa subió al tren recién bañada
lavada su cabecita
con ceramidas olor de gallega limpia
no a sangre
quiso comprar mas champú,
cuestión de ofertas y qué va ser
le gusta viajar en tren
Los gritos de rieles retorcidos duran poco
instantes nada mas,
en cambio los de guerra que son también
de dolor de muerte olor a sangre
esos son incesantes
día y noche
día y noche
dale que te dale
la bomba y la granada
la granada y la bomba
a doler y a fabricar
odio y muerte
Cuando te atacan, pero mal, en la calle de tu casa
¿sabés? eso está muy mal
y si no podés reclamar ni fabricar otra guerra
no debería
entonces se fabrica odio y mas odio por venganza
que le vas a ser
es así
hay que ser asno para no saber eso
después como si nada llegan las 4por4 de la Cruz Roja
a reparar todo menos mal
mas tarde una buena manguereada a la vereda
y a buscar de noche
culpables, condenarlos a 400 años como si eso fuera posible y ya está
ya está qué cosa de qué, pero si hasta un burro de la quebrada se da cuenta que no es así la cosa


todo se olvida,
pero que memoria de mierda la del amo
amos no son amores
amor es quien te cuida
después decís, me cuida que es un amor
pero bueno vos ves, pasa
que entre tanto fierro retorcido siempre algún hijo de puta también muere
eso no es consuelo
sabés quien murió? murió sultano
ese tano de mierda que si te cuento te amargo
lástima el gato que lo llevaba siempre con el y la jaulita que era un Chiche
alguien dice
de primera dama ya hablé
también
de la doña Juana redondita compacta durita como toda madre patria
blanca fibrosa que ya fue
esa pobreza aquí hoy no cuenta, no es cosa de patria ni de madrepatria

Hola, lola, ahora estoy hablando con
Rosa me escuchás?
lo siento, número equivocado, toda interrupción es válida
una invasión no

ya hemos hablado de cortezanos, de barcos invadiendo todo que bien sabemos
todos sabemos bien, digo de los indios, de los negros y esas cosas
decí que la indiada no es turcada
que no le gusta andar jodiendo con bomba
solo con cuete en Candelaria
es otra cosa
todo siempre es otra cosa
por eso,
Rosa de grandes lolas
Lola Floreada
Lola Mora en costanera soleada
Rosa casada
y esas cosas
pero antes...
entonces antes
fijate bien lo que hacés,
del malhechor son los malos hechos
hablo ahora de azno
que tanto y tanto sabe
que es muy bien educado
que a veces se hace el tonto
que da clase al empresario
malhechor el doctorado
se sabe que dicta al norte en fino inglish
cortito, chiquitito como buch-ecito
¿dije buch?
no importa es casi lo mismo
petit de la frans de la Legión
haló le legioner ?
otra vez lo mismo, se ligó
pero qué digo
debe ser un error

recreo, ahora ya se puede hablar
el que muere muere,
al culpable se lo busca y se lo encuentra
¿eso es todo?
Si del azno es la gesta y aznar es el verbo
buscado
entonces hay algo que hacer


pobre Rosa, ella no sabe, y por hablar me dice
ustedes no tienen rieles
qué suerte que tienen
pero eso no es cierto, le digo
y dale que sí me dice
en las quebradas no hay rieles ni trenes
había rieles Rosa pero siempre algo cae y cayó y algo sigue cayendo
allí tenemos burritos que trepan que cargan cosas y coyas
no dicen nada
no se meten con extraños
no quieren que los molesten
ni que se metan adentro
son sus lugares
ya se, cada uno con lo propio, dice Rosa
claro Rosa,
qué clara que es Rosa,
pero no es lo mismo, me dice, decir rieles que restos
vos lo ves
pobre la Rosa fogosa
asimétrica
porque quedó renga
ahora es Rosa la renga que ya no ríe ni va la ría
la renga rosa me dice como te digo, sabés?
me mudo a vellaneda
Bellavista querrás decir
No, digo Avellaneda
tiene trenes mas seguros
bueno, si le digo...
no creas, es cierto
vos decís los de Roca por Avellaneda
también hay vejestorio con dormitorio
y de a pedazos a la costa
pero, mirá Rosa que eso no es tren
la ha sido si
que decir tren, eso es de allá
y hablando de esos que han sido aproveché y le leí
“Roce de Rieles” para que sepas
le digo
pero cómo te acordás de todo
me dice Rosa
sos un rencoroso prefiero ser una renga, milanesa partida al medio y no una rencorosa
mesa por media, querrás decir
pero si soy renga como voy a usar media
no me la ves que es de palo ? dice
sos un rencoroso poco mimoso
y es cierto, eso es cierto porque somos hijos de los de a Palos
que ocupan y nunca se van
no hay final
uno queda jodido sea indio o cosa por el estilo como moro
por ejemplo
está todo bien le digo no queda nada
¿nada? me dice,
bueno
tenemos la Quebrada y algún quiebre que otro
no es solo cuestión de tango, yo te cuento

fue hace mucho
en la Quebrada un quiebre
coya burro y soldado quiebran al cortezano
pero digo, cuánto muerto todo el tiempo
quién se acuerda,
decí que somos mansos que si-no
yo me acuerdo
¡cuánto muerto pero cuánto!
no temas, eso si
no hay rencor ni sinfonía especial de festejo
solo alguna que otra bandita
de colores, bandidos traviesos
del cerro los colores
si lo vieras Rosa
como arman banda
sinforosas bandas de sikus
de coyas llenos de cayos
coya con cayo y siku en la boca
por ciento en La Boca
allí lo ves
tendrías que verlo
juntos
tocando y caminando todo,
¡es tan grande!
pero bueno rosa del alma, rosa de cerca
Rosa, La Renga
en banda
qué le vas a hacer
cada uno tiene lo suyo por suerte rosa del alma
rosa del tallo, rosa la espina
santa rosa de lima
son tantas las rosas de una ramo
está la rosa de Sandro que tanto te quiere
¿no ves cómo te canta?
vos ves aquí queremos a todos hasta a Serrat que también canta
con el tiempo a favor
vas a ver
cómo volvés a caminar de bien
ahora que eso del tren,
eso Rosa es otra cosa
vos verás puede volver
todo pasa y no se olvida


Yo no entiendo
es lo último
alguien ahora dice que si el verbo es aznar
y terror es el ismo
entonces no es cuestión del verbo
yo pienso
pánico, terror sí son adjetivos del verbo
culpable es cualquiera
está claro que ese verbo dió terror
y que el ismo da siempre cualquier cosa,
hay tanto pero tanto ismo,
no,
no es cosa del ismo
lo que pasa es otra cosa
vos viste, no hay durmiente
que esté quieto
ni que duerma
salta
siempre
y ahora
qué sigue ?...

Teatro






T E A T R O....






todo del teatro que siempre me picó

prologo
Madres Fundamentales, es una novela teatral, cuya dramaturgia introduce, a la cotidianeidad familiar que conforma la sociedad argentina, a partir de la segunda mitad del Siglo XX, mostrando su transmutación en el transcurrir del tiempo.
Es un franco y sentido homenaje a la mujer, a su fecundidad, (que no solo se traduce en el hijo) a su capacidad de lucha, de resistencia, de amor, de trabajo, que el autor sitúa en su ciudad natal, Buenos Aires, pero que bien podría situarse en cualquiera de nuestras dolorosamente manoseadas, Ciudades de Latinoamérica
Las palabras insertas en cada uno de los actos de esta obra transmiten un mensaje, una enseñanza, una denuncia y mucha verdad.....
En esta obra se realza el rol de las Madres de generaciones pasadas, quienes engendraron el devenir de la Madre actual en un proceso que comienza, el primer día de vida y solo termina con la muerte.
Rompe con los modelos sociales preestablecidos que fomentan la individualidad, la fragmentación, el aislamiento y el despedazamiento familiar.
Es un desafío a la libertad, a la sensibilidad, a la inteligencia y a la solidaridad activa.
Recrea en sus rasgos esenciales el habla coloquial, las modalidades propias de sectores sociales o grupos generacionales.
A través del lenguaje empleado en el cierre de la obra, se refleja la dicción que acompaña a los jóvenes hoy, y que a los adultos resulta difícil comprender….
Recordemos la expresión de Roberto Fontanarrosa, en el Congreso de Lengua del año 2004 “¿Porqué algunas palabras son malas palabras? ¿Le pegan a las otras palabras? ¿Son de mala calidad y cuando uno las pronuncia se deterioran? ¿Quién las define como malas palabras?"...........
Esta obra muestra estructuras instaladas en nuestra sociedad, desplegadas por sistemas políticos, que determinan comportamientos sociales e inhiben la actitud crítica, participativa y transformadora.
La Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires la declaro de interés provincial, en el 2008.
Profesora. Mirta Martinez (Ministerio de educación buenos aires)
Periodista. Lic. Mariano Serraino (Poder legislativo de la provincia)



PROLOGO de “MADRES FUNDAMENTALES”
En la historia de la humanidad las obras de teatro siempre han dejado para las siguientes generaciones contenidos que revelan y clarifican los acontecimientos políticos y sociales que rodeaban la vida cotidiana de los seres humanos de cada una de las épocas. El mérito de esta obra de Horacio Padellaro es que a través de simples y cotidianos núcleos familiares va revelando, tanto para el lector de la obra y, cuando esté plasmada en el escenario a los espectadores que la contemplan; van revelando como dije, los sufrimientos, las angustias, el peso del pasado y la incertidumbre del futuro, a través de ese presente al que el público asiste en el momento de la función.
En esta obra vemos que el teatro cumple nuevamente su función histórica, tal vez no modificando sociedades pero si, por suerte, modificando conciencias y ofreciendo miradas distintas sobre las realidades que se vivían en la época donde está puesta la acción de la obra.
Bienvenida sea esta obra de teatro sumando a la literatura teatral y a la cultura argentina un elemento más de reflexión. La otra virtud es que el vehículo de toda manifestación de esas realidades es a través de personajes que ya son míticos en la historia de nuestro país: “Las Madres”.
LITO CRUZ






MADRES FUNDAMENTALES
Pieza teatral en cuatro actos

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . “.No me busquen ni hoy ni mañana.
He partido lejos de mí.
Estoy en una fosa de lagrimas”. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Marc Chagall (madre)

......

ACTO PRIMERO

Madre Prudencia: “Nochebuena del ‘43”

Doña Prudencia y don Silverio, son padres de tres hijos: Juanita, la mayor, Rocío, la del medio, y Coqui, el menor.
Rocío está casada con Alfredo; y Juanita, con Pablo.
Rocío y Alfredo tienen dos hijos varones de, aproximadamente, diez y once años. Juanita y Pablo, dos niñas de unos catorce y quince.
Pablo, el marido de Juanita, es un cincuentón dueño de un importante taller de herrería para maquinarias agrícolas. Él nos muestra el perfil temprano del empresario argentino de las décadas posteriores.
Alfredo, esposo de Rocío, muestra un razonamiento que sugiere ideología, coincidente con el de su suegro Silverio. De algún modo, ellos son el germen del pensamiento que detentará, en forma decidida, la clase media radicalizada y activa de los ‘60/’70. Alfredo trabaja como vendedor en Tiendas Harrods. Las hermanas son amas de casa de diferente perfil.
Los respectivos lugares sociales que cada uno de ellos ocupa, marcan el carácter más suelto y autosuficiente de Pablo, que contrasta con la cautela, el celo y la discreción de Alfredo, quien se sitúa siempre cerca de Don Silverio.
A Rocío se la ve muy cerca de su madre, y también de Alfredo, pero sólo acompañándolo, sin intervenir demasiado. Ella marca la actitud de la esposa de un trabajador de clase media de la época.
Juanita aparece identificada con el estilo que le marcan las circunstancias. Pertenece a una clase acomodada a la cual ha adherido como resultado de su casamiento con Pablo y es, visiblemente, más joven que él. Es libre, aunque sujeta a los mismos cánones familiares de la época, pero anuncia cierta postura audaz, tal vez desafiante de la mujer que vendrá, ligada a las apariencias y a las formas de un modelo liberal futuro. Sujeta más a las formas que a la crítica, no reflexiona, dice, actúa, y se acomoda más cerca de la conveniencia que de la necesidad. Es una excelente “partenaire” de su marido. A sus hijas se las ve ubicadas dentro de este contexto, y el afecto aparece en ellas siempre ligado a la demostración de lo que pueden dar. Un dar para nada carente de significado emotivo y amoroso.
A los cuatro chicos se los ve unidos, juguetones y afectuosos, con las diferencias que marca la edad, el sexo de cada uno, y el carácter de sus respectivos padres. Todos están atentos y sujetos al decir de los mayores.
En este grupo, el estilo individual no llega nunca a molestar al otro aunque, a veces, rocen las diferencias. Prudencia es, decididamente, la regente cálida y directiva de un matriarcado formal en donde la ley, patrimonio de Silverio, está casi siempre sugerida en la actitud, más que dictada por la locuacidad. Las acciones de cada uno de los personajes privilegian una tendencia constante al equilibrio del grupo. Esto se debe advertir en las miradas y los gestos, las intervenciones y los silencios de Prudencia en relación a Silverio, y a las hijas en correspondencia a sus maridos. En verdad, la prudencia y la mesura forman el gran marco en que se desenvuelven estos personajes que, muchas veces, pujan por romper esas estructuras.
Coqui, el hijo menor de Prudencia y Silverio, es apenas unos cinco años más grande que sus sobrinas. Estudiante avanzado del Conservatorio Nacional de Música, se lo ve desenvuelto y juguetón. Es el consentido de todos, en especial, de su madre.
La acción se desarrolla en la casa de Prudencia con los preparativos para la cena de Nochebuena del año 1943, en la Capital Federal.
Hacia el final, antes de la escena de Silverio para la comida de Nochebuena, sugiero que se escuche por la radio una de las “Rapsodias Hebraicas de Bloch”. El volumen puede ir creciendo con la desesperación de los personajes.

ESCENA 1

En el living comedor de la casa amplia del barrio de Monserrat, (unos sillones, la mesa, el aparador, la música) entra Silverio y se sienta en su sillón próximo a la radio (puede escucharse música, noticias de época vinculadas a la celebración navideña y, quizás, a la guerra). Alfredo hojea una revista y toma el mate que le ofrecen regularmente. Rocío va y viene con la infusión con la que convida a su marido y a su padre. Prudencia entra y sale, fugazmente, aprontando detalles para la cena. Los hijos de Alfredo están ubicados en el sillón, cerca del abuelo, esperando jugar en el piso con autitos y dos o tres soldaditos de plomo que sacarán de los bolsillos con cierto recelo.
(La entrada de Silverio abre un espacio de distensión que, hasta ese momento, el espectador no debe percibir)
Silverio: (Entra trayendo un cuadernillo de anotaciones y un lápiz. Se sienta en su sillón. Demasiada tranquilidad no es buena, vamos a ver. Con gesto de haber olvidado algo) —Prudencia, ¿nos traerías las barajas que están sobre mi mesita de luz, por favor? Estos chicos están ansiosos por ganarle de una buena vez al abuelo, así después, tendrán “escobas” de sobra con qué barrer todo el año el piso a su madre. (Ríen) —Y ¡manos a la obra, muchachitos!, que ya es hora de ganarle a este viejo al que nadie ha ganado una sola escoba en su vida. (Risas de los chicos. Entra brevemente Prudencia y le pasa el mazo de naipes a Alfredo)
Prudencia: —¿Qué escuchan mis oídos? ¡Habráse visto! Por hoy, vamos a dejar que los chicos se lo crean (caras y gestos de los chicos). Después hablamos, tesoro, porque lo que es a mí me constan otros datos. (Silverio hace gestos como para que no diga nada más) —Sí, sí, después hablamos. —Alfredo, por favor, se las alcanza a su suegro, que tengo una salsa en el fuego y no quiero que se me pase.
Chico 1: (A dúo) —¡Dale papi! ¿Jugás? (El padre le hace gesto de que en la otra vuelta) —¡Dale abuelo!, decíle que juegue, que a vos te hace caso. —¿Y los porotos? Nene, faltan los porotos (su hermano sale a buscar los porotos a la cocina). —Yo anoto, abuelo. (Toma una hojita y un lápiz y se los pasa a su abuelo).
Chico 2: (Entra al momento) —Para mí que papi no juega porque no le quiere ganar al “campión del mundo”. (Festejan la broma).
Rocío: (en off) —¿Cómo dijiste? Se dice campeón, con “e”.
Silverio: —¡En la pista se ven los pingos! (Baraja las cartas). ¡A jugar se ha dicho! Menos charla y vamos a las pruebas (acomodan y dan cartas). ¡Pero miren esas caras! —A ver, vieja, estos muchachos, (cara de satisfacción de los chicos y complacencia de los padres que siguen la escena) me parece que tienen mucha sed. —¿No es cierto? A ver, a ver. Ya sé, les podemos ofrecer... una Bidú Cola, bien fresca, para cada uno con…pasta frola. —¡Abuela! (Alboroto de los chicos)
Alfredo: —Don Silverio, usted los malcría demasiado. Después van a querer “el dulce” todos los días.
Silverio: (A los chicos) —Ellos tienen claro que es sólo en casa del abuelo. (Con complicidad) Y no todos los días. —¿No es cierto, chicos? (Entra Prudencia con copas y una jarra de limonada)
Prudencia: —¡Tiene razón el padre! Este abuelo los malcría. A ver, viejo, déjame apoyar esto. Mejor dejamos la Bidú para la cena y para ahora nada mejor que una rica limonada bien dulzona. (Prueba ella) ¡Mmm, está riquísima!, justo como les gusta a ustedes. —¿Qué les parece? (Silverio, consiente con gestos como diciendo: “¡qué le vamos a hacer!”) ¿Está bien? Y, ahora, a jugar a las barajas con el abuelo, y a no llenarse la panza de líquido, que la abuela preparó muchas cosas ricas para esta Nochebuena. (En voz baja, como cuchicheando, uno de los chicos comenta algo a la abuela. Ella responde en voz alta haciendo notar que no se debe hablar en secreto en presencia de otros). —¿Tus primas? Ya deben de estar por llegar. Bueno, no me entretengan más, que todavía me falta la ensalada de frutas, y menos mal que su mamá me da una mano. (Los chicos se alborotan por cuestión del juego y la limonada. Entra Rocío trayendo cosas para la mesa. Mientras sigue el mate)
Rocío: —¡Shh! Chicos, chicos. A hacerle caso a la abuela. A ver, a ver. Yo también quiero probar. (Prueba la limonada) ¡Mmm, está riquísima!, más que la Bidú. (Los chicos rezongan) Como ésta no hay otra. (A Silverio) —Papi, a ver si vos nos dejabas tomar algo a nosotras, antes de comer. ¡Ni soda! porque decías que sino después nos iba a doler la panza, ¿te acordás? —¿No es cierto, mami?
Prudencia: —Es verdad, pero tu padre y yo sabíamos que la abuela Severa siempre les daba algo a escondidas. (Pausa) A ver quién le decía algo a la abuela, ¡cuidadito con decirle “esta boca es mía”! ¡Era brava la vieja! Hasta el último día, no dejó de decir lo que teníamos que hacer. Estaba en todo (con nostalgia), —¿no es cierto, viejo? Debe de ser por eso que se la extraña tanto. Siempre tenía algo para decir o para agregar a lo dicho. Y siempre tenía razón. Casi siempre. ¡Pobre viejita mía!
Chico 1: (Cómplice con el otro) —Abuela, pero entonces, vos sos más “severa” con tus nietos que la nona Severa con mami.
CHICO 2: —Entonces, Severa no era tan “severa”. (Jugando un poco con la palabra) (Ríen)
Alfredo: —¡Epa, epa!, a ver qué es eso. (En tono de límite, sin dejar de gustar del atrevimiento del chico. Amable). ¡Faltaría más! Estás hablando de la nona de tu mamá con tu abuela, no con una amiguita del aula. ¡Sí! Más vale, pongan atención al juego con el abuelo, que ya debe de estar cansado de ganarles, por distraídos.
Silverio: —Son chicos, Alfredo. Si no van a decir lo que piensan ahora, cuando sean más grandes tampoco lo van a hacer y eso no es bueno. Además, ellos saben (a los chicos), ¿no es así? Y, después de todo, les gano porque se dejan ganar, ¿no es cierto, chicos? A ver, ahora te toca dar a vos, y corta tu hermano. (Señala)
Prudencia: —Rocío, no te quedes ahí tan tranquila. “Tranquilina”, deberías llamarte. Si no nos apuramos un poco, no llegamos. ¿Viste la hora qué es? Parece mentira, pero desde las siete de la mañana que no paro. Y tu hermana que, como de costumbre, llega cuando todo está listo; seguro que se quedó charlando con alguna amiga o, a último momento, se le ocurrió hacer algo. A ella nunca le alcanza el tiempo. ¡Cómo si la estuviera viendo a la señora! Siempre deja todo para el final.
ROCÍO: —Seguro que habrán pasado por la casa de la hermana de Pablo (se le acerca al oído a Prudencia). Ahora está bien, pero estuvo con contracciones y el doctor le ordenó reposo.
Prudencia: (En voz baja) —Pero, ¡cómo!, tu hermana no me dijo nada. Mirá si pasaba algo, ya está como de ocho meses. Gracias a Dios que no pasó nada. (En voz alta). —Y, chicos, ¿cómo va eso?, ¿quién va ganando?
ROCÍO: —Querido, ¿no me ayudás con esto? (Extiende un mantel y repasa unas servilletas). ¡Mirá si seré distraída!, tengo servilletas de dos juegos distintos. ¡Qué cosa! ¡Quisiera que alguien me dijera adónde puse la cabeza hoy! (Alfredo toma la pila de servilletas que le pasa su mujer)
Prudencia: (Le saca la tarea de las manos) —¡A ver!, traiga eso para acá. Éstas son cosas de mujeres, que para eso somos amas de casa. Ustedes, los hombres, ya es bastante con que trabajen toda la semana, ¿no le parece? Si es por dar una manito, en todo caso después, en la mesa, para descorchar la sidra, romper las nueces, esas cosas…
ROCÍO: —¡Llenar las copas!
alfredo: —No se preocupen, que todo eso se hará. (A Prudencia) —Mire que su hija, a pesar de sus recomendaciones, igualmente me manda a lavar los platos todas las noches. (Mirada socarrona)
ROCÍO: —Pero, ¡mirá las cosas que dice! No le creas, mami, es un mentiroso, apenas si, a veces, me pone la mesa cuando estoy muy atareada.
Prudencia: (Sin dejar de hacer cosas) Como sea, si es sólo eso, no está mal. En ciertas ocasiones, está bien que colaboren. “Lo cortés no quita lo valiente”. O al revés, en este caso (mira de reojo a los chicos que escuchan con disimulo sin abandonar lo suyo). Pero no como una costumbre, eso sí que no. ¡Yo, con tu padre! ¿Eso? ¡Qué esperanza! Y menos con las cosas de la cocina, que de eso los hombres no saben nada. Ahora, si se trata de alguna otra cosita que siempre se necesita, algo que precisa fuerza, entonces puede ser, así decía mi mamá. (A Rocío, cambiando de tema) —Hija, hoy quiero poner el otro mantel blanco. El de los patitos que bordó la abuela Severa, para la Comunión de Teresita, lo dejé doblado sobre mi cama. ¿Lo traerías, por favor? (Cruzan mirada con Silverio)
Silverio: —Es la tercera Navidad que no tenemos a doña Severa con nosotros. Así son las cosas. Se la extraña más que antes. (Al chico. Mira el juego) —A ver, vos. ¿Cuánto hiciste? (Mira al otro chico) —¿Y vos? Pero, ¡ganaste otra vez! No, ¡así no vale! Alfredo, no mande a su hijo a poner más atención al juego, porque no les voy a ganar nunca más.
Rocío: —¿Tres años ya, papi? Todavía me parece mentira que no tengamos a la abuela con nosotros. Ahora estaría pegada al horno. —¿Te acordás, mami?
Silverio: (Cambiando de tema) —A ver, Rocío.
Rocío: —Sí, papá.
Silverio: —Tu marido y yo tenemos sed. ¡Pero sed de una sidrita bien fría!
Alfredo: (Cómplice) —¡Muertos de sed!
Silverio: —Yo creo que ya es hora de la primera botella, ¿no le parece, Alfredo? (Rocío trae una botella. Alfredo se apura a descorcharla)
Alfredo: —Por mi parte, la primera ya se tomó en la tienda.
Prudencia: —¡Alfredo! ¿Cómo “en la tienda”? ¿Desde cuándo Harrods es una tienda? ¡Habráse visto, cómo habla este hombre de su trabajo! Como si fuera cualquier cosa ser jefe de sector, en las Tiendas Harrods.
Alfredo: —Está bien, doña Prudencia, pero tienda al fin. Quiero decir que brindamos con los muchachos al mediodía. (A Silverio) —Por eso, para mí, ésta será la primera de la tarde. (Sonrisa) Parece que las señoras también tienen sed. (Prudencia extiende una copa para que le sirva. Le sirve. A Rocío le ofrece de su copa)
Silverio: —Sí, sí. Hay que ver, hoy en día con las muchachas. ¿Ve? Son las cosas de la modernidad. ¿Qué le vamos a decir, si así están las cosas? (Sigue jugando).
Prudencia: (Alcanza la copa) —¿Modernidad? ¡Mirá, vos!, faltaría que comamos en la cocina. —¡Uhh! Así está bien, Alfredo, a ver si todavía me quedo dormida antes del brindis. (A los chicos) —Chicos, si la abuela se duerme, ¿ustedes la despiertan?
Chicos: —Sí, claro, abuela. (Gestos de complicidad).
Silverio: —¿Y, Alfredo? Así está mejor. Me imagino que hoy habrán vendido lindo.
Alfredo: —No crea, don Silverio. Ayer, sí, hubo buena venta. Parece que, últimamente, la gente está mejor dispuesta, quiere estrenar y también obsequiar.
Silverio: —Y es justo, después de un año tan duro como el que pasamos, es justo, aunque sea así, estrenando o regalando algo. La gente necesita sentirse mejor. (Pausa) Y pensar que miles de familias, esta noche… ¡Quién sabe cómo la estarán pasando! ¡Qué barbaridad!
Alfredo: —Escuché que desde la medianoche de allá, regía una tregua por la Navidad.
Silverio: —¿Tregua de Navidad? ¡Cómo si se tratara de una disputa pugilística! Y mañana, ¿qué?, ¿se juega otro round? Debería regir el cese total. Deberían marcharse cada uno a su casa, sin más trámite. Desacato total a los mandos. ¡Eso!
Prudencia: (Visiblemente turbada y con rabia) —No quiero pensar en todos esos chicos. Y en todas esas pobres madres. Impotentes, desesperadas, sin respuestas. ¡Bendito sea Dios! (Se persigna. Pausa) Pero, ¿es qué no hay nadie, en este planeta, que pueda pararse en el medio de toda esa porquería y gritar bien fuerte: ¡Basta! La justicia, el Papa, el mismo demonio, ¡alguien, alguien! No sé. (Recuperando cierta calma y volviendo a las tareas). Mi padre decía que la guerra es cosa del demonio. Que es algo que sólo el hombre es capaz de hacer.
Silverio: (Con pesar y nostalgia) —En la del ‘14, mi abuelo perdió dos hijos; dos chicos, que apenas tendrían diecisiete años. Después, pudo mandar para acá a papá y a mi tío Chicho. El abuelo se quedó con la abuela y dos hijas mujeres. (Pausa) No se volvieron a encontrar nunca más. Sólo cartas y, de vez en cuando, el finado papá, les mandaba alguna encomiendita. Cuando se podía.
Prudencia: —Parecería que esto no va a terminar nunca. Esperemos que el año que llega nos traiga la paz y la tranquilidad de una vez por todas. ¿Será mucho pedir?
Rocío: (Ha permanecido pensativa) —La otra noche tuve un sueño desolador. Era como una visión dentro del propio sueño. Yo volaba en un aeroplano, que no tenía nada a los costados, sólo las alas. Tenía dos asientos y nada más. Pero era un avión, porque yo podía ver girar las hélices. Abajo, una extensa llanura solitaria. Más bien, un declive enorme; tal vez, una inmensa, enorme fosa, pero sin costados. Allí, entre nubes de humo, se movía una muchedumbre de mujeres solas, harapientas, con las caras y las manos tiznadas, manchadas. Llevaban pañuelos negros en la cabeza, así como el que usaba la nonina, que siempre estaba de luto. Arrastraban, en una especie de carritos de bebés, pilas de cosas inútiles, inservibles. Algunas de ellas eran viejitas; pero, la mayoría, jóvenes. Buscaban, revolviendo entre los escombros y la basura. (Pausa) Lloraban en silencio, sin dejar escapar un solo sonido. Todo era movimiento, lentos movimientos en un insoportable silencio. Entonces, alguien dijo: “Los gemidos del silencio”. Afligida, levanté la mirada y otro alguien, que estaba a mi lado, dijo: “No hay que asustarse, lo que se ve es una fosa de lágrimas, y hay muchas más”. Entonces, desperté, sobresaltada. No sé por qué, estoy contando esto.
PRUDENCIA: —Rocío, eso no es un sueño, eso es un horror. Eran madres y abuelas, que buscaban a sus hijos entre la basura. (Angustiada, solloza)
ROCÍO: —A lo mejor, ahora, lo estoy exagerando. (La abraza) No te pongas así, mami, es sólo un sueño. Vas a ver cómo, en este año que empieza, todo cambia. Vos misma, ¿no lo decís siempre?: “No hay que perder la esperanza”. ¡Dale, mami! Cambiá esa carita, si sabía no abría la boca.
Prudencia: —No es sólo tu sueño, mi’jita. Esperemos, esperemos que todo ande mejor. La abuela se nos fue, sin ver el final de esta maldita guerra, y eso también me la mató un poco. (Con rabia) A mí, que no me vengan a decir otra cosa. Estaba enferma, pero esto la terminó de matar. Es imperdonable.
Silverio: —Si nos sirve de consuelo, hay que pensar que una guerra es la parte más cruel y siniestra de la eterna puja entre los poderosos. Sólo para lograr más poder. Es una miserable cuestión de intereses, y contra eso no puede nadie. Hasta que este enfermo orden social no cambie y los pueblos no aprendan a darle la espalda a lo que no quieren, a decirle ¡basta! a las imposiciones de los que mandan, no podremos esperar otra cosa que más de lo mismo.
Alfredo: —Yo pienso igual. Y si no fuera la guerra, sería otra cosa por el estilo o, tal vez, peor. (Pausa) Siempre los mismos crápulas, de un lado o del otro. Responsables encubiertos que, finalmente, terminan apareciendo como héroes. Así pasó siempre. Si uno lee la historia entre líneas, sabe que es así. Es como usted dice, don Silverio.
Silverio: —Y, sí. Los poderosos no se sujetan a ninguna ley. Gane quien gane, después te la cuentan con adornos de patriotismo o cosas por el estilo.
Rocío: —Y “san se acabó”. ¡Adornitos! Y, ¿de la verdad? Nada. Para mí, la verdadera historia es la que escriben esos pobres chicos alejados de sus hogares, lejos de sus padres, de sus esposas, de sus hijos. ¡Eso es terrible, terrible!
Alfredo: —Lejos, perdidos, enloquecidos o muertos. Como en tu sueño, vaya uno a saber.
Prudencia: —No quiero imaginar a toda esa pobre gente muriendo, mientras espera pasivamente, soportando en sus casas. (Pausa) Mientras tanto, nosotros aquí, como si no pasara nada. Sólo porque aquí no nos pasa nada. En la calle, la gente casi no habla del tema.
Silverio: —Las noticias están, que no se digan es otra cosa. La gente no habla de lo que no le duele; apenas lo hace de lo que le afecta directamente. Pero es cierto, nadie dice nada. (Pausa) ¿Saben que los cañones llevan fundida una inscripción en latín, que dice: “última razón de las naciones”? ¡Qué ironía!, ¿no? Un cañón como razón. Esas bestias deben pensar que a la sangre de esa razón, la lava la lluvia. Como al estiércol que dejan los caballos en el adoquín de la calle.
Alfredo: —A mí no me sorprende, cuando el propio gobierno prohibe aquí, los festejos que se preparaban por los triunfos de la Resistencia Francesa. ¿Qué se puede esperar? A la corta o a la larga, “con nuevos monumentos” se taparán la indiferencia de la gente y los “malos entendidos” del gobierno.
Silverio: —¡Qué se puede esperar de estos crápulas! A falta de valentía, bienvenida la diplomacia. Es lo que decimos siempre, Alfredo, es imprescindible formar la conciencia de la gente. Y no creamos que es nada fácil, será toda una lucha. Nosotros lo sabemos muy bien. (Miradas con Alfredo de coincidencia ideológica).
Prudencia: (Con decisión) —Mejor cambiemos de tema. (Repara en los chicos que están alejados, pero atentos a lo que se está hablando) ¡Dios mío, viejo, que están los chicos!
Silverio: —Sí, los chicos. Ya pronto se van a poner los pantalones largos. Algo pueden empezar a escuchar y así sacar sus propias conclusiones. Pero la abuela tiene razón, mejor cambiemos de tema. (Siguen jugando y acomodando las cosas, como si nada se hubiese dicho. Luego, Silverio se disculpa y sale).
Prudencia: —Silverio, viejo… ¿Te sentís mal?
Silverio: —Estoy bien, debe de ser el calor. Me voy a mojar un poco la cara. (Sale).
Prudencia: (En voz baja) —Bueno. Alfredo, por hoy, no se habla más de trabajo ni de política. Nada de preocupaciones.
Alfredo: —Pero, ¡si yo no dije nada! Usted sabe cómo se toma él las cosas a pecho. No hace falta que nadie se las diga. Solito las sabe y se las acuerda muy bien. Aunque no hablemos, de todas maneras, él piensa. ¿No vio? No saca la oreja de la radio. Lástima que no haya muchos más como su marido, doña Prudencia.
Prudencia: —Bueno, justamente por eso, porque piensa demasiado es que digo lo que digo. Con tanta preocupación, hace un tiempito que no lo veo del todo bien. Él dice que son los calores, y es cierto que no ayudan para nada. (Pausa). Así que mejor no hablemos más de esas cosas, que con hablar no vamos a solucionar nada. (A los chicos) —Chicos, ¡ya se tomaron toda la jarra! Pero, ¡qué cosa!, (retira la jarra) ahora seguro que no comen. ¿Ven? Son tremendos, siempre le hacen lo mismo a la abuela. ¡Estos chicos! ¡Y Juanita que no llega! Ya son más de las siete y todavía ni noticias. ¡Hay que ver esta muchacha la pachorra que tiene! ¡Yo no sé a quién salió!
Alfredo: (Casi interrumpiendo, se ha quedado pensando) —Doña Prudencia, me dejó preocupado. Dígame, ¿no anda bien de salud, Don Silverio? (Rocío manifiesta un gesto de sorpresa) —¿Vos sabías algo, Rocío?
Prudencia: —No, hijo, ella no sabía nada ni pasa nada. La semana pasada estuvimos en lo de Corral y lo vio bien. Deben de ser cosas que se me ocurren a mí. Seguramente es el calor. Además, las fiestas. Si por él fuera… No se preocupe, que no es nada. Sólo les pido prudencia con las cosas que se hablan en la mesa, eso es todo. (Se miran con los chicos. Ellos ríen por la palabra “prudencia”, que para ellos es sólo el nombre de la abuela) —Y ustedes, cuidadito con reírse de la abuela Prudencia, (con gracia) ¡cuidadito!
Alfredo: —Entendido. (Mira a los chicos que le sonríen. Luego, a Prudencia) —Y, ustedes, (algo cómplice) cuidadito con reírse cuando habla la abuela. Ya oyeron, ¡mucha prudencia! (Risas por lo bajo) Pienso que Pablo recién debe de estar llegando a su casa. Me dijo que hoy tenían que despachar, por ferrocarril, cuatro juegos de discos y una trilladora completa, y eso lleva su tiempo. Durante la cosecha no hay Navidad ni cosa que se le parezca. El campo no puede parar. (Mira el reloj) Pero, ya deben de estar por llegar, seguramente.
Prudencia: —Si es por trabajo, está bien. A Pablo lo disculpamos; pero, a la señora de Pablo… ella muy bien podría haber venido tempranito, con sus hijas, a dar una mano a su madre y a su hermana. ¡Toda la vida fue igual!, de chica se las ingeniaba para escaparse de las tareas domésticas, estuviera donde estuviese. Y esas hijas suyas, ¡hay que ver lo que les espera a los pobres futuros maridos de las chicas! Juanita fue una malcriada, y las hijas van a ser tan malcriadas como ella. ¡Ay, con estas madres modernas! ¡Qué se le va a hacer!
Rocío: —Mi hermana es así, es su forma de ser. (Defendiendo a su hermana).
Prudencia: —Sí, ¡claro! Decíme nena, ¿vos viste “La Pequeña Señora de Pérez”, la nueva cinta con Mirtha Legrand? (Risas) ¿A quién te hace acordar?
Rocío: —Sí, sí, la vimos. ¡Pero no la podés comparar, mamá! Juani siempre fue muy independiente y, en la casa, hace todo. Menos la limpieza, todo. (Pausa) Y eso de malcriada, vos nos criaste a las dos de la misma forma. (Reflexionando sobre lo dicho). Yo te digo, por un lado, mejor que ella sea como es y que críe a sus hijas de ese modo, con independencia y soltura. Si los míos fueran niñas, yo haría lo mismo que ella. Aunque yo sea diferente… (Caras de los chicos por lo que dijo su madre de supuestas hijas mujeres).
Alfredo: —Tampoco hay que exagerar. Eso de que si tus hijos fuesen chicas, con las dos de Juani ya está bien. Las cosas están bien así, ¿no es cierto, chicos?
Prudencia: —¿Cómo es eso de que vos sos diferente? ¿No decís que las crié igual? ¿No estás conforme? Cada una es como es. Y es cierto, vos salís a mí. Pero, esa muchacha, no sé a quién salió. ¡Hay que verla! (Cambia de tema. Mientras sale, a Alfredo). —Alfredo, ¿cómo anda su mamá? En esta semana, me voy a hacer una escapadita para saludarla, todavía le debo el regalito de cumpleaños.
Alfredo: —Bien, anda bien y manda muchos saludos.
Rocío: —¡Ah!, y dice que si no te arrepentiste, acepta tu invitación para Año Nuevo. (Pausa) —Alfredo, querido, fíjate qué hacen tus hijos en la cocina, que no los escucho. No vayan a romper alguna cosa, yo ya les dije que salgan a jugar al patio; pero, a mí no me hacen caso. Andá vos… (Entra Silverio)
PRUDENCIA: —¡Mirá las cosas que dice! Que si no me arrepiento, ¡cómo me voy a arrepentir!
Silverio: —En el patio se está mucho mejor. Por suerte, está corriendo un poco de aire. Para mañana se espera más calor que hoy, lo escuché recién por la radio. Parece mentira, después de un invierno tan frío. Vieja, ¿hay suficiente hielo? Mirá que mañana va a estar bravo.
Prudencia: —Quedáte tranquilo, hay suficiente.
Silverio: —Sí, ¡ya veo!, vamos a tener que tomar la bebida con bombilla, como si fuera mate. —¿Qué le parece, Alfredo?
Alfredo: —¿Mate de sidra? ¡Ja! La verdad es que no estaría mal, si no queda otra salida… Será cuestión de probar, don Silverio. ¡Cuente conmigo!
Prudencia: —Miren, mejor me callo. Hay hielo como para enfriar la casa entera.
Silverio: (A los chicos, procurando despertarles la imaginación) —¿Se imaginan lo que dice la abuela: enfriar con hielo? ¿Cómo se les ocurre que se podría hacer? Debe de haber alguna manera, pensemos. (Interesados, los chicos se le acercan).
Chico 2: —Mi papá sabe. Él me contó, pero ahora no me acuerdo. (Mira a su padre) —¿Cómo era, papi?
Alfredo: —Yo les contaba que en Norteamérica, hace ya rato que algunos autos tienen aire frío. Nada del otro mundo. Es un aparato, una cajuela con hielo adentro, montada sobre el techo, y con el viento ¡ya está!, enfría el aire, que entra directo al auto, y así la gente viaja fresquita, feliz y contenta.
Chico 1: —Sí, pero el asunto es cuando bajan. (Risas)
Alfredo: —Se apantallan y ¡listo! (Risas)
Prudencia: —Si lo inventaron para los autos, es seguro que en las casas ya deben de tener algo parecido. Estos norteamericanos tienen de todo, ¡usted ve! Y lo que no tienen, se lo inventan de un día para el otro.
Rocío: —Leí en la revista “Para Ti”, que la mayoría de los norteamericanos tienen heladera eléctrica y televisión; sí, televisión… ¡ah!, y dos radios por casa, como mínimo, ¿qué me cuentan?
Alfredo: (Con ironía) —¡Qué me cuentan! Que ya contaste vos, dos de esto, uno de lo otro. Y a nosotros se nos descompuso la plancha.
Rocío: —¡Ay! no seas mentiroso. Pero bien que te gustaría vivir como ellos. Para mí, son increíbles. (Pausa) Aunque ahora, quién sabe cómo estarán con la guerra. (Entra Coqui, que viene de la calle, y saluda).
Alfredo: (Saluda a Coqui, pero ha seguido a Rocío en lo que dice) —Como quiera que sea, ellos no tienen la guerra en su casa. Mandan tropas y cañones, y la siguen por la radio, ¡ah! y por la televisión.
Prudencia: (Inquieta) —Bueno, bueno. Otra vez “la burra al trigo”. Yo digo, ¿a ustedes, no les alcanza con sus reuniones? (Conciliando) —En familia se habla de otras cosas. (A Coqui) —Por fin, llegó el señorito, ¿no le parece que ya era hora de estar en su casa con su familia. No sé, digo, ¿o será que no miramos el almanaque? Andá a cambiarte la camisa, porque la que tenés está empapada. (Coqui va saliendo, sacándose la camisa). Antes date una lavada. ¡Este hijo!
Alfredo: (A Coqui, en voz baja y con picardía) —¿Quién sabe por dónde habrá andado el muchacho, “sudando la gota gorda”?
Coqui: —¡Eh, cuñado, no me deschabes! ¿Qué van a decir? (Palmadita al pasar, mientras va saliendo). —En serio, mami, como era temprano fui hasta lo de Tito. Y ya sabés cómo son los viejos. La mamá de Tito, ¡un fenómeno! No paraba de convidar cosas: que macitas, que pan dulce, y qué sé yo cuántas cosas más. Y antes de venir, el papá me dice: (imitándolo) “Pero, Coqui, cómo no va a brindar con nosotros antes de irse, ¡Tito! tráete una cerveza bien fría”. No pude decir que no. Al rato, llegó el hermano con la familia y brindamos con sidra. Si fuese por ellos, un poco más, y me tengo que quedar a pasar la Nochebuena en su casa, ¿te imaginás, vieja? (Ya fuera del escenario, en off) —¡Ah!, les mandan muchos saludos a todos.
Prudencia: —Pero, mirá vos qué bien; pero, si no faltase más, con lo atentos que son en esa casa con el jovencito, ¡vaya, vaya! Y se agradecen los saludos, pero usted tiene una madre y un padre.
Rocío: —Y una familia. (A sus padres) —Son muy buena gente los padres de Tito. Coqui exagera para hacerte rabiar, mami. ¿No lo conocés? (Entra Coqui, abrochándose una remera).
Coqui: —Mami, ¡mirá si van a querer que me quede con ellos! Vos te creés todo. ¿No sos igual vos, con Tito, cuando viene? A ver, papi, decí…
Silverio: —Sí, sí, sí, lo que vos quieras. A Tito se lo quiere mucho, pero en otro momento. Usted viene a la hora que tiene que venir. (Benigno) —No hay que parecer desubicado, es una cuestión de buena educación y de prudencia. (Ríen otra vez, los chicos, y también los grandes, por la alusión al nombre) —¿Entendido? (Lo palmea). Eso es todo, no hay nada más que decir. (Cesan los comentarios).
Prudencia: —Bueno, ahora vas, te das una buena “lavadita” y, después, te ponés la camisa nueva que está sobre la cama. Es para que la estrenes esta Nochebuena. Te la trajo tu hermana y espero que te guste. (Coqui agradece a su hermana y sale presuroso) —¡Ah, Coqui!, después te vas con tus sobrinos hasta lo de don Carlos, hay que buscar unas cositas para mañana. Ya debe de estar listo. (Por lo bajo) —Viejo, ¿me das, que no me alcanza, y así le pago todo?
Chico 1: (Al tío, pero como para que todos lo oigan) —Tío, a la vuelta, ¿compramos cohetes? ¡Dale! ¿Sí?
Alfredo: (Desentendido) —Chicos, no griten, que el tío no es sordo.
Chico 1: —¡Dale tío! (A Alfredo) ¡Dale, papi! ¿Me das para comprar?
Prudencia: (Entra Coqui y le da dinero) —Tomá Coqui, y compráles también los cohetes, porque la verdad es que se lo merecen, este año han sacado las mejores notas de todo el grado. ¿Le contaron al tío? Bueno, ahora le van contando por el camino. (Mimos)
Silverio: —Vieja, ¿no te parece que tenemos ya demasiada pólvora en el ambiente? Creo que no están las cosas como para petardos ni cohetes.
Prudencia: —Está bien, el abuelo tiene razón: ni petardos ni cohetes. —Pero, viejo, es Nochebuena, algo hay que tirar. (A Coqui) —Comprá, aunque más no fuera, unos “Raspaparé” para los chicos y “estrellitas” para las nenas. (En voz baja) Y algunos cohetecitos, una o dos cajitas. (A los chicos) —¿No es cierto que hace falta un poco de barullo? Bueno, ahora vayan, que se hace tarde. (Salen).
Rocío: —Las cañitas son inofensivas. Papá, me parece que te hacés mucha mala sangre con todo esto, si igual no cambiás nada. Mami tiene razón. Hoy es Nochebuena y un poco de barullo no nos va a venir nada mal.
Silverio: (Improvisa una sonrisa) —Pero, sí, está muy bien, hija. Esta noche es Nochebuena, mañana es Navidad y, en Roma, San Pedro dará la bendición. (Apagón)

Escena 2

Todos en la escena. Ya han llegado Pablo, su mujer y sus dos hijas. Faltan Coqui y los chicos, que han salido de compras. Ellas se mueven con soltura, entran y salen de escena, probando algún bocadito que rescatan de las idas a la cocina. Inspeccionan, comentan.
Prudencia, Rocío, Juanita y las chicas se ven ocupadas en los menesteres próximos a la cena. Alfredo y Pablo platican en voz baja mientras escuchan, cercanos a la radio, un breve informe concerniente a la guerra. Silverio, también muy cerca del aparato, oye con más atención y hace un gesto de intranquilidad. El mensaje es breve, en medio de un programa musical. (Toman algo)
Pablo: —Don Silverio, me parece que le presta demasiada atención a todo eso. Gracias a Dios, nosotros acá no nos podemos quejar. No estamos en guerra, las exportaciones de granos aumentan y también el trabajo. La semana pasada tuve que tomar a otro mecánico y a dos herreros. ¡Nos vamos para arriba! Tenemos que dar gracias a Dios. ¿Qué otra cosa podemos hacer? (Sus palabras quedan un poco en el aire. Entonces, se dirige a Prudencia) —Doña Prudencia, la verdad es que a este pan dulce se lo ve mejor que nunca. Parece que ya le tomó bien la mano a la cocina nueva.
Prudencia: —No es sólo cosa del horno, ¡son años! Lo hago tal cual lo hacía mi abuela. Me alegro de que le guste; pero, ¡cuidadito con pellizcar las pasas! No vaya a ser que, por eso, después me lo dejen.
Pablo: —No se preocupe, suegra, que si queda me lo llevo a casa. Usted sabe muy bien que yo soy un fanático de sus pan dulces. (A Alfredo) —Alfredo, me imagino que en estos días habrás batido récord de ventas. Es Nochebuena y a todos nos gusta estrenar y regalar.
Juanita: (A Prudencia, por lo que dijo Pablo) —Pero, ¿viste cómo te adula? A mí siempre me dice lo mismo. (Acomoda la camisa de Pablo) —¿Les gusta cómo le queda?
Alfredo: (Haciendo esfuerzo por no escuchar) —No, Pablo. Yo no batí ningún récord. Ahora, que si es por la firma, es cierto, no le ha ido nada mal, porque nunca ha dejado de vender bien en las fiestas. Pero no te creas, regalan los que pueden. Yo, que estoy en el rubro, lo veo.
Rocío: (Conciliadoramente, se acerca y le acomoda el cuello a Alfredo).
—Alfredo, Pablo tiene razón, ¿acaso no estás vos también, de estreno? (Mira a Juanita) —Las compramos juntas y en el mejor lugar. (Miradas con Alfredo, dando a entender que las compras fueron hechas en su tienda) (A Silverio) —Papi, ¿vos no vas a estrenar la tuya?
Silverio: (Con intención de romper la tenue tensión creada) —Mañana, hija, mañana. —Alfredo, ¿no me alcanzarías los anteojos que están allí? Vieja, por favor, pasáme las píldoras.
Prudencia: —¿Qué pasa, viejo, te sentís mal? ¿No la tomaste a la mañana?
Silverio: —Sí, pero me dijo Corral, que si hace falta puedo tomar dos. Y con este calor, creo que voy a necesitar dos… “dos docenas”. (En son de broma, resta importancia) —Eso es todo, vieja.
Juanita: —Me parece que el calor no es para tanto, papi. Igualmente, ya lo hablamos con Pablo, cuando pasen las fiestas te pido una hora con el médico del padre de Pablo. Corral ya no da en la tecla. Tenés que ver como anda mi suegro, ¿no es cierto, Pablo? Parece mentira. Desde que él lo trata, anda como un relojito suizo. Eso sí, con un régimen moderno que mi suegra le hace cumplir al pie de la letra.
Prudencia: —Nena, ¿qué querés decir?, ¿qué yo no cuido a tu padre?
Juanita: —No, mami, yo no digo eso. Lo que pasa, es que Corral a vos no te dice nada. Me parece que los tiene un poquito a la deriva. Además, el pobre ya está grande.
Silverio: —Ni Corral ni tu madre. Soy yo que, a veces, me paso un poco, un poco bastante de la raya.
Pablo: —Justamente, por eso, don Silverio, nos gustaría que lo viera Ovejeros. ¡Mire cómo será de bueno, que tiene el consultorio siempre repleto! Una fila de autos frente a su casa, de la mañana a la noche, todos los días. Además, hay que ver, tiene las paredes llenas de diplomas. No lo tome a mal, pero Corral ya está grandecito. No se hable más. Con todo respeto, don Silverio, Juani tiene razón.
Chica 1: —Además, la hija del Dr. Ovejeros es amiga mía.
Chico 2: (Por lo bajo) —Nena, eso no tiene nada que ver. ¿No ves que están hablando del doctor, y no de tu amiguita?
ROCIO: (A Juanita y a Pablo) —Nosotros nunca tuvimos ningún problema con Corral. Él nos trató siempre a todos, desde que nacimos, y nunca tuvimos ningún problema, vos lo sabés. Es papi que no se cuida. Él mismo lo reconoce. Aunque, por ahí, no vendría mal que te viera el doctor Ovejeros, si Juanita lo dice.
Silverio: —Querida familia, les agradezco tanta preocupación. Pero, creo que no es momento de hablar ni de médicos, ni de dietas, ni de la salud de este viejo travieso. Yo estoy bien. (A las nietas) —¿No es cierto, chicas? Vamos a ver. Vengan para acá y cuéntenle al abuelo, cómo andan sus cosas en la escuela. (Las lleva a las chicas a un costado). ¿Cómo es eso de tu compañerita, la hija del doctor? Claro, ahora que están más grandes ya no vienen a charlar ni a jugar a la lotería con los abuelos. Apenas si almuerzan con nosotros algún que otro domingo. Y, pronto, seguro que ni eso. No crean que me estoy quejando, sólo que… (Siguen comentando a un lado).
Chica 1: —No, abuelito, ¡te lo prometo! Mirá que la semana que viene terminan las clases. Te juro que vengo todos los días. (A la madre) ¿No, mami, que ya dijimos, que en las vacaciones íbamos a venir más seguido?
Chica 2: —¡Sí, sí, abuelo! Lo que pasa es que las pruebas de segundo de Magisterio no son como las de primero. (Mira a su primo de reojo) ¡Qué esperanza! ¡Tenés que ver lo que fueron este año! Casi ni dormí, vos no sabés, abuelo.
Chica 1: —Peor las de tercero. Y no te imaginás los deberes interminables que nos daba la de matemáticas y la de castellano. Casi todo el trimestre, nos hizo leer un libro por semana. ¡Contále, mami! ¡No tenés idea, abuelo!
Juanita: —Y eso no es nada, papi. En inglés, este año sí que se han lucido tus nietas. Sobresalientes, las dos. —Chicas, cuéntenles a los abuelos.
Prudencia: —Mis cuatro nietos son lo mejor del mundo. (Los junta a los cuatro) —Estamos muy orgullosos. No hay otros, no hay iguales. Han salido todos al tío Coqui. Y a los papis, claro, no hay vuelta que darle.
Juanita: —¡Muy bien! ¡Traé el babero para la madre del hijito varón!
Pablo: —Por nuestra parte, Juani y yo, no nos podemos quejar de las señoritas. Porque ya son dos señoritas, como yo siempre les digo. Y como premio, ya les dije que, para cuando se reciban de maestras, vamos a hacer un viajecito a Norteamérica. Nada del otro mundo.
JUANITA: —Y, sí, Europa va quedar en ruinas después de esto. Norteamérica va a ser la capital del mundo, ya vamos a ver.
PABLO: —No es eso lo que quise decir; pero, igualmente, Juanita tiene razón. ¿No le parece, don Silverio? —¿No creen? (No logra la atención de todos).
Silverio: (Resignado) —Sí, no hay duda, por supuesto. (Alfredo asiente con un gesto).
Juanita: —Pablo tiene razón en la elección; porque, ¿qué cosa se van a poder ver en Europa, dentro de dos o tres años, que no sean ruinas? (A Prudencia y a Rocío) —Y ustedes, mientras tanto, vayan preparando los pañuelos para la despedida; porque el viaje no va a durar menos de dos meses. Y, casi seguro, que la vuelta la hacemos por vía aérea. (Sorpresa y confusión)
Rocío: —¿Tanto tiempo? ¡Ay, hermanita! La verdad es que me podrías llevar.
Alfredo: —¡Rocío!
Pablo: —¿Por qué no, cuñado, por qué no? Es la hermana y se lo merece. Todos nos lo merecemos. ¿Por qué no todos? Como las cosas sigan yendo como hasta ahora. ¿Por qué no vamos a poder?
Prudencia: —Mucho viaje, mucho viaje. Eso es para ustedes que son jóvenes. A nosotros nos dejan acá, para cuando ustedes vuelvan. A no ser que en medio de tanta cosa nueva, se olviden de los abuelos. Como están las cosas hoy en día, ¿no vieron? ¡Hoy, casi se olvidan que tenían que venir a festejar la Nochebuena!
Juanita: —¡Pero, mami! ¡Qué cosas decís! ¡Cómo nos vamos a olvidar! (También se acercan las chicas, en actitud de consuelo)
Pablo: —Créame, doña Prudencia, es imposible olvidarse. En todo caso, seguro que, a la hora de comer, recuperaríamos la memoria. Usted está enojada porque le llegamos tarde, pero es por culpa del tránsito. Estábamos tan atorados, que hubiera sido preferible venir caminando. Cada día, el Centro está más lleno de autos; si no, en media horita habríamos llegado.
JUANITA.: —Es cierto, mami, nosotros salimos con tiempo, pero el tránsito… ¿Te pensás que no vamos a tener ganas de venir temprano?
Chica 1: —¡Sí, abu! También pasamos por lo de la tía Otilia. ¡Decíle, mami, a la abuela! Sino va a pensar que no querías venir.
Silverio: (A Pablo) —A propósito, Pablo, ¿consiguió las gomas nuevas para el auto y el repuesto para la chata?
Pablo: —Sí. La verdad que fue más rápido de lo que imaginaba. Un buen contacto en la aduana, eso es todo. Usted sabe, hoy por hoy, donde no llega un militar no llega nadie. (Ríe)
Juanita: (Comedida) —Por suerte, papi, ahora está más tranquilo. Imagínate, casi sin auto y con un solo camión. (Entusiasmada) —¿Qué les parece si después de las doce, nos lleva a todos a dar una vuelta por el centro? ¿Sí?
Pablo: —Está bien, me parece perfecto. Y el domingo los invitamos a todos a dar un paseo por Palermo, ¿listo?
Chicos todos: (Tumulto) —Dale; sí, papi; sí, tíos. ¡¿Dale, sí; dale que sí?!
Silverio: —¡Qué tiempos éstos! Como sigamos así, con tanto auto, no va a haber lugar para la gente. Pensar que hace unos años, lo que se veía en la calle eran casi todos carros y mateos. ¿Quién pensaba en tener auto? A pesar de que ya se los veía. Pero, bueno, (A Pablo) —que lo disfruten hijo, que lo disfruten, que bien merecido lo tienen.
Chica 1: (Lo abraza) —Gracias, abuelito, pero más lo vamos a disfrutar, si vienen el domingo con nosotros de paseo a Palermo.
CHICA 2: —Sí, así después nos llevás a tomar el té con masas. ¿No, papi?
Chica 2: —Sí, abue, ¿por qué no vienen con nosotros?
Prudencia: —¡Vamos a ver, hijitas, vamos a ver! Hay tiempo, de aquí al domingo, hay tiempo. (Rocío trae la otra fuente que está sobre la mesa de la cocina) (Prudencia le dice a Rocío) —Agrégale los huevos duros cortaditos que están en la heladera. No te olvides de cerrarla bien, que si no nos vamos a quedar sin hielo.
Silverio: (Alentador) —Y usted, Alfredo, se me ha quedado callado. Cuando menos se lo imagine, aparece también en auto.
Alfredo: —Yo no creo. Nosotros no lo necesitamos, viviendo acá. Usted sabe, en verdad, con el colectivo, el tranvía y el subterráneo, se llega siempre más que bien a todas partes. Tampoco es que salgamos tanto que digamos; excepto acá y a lo de mi mamá.
Pablo: —Por ese lado, Alfredo tiene razón. (A Silverio) —Acá en el centro, cada día se pone más complicado moverse en auto, es un verdadero problema. Todavía hay tanto carro, carrito y “la mar en coche”. En el abasto, ni les cuento, son un peligro. Ya les digo, para el que anda en coche, a ciertas horas, hay calles por donde, apenas, se puede avanzar. Igualmente, estoy pensando que ni bien se pueda, cuando se abra la importación, voy a renovar las dos chatas. Y para mí quiero un auto más moderno, más grande: un Studebaker, algo a la altura de los tiempos. Vamos a ver.
Juanita: ¡Ay, sí! No veo la hora, así éste me queda a mí, para andar por acá. No voy a ser la primera mujer que anda manejando su auto por Corrientes. (A Pablo) —Sino, mirá la mujer del Dr. Ovejeros.
Prudencia: —Ni la primera ni la última, ¡ni loca! Y usted, Pablo, ¡no se le va a ocurrir dejarla! (A Juanita) —Decíme, vos qué querés, ¿matarte en una esquina?, ¿no escuchaste a tu marido? ¡Qué esperanza! ¡Ni se les ocurra! (Entran Coqui y los chicos, con los encargues de la cocina).
Coqui: —¿Qué pasa, qué pasa? Me pareció haber escuchado que no saben qué hacer con el coche. (Mira a Pablo) —Yo ya tengo la solución, así no se pelean. Me lo prestan a mí y se acabó el problema. (Mira por la ventana) —¡Uy! Ya no queda ni un alma en la calle.
Silverio: (Sonríe a Prudencia) —¡Míralo a tu hijo, lo único que faltaba!
Chico 2: (Agitado, a la madre) —Éramos los únicos por la calle, casi. Me dio un poco de “cuiqui”.
Chico 1: —A mí, no. Yo no tengo miedo. (Al tío) —¿Tío Pablo se lo va a prestar al tío Coqui? Aunque sea una vez, ¡déle tío! (Miradas cómplices entre los tres)
Prudencia: —Pero, ¡qué tanto auto, ni tanto auto! ¡Todavía tienen que aprender a tender los calzones, por no decir otra cosa! A ver, traigan esas cosas para acá, que me las van a aplastar. (Ubica los paquetes) Y esto no se toca, hasta después de las doce. Es una sorpresa. —¡Ustedes, a lavarse las manos! (A las chicas) —Niñas, ustedes a ayudar con las copas y los cubiertos. —Juanita y Rocío, porque no vamos sirviendo la entrada, así ya la tenemos lista, que no se les desarme el arrollado. —¡Ah, Pablo!, por favor, las sillas que faltan, de la cocina. —Coqui, ¿lo ayudás a Pablo?
—Vos, viejo, ¿te alcanzo algo? (Don Silverio dice que no, gestualmente) ¿No te vas a poner la camisa nueva? (Silverio, cordial, dice que no).
Pablo: —Doña Prudencia, no tan rápido, tranquila. ¡Qué no dan las doce antes de tiempo! (Cantable) Apenas han dado las nueve, ¡y serena! ¿Por qué tanto apuro?
Prudencia: —Falta que diga: “¡Viva la Santa Federación!”. Miren al Don Federal, más vale que se apure con esas sillas; porque para antes del brindis, Coqui nos tiene preparada una sorpresa en el piano. ¿No es cierto, Coqui? Contáles.
Silverio: —Yo ya lo sé, y ya tengo ganas de escuchar.
Coqui: —Para no dejarlos con ganas, les puedo adelantar que se trata de: (pausa) Bloch. (Gracioso y grandilocuente) Nada menos que de Ernest Bloch. (Nadie dice nada). “Rapsodias Hebraicas”. (Sigue la expectativa). Me imaginaba que no lo conocerían. (Gestos de sorpresa y desconcierto ante lo desconocido del nombre).
Pablo: (Jocoso) —Pero, Coqui, ¿juderías en Nochebuena? ¡Con ese título!
Coqui: (Didáctico y cordial) —Nada de eso. Música, Pablo, buena música. (Con graciosa ironía) O ¿es que vos tenés pensado ir a la Misa de Gallo? (Risas) Además, el que selecciona es el que sabe: este humilde servidor.
Pablo: (Con cierta molestia) —Bueno, pero de todos modos, es música hebrea. ¿No decís que así se llaman esas sonatas?
Coqui: —Rapsodias, Pablo, son Rapsodias.
Pablo: —Como sea; pero el autor, seguro, es judío. Y, por supuesto, que no voy a la misa de ningún Gallo. Tampoco es que tenga nada en particular con tu buen gusto y saber. Yo digo, nomás, ¿no pegaría mejor para la ocasión, un Ave María o unos Villancicos Navideños?
Alfredo: (Discretamente molesto) —Faltaría, ahora, que alguno de nosotros se disfrace de Santa Claus y entre por la chimenea cargado de regalitos.
PRUDENCIA: —¡Pero, parece mentira! ¿Van a polemizar también por la música? Seamos agradecidos con lo que preparó Coqui.
ALFREDO: (Ahora conciliador) —Está bien, para cerrar la polémica, aclaremos antes de que oscurezca. (Mesurado, didáctico, cordial) Digamos que se trata de música moderna, apta para cualquier ocasión, de un autor judío, norteamericano, contemporáneo. (A Coqui, elogioso) —“Maestro Caqui”, hay que ver qué cosas ya está tocando el muy pícaro. Te felicito, dentro de poco: “al Colón”. (Más intimista con Coqui). —Aunque te confieso que a mí también me sorprende, porque es muy poco conocida. Yo escuché algo por radio SODRE de Montevideo, y te confieso que me gustó mucho.
Coqui: —Bueno, parece que ya tengo aliados. (A Pablo, que ha quedado algo herido, no enojado) —Pablo, yo sé que a vos te gusta el tango; pero estoy seguro de que esto te va a gustar. Después hago unos tanguitos para vos, ¿sí?
PABLO: —Siendo así, bueno, me convenciste cuñadito. Pero, el Ave María, eso no me lo podés negar.
Silverio: (Pensativo, reflexivo) —Una Noche de Paz, en guerra y con un judío exiliado en casa, no está mal para empezar la fiesta. ¡Claro que es una sorpresa, la de Coqui!
Prudencia: (Procurando distraer a su marido, con aire de maestro de ceremonia) —“Con exilio o sin exilio”, hoy, en exclusividad, para el barrio de Balvanera, (ríen) esta hermosa familia va a tener el inmenso placer de escuchar a su eximio y exclusivo concertista privado, interpretando al gran maestro, ¿cómo es que se llamaba? ¡Ah, sí!, don Ernesto Bloch. (Aplauden y ríen. Ellas salen, quedan los hombres solos)
Silverio: (Sonríe pensativo, se acerca su mujer y, por lo bajo, le dice) —¡Ay, mi querida Prudencia!, ¿qué sería de esta familia, sin “tanta Prudencia”?.
PRUDENCIA: —Y ¿qué sería, de “tanta Prudencia”, sin esta familia? ¿Sabés una cosa?, me empieza a cansar tanta prudencia. (Le acaricia la cara y sale).
Pablo: (Se ha quedado algo incómodo, le disgusta no tener la última palabra) —Don Silverio, disculpe que vuelva sobre el tema; pero ya que estamos hablando, ¿usted no cree que todos esos rumores sobre el trato a los judíos en Europa, son cosas que ellos mismos promueven en su beneficio, por sus propios intereses? Después de todo, no vamos a negar que ellos siempre han tenido problemas en todas partes donde han ido, hasta en Norteamérica. ¡Y mire que allí están muy bien! Yo no tengo nada en particular contra nadie; pero, no sé, algo debe de pasar, algo harán para que se pongan las cosas en contra. Francamente, no se sabe qué pensar.
Silverio: —Pablo, eso no. Yo creo que no se puede no saber qué pensar. Hay versiones en cuanto al trato que suenan terribles y, si el asunto fuera como usted dice, por lo que “harán”; bueno, pues que se diga, que se sepa, que se dé opción a la defensa.
Alfredo: (Con cierta ironía) —Parece que ellos, de lo que les pasa, no opinan. (A Pablo) —Lo que se sabe por la prensa no oficial, es que se los persigue y se los somete a todo tipo de vejámenes. Esto es realmente muy grave, y creéme Pablo, yo pienso, que lo que está pasando con ellos, podría estar preparando el terreno para cosas monstruosas en el futuro. Y lo que es peor, al amparo de la ley imperante del silencio. ¡Ojalá que me equivoque!
Silverio: —Ojalá, pero, justamente, por eso no hay que callarse. El silencio es la mayor trampa para el futuro.
Pablo: (Calma doctoral) —Señores, no hay que ser tan fatalistas. Puede que, en parte, haya algo de cierto en todo eso, pero no vamos a creer que se está preparando el fin del mundo. (Trata de ser agradable). Si el tratado de Versalles no hubiese sido tan lapidario con los alemanes, porque prácticamente se los borró del mapa con ese tratado, es posible que las cosas habrían sido distintas. Es un principio de acción y reacción. Pero, bueno, “siempre que llovió, paró”. No hay que magnificar, porque seguramente no será para tanto; además, yo soy un convencido de que las cosas pasan porque tienen que pasar. Discúlpenme, pero ustedes saben que yo no comparto sus ideas. Lo digo con el debido respeto, don Silverio. (Ya con serenidad, mira a Alfredo, minimizando lo dicho) —Alfredo, yo te entiendo, pero las cosas son como son y guerras hubo en todas partes y en todas las épocas, no es nada nuevo; además, si vamos a la historia, los grandes avances vinieron siempre después de las guerras. No quiero decir que esté ni bien ni mal, ¡de ninguna manera! Pero, así parece ser.
Prudencia: (Entra con fuentes) —¿Otra vez polémica en el mostrador? ¡Ah, no! Creo que, por hoy, es suficiente.
Rocío: (Entra charlando con su hermano Coqui) —Si algún productor te escuchara esta noche, estoy segura de que te contrataría. ¿Saben una cosa? Coqui me adelantó unos acordes con sordina. Es una melodía preciosa.
Silverio: —Así no vale. ¡Qué!, ¿tiene coronita tu hermana? (A Rocío) —En cuanto a eso de contratarlo, después de escucharlo, no te preocupes, Rocío, que si esta noche no pasa, mañana tu madre lo lleva al Colón. ¡Y a ver quién le dice que no! (Ríen, Coqui frunce el seño) —Es una broma hijo. Esta noche, “la consagración” y, mañana por decisión unánime, “al Colón”. (Todos cantan: “al Colón, al Colón”). (Ríen, festejan).
Coqui: —Entonces, como premio, también hay tango y valsecitos para la vieja. (La abraza).
Prudencia: —Bueno, bueno, ¿otra vez nos vamos olvidando de la hora? Les recuerdo que esta noche es Nochebuena y…
Silverio: —Y, mañana, es Navidad.
Prudencia: (Mira la hora, gran alboroto) —A ver, a ver, Juanita. —Rocío esas fuentes que faltan. —Chicos, chicas, todos a la mesa (hace palmas), que ya es hora de empezar. Hoy tenemos una cantidad de cosas ricas y un agregado sorpresa para el postre, toda una novedad. —Pablo, el vino; Alfredo, el sifón. —Chicas, vamos ¿Juani cerraste bien la heladera? (Con entusiasmo por ubicarse en la mesa, nadie repara por un momento, que Silverio se agarra el pecho con las manos y va cayendo lentamente sobre la silla, hasta que una de las chicas lo nota).
Chica 2: (Creyéndolo que se trata de una broma) —¡Abuelo, abuelo! ¡Mami, abuela!, ¡el abuelo!
Prudencia: (Agitación) —¡Viejo, viejo, qué te pasa! ¡¡No, por favor, viejo, no!! —¡Chicas, corran, papá está mal! —¡¡Pablo, Juanita, vayan a buscar a Corral!
—¡Alfredo, Rocío, hija, hagan algo! (Desconsolada) —Viejo, viejo... (Telón)

ACTO SEGUNDO

Madre consuelo: «Morir en vida no es muerte»

Escena 1

Doña Consuelo es una viuda de mediana edad. Vive con sus dos hijos: Alfredo, de 30 y Delia, de 27. Hace cuatro años, desapareció su hijo menor y, luego, falleció su marido. La escena transcurre una noche de sábado, en el Buenos Aires de fines de los años 70. Vemos a doña Consuelo desocupar la mesa del comedor y comenzar a ordenar algunas cosas para comer. Delia entra de la calle, con alguna mercadería, que dejará apoyada sobre la mesa.
Delia: —Mami, ¿a qué no sabés quién está internado? El papá de Juani, parece que anoche estaban cenando en familia, festejaban el cumpleaños de la mamá y, repentinamente, él se descompuso y lo tuvieron que internar. Parece que fue un ataque al corazón. Sigue muy delicado.
Consuelo: —¡No, no lo puedo creer!, con lo saludable que se lo veía. ¡Pobre hombre! Me imagino cómo debe de estar la mujer.
Delia: (Se dispone a planchar una pollera, sobre una parte de la mesa. Silencio). —¡Ay, mami, mirá, ¡no! Otra vez esta plancha. ¡Fijáte cómo me marcó el ruedo de la pollera nueva. ¡No, no! ¿Y, ahora, qué me pongo? Vas a ver, ¡eh! El día menos pensado te la tiro a la basura.
Consuelo: —¡Epa, momentito! Vos no vas a tirar nada. Las cosas, antes que nada, hay que aprender a usarlas; y, si no se sabe, se aprende. Yo ya hace treinta años que uso esta plancha y nunca tuve ningún problema. ¿A ver? (Se acerca) Pero si no es más que un roce. Con un poco de agua helada, sale. Te lo dije mil veces, tenés que tener el cuidado de desenchufarla unos minutos, a cada ratito. Lo que pasa es que calienta bien, eso es todo. La compramos con tu padre para cuando nos casamos. Yo jamás tuve ningún problema, y mirá que tu padre era bien quisquilloso con la ropa; él quería todo como de tintorería, aunque fuera el mameluco.
Delia: —Bueno, está bien. Dame que yo sigo. (Breve pausa) Mami, esta camisa de Alfredo, ¿te la plancho? Aunque para vos sea una maravilla, igualmente yo ya pensé, que para Navidad, te voy a regalar una más moderna, automática. Igual a ésta la podés seguir usando. Bueno, cuando se descomponga la nueva, por supuesto.
Consuelo: —Sí, claro; eso es seguro. Porque ésa no aguantará lo que aguantó ésta. (Con picardía, como quien no quiere la cosa) Nena, me pareció oír antenoche, que estaban hablando de boda con Javier. Entonces, ¿ya tienen fecha?
Delia: —Hablar, siempre se habla de eso. Pero todavía no hay fecha. No bien se reciba, ponemos fecha. Su papá le dijo que, si queríamos, podíamos ir arreglando la casita del fondo de la casa, que era de la abuela, como para arrancar.
Consuelo: —Y vos, ¿qué pensás de eso? Aunque a mí me parece que…
DELIA: —Que está bien. Total, una vez que Javier consiga un buen trabajo, más con lo mío, aunque no sea mucho, algo es algo. Quiero decir, no nos vamos a quedar allí para siempre. Además, yo pienso que no es necesario tener todo listo para casarse. Igualmente, vamos de a poco, como decía papá. Todo junto no se puede.
Consuelo: —¡Ah, bueno! Entonces, todavía les falta bastante, yo pensé que… Lo importante es que Javi se reciba. El año pasado era para este año que él terminaba, y ahora parece que no…
Delia: —Bueno, mami, no es fácil. Veterinaria es una carrera, que ya de por sí, es complicada. Él estudia, estudia; lo que pasa, es que no tuvo suerte con algunas materias; pero ahora, con las que le quedan… (Entra Alfredo y molesta a Delia. ¡Mirálo, mami, decíle que la termine! —Alfredo no seas hincha, querés. Parecés un chico tonto. ¡Este chico!
Alfredo: —¿Qué pasa con el veterinario? ¿Se le ha extraviado una vaca? Claro, por eso ahora no se casa hasta que no aparezca la vaca.
Delia: —Mami, decíle que la termine. (A Alfredo) —Más vale que no digas nada. Mirá vos, con treinta, y no se te conoce novia, ni apuro. Así que mejor no digas ni una palabra al respecto. Chito.
Alfredo: —Ni falta que me hace. Si elijo a una, pierdo tres. No es negocio, hermanita. ¿No te parece?
Consuelo: —Él está bien así. Por ahora, no le hace falta nada. Tiene tiempo de sobra para pensar en eso.
Delia: (Irónica) —¡Ah sí, qué bien! Javier, con veintiséis, “más vale que se apure”; pero este “mamerto”, con treinta, tiene todo el tiempo del mundo. ¡Será para vestir santitas! Y, también, no es para menos, con semejante “madrecita” de hijos varones que le tocó al tonto. (Silencio)
Consuelo: —Sí, dos. He criado dos varones.
Delia: —Disculpá, mami.
Alfredo: —¿No ves que estamos bromeando, vieja?
Delia: (A Consuelo) —Es que me parece que lo consentís demasiado, y… ¡ufa, mami!, no quise herirte. Sabés muy bien que lo de Coqui nos duele a los tres, todos los días.
Consuelo: —Lo sé, hija, lo sé. Sólo que, bueno, no sé…
Alfredo: (Motivador) —¿A ver, Consuelito? Dale, vamos. A ver, ¿qué le preparaste de rico a este hambriento malcriado? Mirá que es mucha la energía que necesito allá fuera. Esta noche tengo que gritar los goles que les vamos a hacer a esas gallinas. ¡Vamos, vieja!, que hoy juega River en la Bombonera, y estamos todos, la oficina entera. Una cita de honor, con intereses divididos. Eso sí, sólo en la cancha. En la cancha, únicamente; afuera, somos todos amigos.
Delia: —¡Otra vez, no, che! Entonces, ¿hoy, mami se queda sola de nuevo? ¡Ah, no, querido! Quedamos que vos, hoy, no salías. Un sábado cada uno era el trato, ¿te acordás? Así no vale.
Alfredo: —Hermanita, ésta no es una salida, es un compromiso de honor. Una batalla y una fiesta. Cuando jugamos contra las gallinas, no festejamos el triunfo, festejamos la derrota, ¡la derrota! Y todos juntos. Me parece que vos todavía no captaste la esencia del “fulbo”. El “fulbo” es… una devoción. Y Boca, cómo decirte, es la Catedral de esa devoción. ¡Qué digo! Boca es el milagro encarnado. ¿Se entiende?
Delia: (Irónica) —¿Ah, sí? Muy bien, devoción, catedral, compromiso de honor; no me suena nada lindo lo tuyo, hermano. Mejor andá enterándote de que hoy, mami no se va a quedar sola y no, precisamente, voy ser yo la que se quede a hacerle compañía. ¡Alfredo! Hoy, yo te dije clarito que…
Alfredo: (Buscando, infantilmente la aprobación, se para frente a ella y le pone una mano en el hombro) —Que todo por el “fulbo”, eso dijiste. ¡Así se hace, hermanita! (Le da un beso amistoso, y se aparta)
Delia: —Mami, decíle algo a este chico, ¿no ves que le falla algo?
Consuelo: —¡Ustedes hagan lo que tengan que hacer! Vos, Deli, no se te ocurra pensar en quedarte en casa. Lo mismo que vos Alfredo; ¡vía, vía! Hoy, quiero estar tranquila, aunque no lo crean. Eso de tenerlos todas las noches acá metidos, me cansa. Sí, aunque no lo crean. Así que ¡a volar!, al menos una noche me va a venir muy bien, ¿no les parece?
Delia: —No, la verdad que no; realmente, no me parece. Después de todo lo que vos hacés por nosotros. No me parece justo.
Consuelo: —Pero, ¿de qué tienen miedo? Si no hay nada qué temer. Me gusta estar sola.
Alfredo: —Entonces, ¿por qué cada vez que llego tarde, siempre te encuentro despierta, esperando?
Consuelo: —Eso es porque no tengo sueño. O ¿qué pensabas?
Delia: —Mami, ya te dije, es el cumpleaños de la madre de Javier. ¿Por qué no venís conmigo? ¡Mirá que estás invitada! Te lo dije y también te lo dijo Javier.
Consuelo: —Sí, lo sé. Ellos son muy atentos. Igual, ya le alcancé el regalito el otro día. Una pavada, pero quedó “chocha”.
Delia: —Sí, me contó. Pero no me cambies de tema, no se trata de eso. Es que salir te cuesta un montón. ¡No salís nunca, mamá!
Consuelo: —Pero, no hay caso, ¡eh! Esta chica no entiende, parece sorda. Acabo de decirte que quiero un poco de tranquilidad. Estar solita. Yo, con mis cosas y en mi casa, estoy más que acompañada y, a mi manera, me distraigo. O, ¿qué piensan que soy tonta?, ¿qué no puedo arreglarme sola? ¡Se acabó! No se discute más. Vos, Alfredo, cuídate y no te separes del grupo. Y me despertás no bien llegues. Y vos Delia, hija, no quiero que vuelvas sola a esas horas de la noche, así que te quedás en lo de tus suegros, pero me llamás a última hora, y me contás cómo estuvo el cumple. Yo, por ustedes, para que se queden tranquilos. ¡Ah!, y mañana me traés un pedacito de torta, si queda. (Risas y miradas de los hijos)
Alfredo: —Mami, yo no pensaba volver a casa. Me voy a lo de un chico amigo: el pelado. Me queda más cerca y, mañana al mediodía, estoy aquí para los ravioles ¿sí?
Delia: —¿El pelado?, ¿chico, ése? ¡Ese chico no será gallina; pero, igualmente, no se cocina de un hervor, hermanito!
Alfredo: (Irónico) —¿Mirá, vos? Siempre te gustó el pelado, y más vale que te fijes en la gallina que tenés al lado. No creas que es tan pollo que digamos. Decíle que mejor que encuentre a su vaca de una buena vez. No sea cosa que se reciba de veterinario, justo el día en que le sale la jubilación como estudiante.
Delia: (Se señala) —Lo que buscaba, ya lo encontró, querido. ¡Y bien en línea! (Se señala) ¿Pero, vos que tenés que hablar de tu cuñado? Porque andá haciéndote a la idea, de que en breve, vas a tener que presentarlo a tus amiguitos como: “mi cuñado”. Vos mucho “bla, bla”; pero, decíme, vos, ¿para cuándo? (A la madre, hace gestos) —Para mí, que tu hijo es un poco “rarito”; porque novia, lo que se dice novia, nunca. (Risas).
ALFREDO: —No me jodas, nena. Mirá que…
Consuelo: —¡Chicos, chicos! Que ya me estoy sintiendo como en un gallinero con tanta gallina y tanta bosta. Pero, ¿ustedes no saben hacer otra cosa, más que discutir y discutir? ¿Cuándo van a crecer, cuándo? (Mientras, en un costado de la mesa, le sirve la comida a Alfredo, que come a medio vestir. Consuelo entra y sale a intervalos).
Alfredo: (Se queda pensando un rato y toma aire, serio) —Ya ves, “a palabras necias de muchachita despechada, oídos sordos de hombre sereno”. (Se sienta a la mesa) A ver, quién me va a preparar estas milanesas, ¡no, hermanita! (Pausa). —Yo prefiero, por ahora, estar así. No quiero tener que pasar por lo mismo. Con lo de Coqui y el viejo, me basta. Te casás, armás algo, tenés hijos, te encariñás y, al final, como están las cosas, ¿quién te asegura qué?
Delia: (Cordial y sentida) —En este país, todos corremos el riesgo. Cada día, lloramos y rabiamos por lo que se pierde, y por lo que te quitan. Sólo que se trata de otra cosa. Igualmente, tenés que seguir. Es preciso seguir. Ahora, ¿qué vas a ser?, ¿un solterón empedernido toda tu vida? (Recupera el ánimo) —Mirá que, después, yo no pienso darle asilo en mi casa a un hermano solterón, ¡qué esperanza!
Alfredo: —Rabiar, llorar y seguir. Sí, de hecho, es lo que hacemos; pero, sin lágrimas. Hace rato que esta tierra se está llorando todo, Delu. Todo, ¿no te das cuenta?
Consuelo: (Entra con café) —Se llora. ¡Sí, que se llora! Y lo peor es que no hay consuelo. Lloras por lo que se pierde, por lo que te roban, por lo que te arrebatan y te matan. Y, como si fuera poco, también, por lo que no podés. Parece que, por ahora, no se puede hacer otra cosa más que llorar y seguir llorando; pero, nunca llega a ser suficiente. Sí, es cierto. Hasta ahora, sólo he podido llorar. Parece que no supiese hacer otra cosa. Si, al menos, pudiera salir a la calle y gritar a toda voz este dolor. Debe de haber tantas como yo.
Alfredo: —¿De qué te serviría, vieja?
Delia: —¿Cómo que de qué me serviría? El grito de muchas no es el mismo que el de una sola. Yo también puedo gritar.
Consuelo: —Quizá los que vienen. Yo estoy muy cansada, para pensar en otra cosa que no sea… tengo tanto miedo… por lo pasado, por los tiempos que vendrán. Me pregunto, cuál será el precio de lo que les tocará vivir a ustedes.
Delia: —Mami, no digas así. No hay por qué pensar en seguir pagando nada, y menos con el dolor y el sufrimiento. Porque, entonces, estás pagando con la vida. No, no hay cambio que pueda costarnos tanto. ¿Te parece poco, todo lo que se ha pagado? Hay que madurar el grito, para cuando se deba; pero, sin morir. Así, no.
Consuelo: —Tenés razón, hija, tenés razón. Me hace bien, me da coraje escucharte. Seguro que ustedes y los hijos de ustedes tendrán otra vida. Mejor, más plena, más segura. Siempre ha sido así, como el tiempo. A las tormentas les sigue el buen tiempo, y al buen tiempo, la tormenta. Pareciera ser que las cosas de este mundo se producen por ciclos. Pero, lo que no hay que malograr de la vida es la convicción. Y la esperanza. (Pausa)
Delia: —Entiendo, mamá; pero, no estoy de acuerdo con resignarse a los hechos, tal como se presentan. Los males de la sociedad no son tan tolerables como los de la naturaleza. Creo que no, mami. “Felicidad” debería ser el sinónimo más cercano a “vida”. ¿Quién habrá pensado tan mal las cosas, con tanto error? Porque la naturaleza misma de las cosas nos da un mensaje muy distinto. Pero, a la naturaleza de las cosas, nadie la escucha. Yo no entiendo, nunca voy a entenderlo.
Alfredo: (Se acerca a Delia y la toma del hombro) —Delu, a las cosas no las piensa nadie en particular. El poder y los intereses ni piensan ni se sujetan a las leyes. El poder está muy por fuera de la naturaleza de las cosas. Pero, tiene sus cómplices. (Pausa) —¿Sabés lo que creo? Que los que vendrán después, van a nacer con el alma quebrada y con las uñas de acero. ¡Cómo bayonetas! Parece una barbaridad lo que estoy diciendo. Las armas son la siniestra, última razón de quienes las empuñan. (Recomponiendo el clima grato del principio). Igualmente, ustedes, señoras mías, piensan demasiado, y no está mal que así sea. (Haciéndose el gallego) “Eso tiene ser mujer”, como dice la madre Bernarda de Lorca. Madre Consuelo, como ya lo dije más de una vez, no bien se pueda, nos vamos derechito a Barcelona, a la tierra del abuelo. Nos vamos a lo de doña “Madre Patria”. Ella todavía nos debe una invasión, y casi seguro, que debe de estar esperando como una abuela amorosa a sus nietos; con la mesa tendida, repleta de delicias para reparar los daños. No precisamente por tan buena, sino más bien por la culpa.
Consuelo: —¡Che, nene, no hablés mal de la “Madre Patria”! A ver si todavía, a ver si todavía. ¡Ah!, ya no sé ni lo que iba a decir. A veces, hijo, prefiero que hables del fútbol y esas cosas. (Pausa) —¡Mirá que irse a vivir a España!
Alfredo: —Me pasa que a pesar de lo que digo, (payasea) yo me siento todo un galleguito.
Consuelo: —Andá, salí de acá, indio mataco. Así te decía tu padre: “mataco”. (Con mucha ternura) “¡Mirá qué negro fiero nos salió éste”, eso decía el pobre viejo.
Delia: —El abuelo era madrileño. Madrid, seguro que debe venir de madre.
Alfredo: —¡Mirá la etimologista! ¿No ves?, ¿no ves que es una salame? ¡Mirá lo que va a preguntar! Menos mal que no está su prometido. A ver si, en una de ésas, se desilusiona, y nos deja el clavo en casa. Nena, Madrid viene de “Matriz”, y ese nombre se lo pusieron los moros. Bien que a ellos, también, la “matriz” patria les debe lo suyo. Bueno, está bien, nena, para que no llores más; creo que quiere decir lo mismo y como toda buena madre le debe siempre algo a su hijo; yo creo, Consuelito, que me estás debiendo a mí, el postre. ¿No, qué sí? (Consuelo le trae postre; él, atento). ¡Mami! ¿Vos no pensás comer?
Consuelo: —Vos comé tranquilo; que yo, después cuando ustedes se vayan, me doy una duchita y, mientras me tomo mi vermucito, me preparo algo rico, pongo la tele y, tirada en el sofá como una reina, me relajo, ¡qué buena falta me hace!
Delia: —Mami, ¿en serio, no querés que me quede con vos? Mirá que la mamá de Javier lo va a entender. O, si querés, me vengo temprano.
Consuelo: —¿Pero vos sos sordita, también? Te lo acabo de decir, ustedes se van, y yo voy a quedarme viendo la tele, que los sábados dan buenas películas. Así, descanso un poco de los dos. (Enciende la tele. Breve pausa). Eso sí, espero que me llamen, no bien puedan. (Apurando) —Delu, ¿qué esperás para terminar de vestirte? ¡Terminá, de una buena vez! Mirá que en cualquier momento te pasa a buscar tu novio. ¡Hijos! Se les va a hacer tarde, y yo voy a perder la peli. (Apagón)
Consuelo se halla sola en la sala. Viste una salida de baño de hombre. Un pañuelo blanco le sujeta el cabello. Se sirve una copa, apaga la tele, y pone un disco de música ciudadana en el Winco: “Adiós Nonnino”, de Piazzola. Sutilmente, sigue con el gesto algunos pasajes. Mira unas fotos sobre un mueble, pasea placentera, sentida, baja el volumen del aparato. Y dice, mirando las fotos:

ESCENA 2

—¡Mi papá, mi viejito! Parece mentira que me hayan pasado tantas cosas. (Deja la foto del padre) ¡Lo recuerdo como si fuese hoy! Solía jugar a la “escoba de quince”, en la galería de la casa, con don Sixto, su vecino-amigo. Todos los domingos a la tarde. También recuerdo como si fuera hoy algo que solía repetir don Sixto, que no se me borró mas: “Los males de la naturaleza nos hacen cuidar la Vida; los males de la sociedad, nos hacen desear la Muerte”. (Breve pausa) Con el tiempo, fui entendiendo aquello que escuché de chica.
(Toma otra foto) —¡Pobre esposo mío! ¡Qué mal! ¡Qué sola me dejaste! Y, sin embargo, si supieras cuánto te envidié aquella tarde, cuando te vi tirado en el piso del comedor. No te escuché soltar ni un solo quejido. Ni un solo ruido. Muerto, ¡ah! Y pensar que, mientras vos morías, yo te preparaba el mate. ¡Qué ironía! Juro que pasaré mis últimos años, espero que sean breves, de este modo; así, recordándolos siempre en soledad. Terrible tiempo de soledad. (Escucha el silencio, se mece y camina) —¿No es hermoso, hijos míos? (Camina por el cuarto, como dando la mano a niños invisibles) Así, caminábamos juntos por la calle, a la tardecita. O por el parque, oliendo la tierra, tirándonos en el pasto. Sí, como cuando yo era chica, y lo hacíamos con mi madre. ¡Hace tanto tiempo! (Pausa)
A eso de las dos, llegaba Coqui del Conservatorio, se encerraba en su pieza y meta con el piano y el estudio. “Mami, cuando me reciba”, solía decirme. Y que esto y que lo otro. Él era un jardín en primavera, tan cuidado, tan lleno de vida, tan pleno de proyectos, de música y de palabras. (Danza) Y la casa es ya, todo música, la casa es todo piano. (Seria) Todo recuerdo. (Danza unos pasos más. Se sirve otro poco de vermouth).
A eso de las seis, llegaba Alfredo. Cuánto orgullo, cuánta confianza había en ese padre por esos hijos, cuánto. Pero ¡cuánto padre había! Se sentaba conmigo, en la cocina, a tomar mate y a charlar. Al cuchicheo, claro, para no interrumpir al hijo. “¡Shh!, más bajo, que el chico estudia”, yo le decía. “Y a vos, ¿cómo te fue hoy? ¿Y Delu, a qué hora viene?” Preguntaba, aunque bien sabía que ella llegaba una hora después que él. Y que Alfredo no llegaba hasta la noche. (Pausa).
Después que se llevaron al Coqui, cuando logramos que el comisario nos escuchara, nos dijo: “Ustedes tendrían que haber estado más atentos a las compañías de su hijo, y más en estos tiempos, señora”. ¿Más atentos? ¿Qué tiempos son estos, en que los chicos desaparecen por una cuestión de compañía? ¡Más atentos! “Mire, Señor, le dije. Yo no conozco un padre más atento de los hijos que éste”.
Usted se equivoca. “Un padre no tiene que estar atento a las compañías, sólo tiene que conocer bien a sus hijos, eso es todo”. ¡Qué iban a entender esas bestias! Yo bien sabía que él, sólo estaba recitando un versito y nada más. El mismo verso conmigo, con ésta, con aquélla y con la otra. ¿Qué se yo, cuántas veces, el mismo verso?
Las compañías. Más que por las compañías de mi hijo, de lo que hay que cuidarse es de las “Compañías del Ejército”, que hacen desaparecer hijos de diecinueve años. A esa edad, vos lo podés aconsejar; pero, ¿atarlo a la pata de la mesa?, ¿tenerlo bajo las polleras? ¡Qué esperanza! ¡Así no se puede! (Breve pausa).
Recuerdo cuando Coqui vino con la novedad de que había sido elegido por sus compañeros, para formar parte del centro de estudiantes. A mí y al padre no nos gustó la idea. Somos cagones, e intuimos que era un riesgo, porque sabíamos que las cosas no andaban nada bien. Pero no sabíamos cuánto. ¿Qué nos íbamos a imaginar? Fui yo quien más se opuso y, como el padre siempre tuvo la última palabra; finalmente, dijo: “Déjalo, Consuelo. Tiene que aprender a resolver por sí mismo y con sus pares, los problemas del lugar donde está. Y hoy está allí. Ése es su lugar. Ya no es un chiquilín”. (Pensando en voz alta).
¡Un centro de estudiantes! (Casi gritando, con impotencia). ¡¡Pero, si es sólo un Centro de Estudiantes. (Grito de dolor) ¡¡¡Qué les pasa?!!! (Sollozando, y ahora más calma). ¡Cuánta, pero cuanta culpa, sintió ese padre, cuando hicieron desaparecer a ese hijo! (Pausa) “¿No te parece hermoso, Consuelo? Tres hijos que valen lo que pesan y, para remate, el más chico, el benjamín, nos salió artista y discutidor”. Desde chiquito que discutía todo…
”Si el Centro de Estudiantes es su lugar, allí tiene que estar”, me decía el viejo. “Yo, a su edad, sabía sólo del trabajo en el taller del viejo, de la mañana a la noche, y nada más. Para quedado, ya es suficiente conmigo”. Y se reía. (Pausa).
(Al retrato del marido) —¡Sos un comprador y un salamero. De verdad, siempre me convenciste como quisiste! (Deja el retrato).
Y el chico tuvo el permiso. Permiso para “esas compañías”. (Pausa)
No, ni él, ni su dolor resistieron la ausencia.
Y se dejó morir; porque, viejo, vos te dejaste morir.
Yo no. Yo, en cambio, acá estoy. No entera; pero, de pie.
Me pregunto si un hijo vivo debe ser a cualquier precio: ¡No!
Yo también. Prefiero ser la madre de uno de los desaparecidos, que la madre de uno de los asesinos. (Pausa. Apenas grita)
¡Maldita sea esta sed de vivir que tengo!
Por ellos, que ya no están. Y por estos dos que adoro. (Pausa).
Hay momentos en los que me parece estar metida en una gran fosa.
Así y todo, no sé cómo; pero, aquí estoy, para seguir. (Comienza a danzar el final).
Vivo con todo este dolor a cuestas. Con todo este llanto que no cesa, ni me deja cesar.
Aunque nadie lo vea, aunque nadie lo oiga, porque el dolor del alma es así; Coqui y el viejo, se me llevaron casi todo.
Y, sin embargo, aquí estoy. Porque es necesario, es absolutamente necesario, que yo siga esperando hasta el fin. Hasta el final.


ACTO TERCERO
Madre Soledad: “vivir en muerte no es vida”

ESCENA 1

Soledad es una bella mujer de treinta y cinco, madre de tres hijos: dos varones y una mujer. Ariel, de dieciocho; Nahuel, de diez; y Nadia, que está embarazada, tiene dieciséis años. Viven en una modesta casita de una barriada del conurbano bonaerense, ambientación; año 2000 en adelante. El lenguaje usado por los personajes es el propio del lugar. El cuarto es humilde, con un mobiliario desvencijado y escaso. Sobre una repisa, un suntuoso equipo desde el que se escucha música cuartetera o cumbia villera, a todo volumen. Vemos, desparramados, a Ariel y a Nahuel, en un sillón-cama, holgazaneando. Muy cansada, Soledad entra con unos papeles y planillas en la mano.
Soledad: —¡A ver si bajan esa música! ¡Se escucha desde la otra cuadra! (Como no le hacen caso; va ella y baja, enérgicamente, el volumen. Quejas de los chicos) (A Ariel) — ¡Vos, mocoso del diablo!, ¡ya mismo te ponés a hacer los deberes! A ver, dame ese cuaderno, traé para acá. ¿Ves? Todavía tenés todo por hacer, ni una letra escribiste desde que me fui esta mañana, no hiciste nada. A ver, decíme, ¿qué hiciste en toda la mañana? Si yo no vengo, seguro que te vas a la escuela con todo sin hacer. Después, soy yo la que tiene que escuchar a la maestra. Y vos, Ariel, rapidito te me levantás de esa cucha; porque esto parece cualquier cosa ya, menos una casa.
ARIEL: —¡Ufa, che!
SOLEDAD: —¡Ufa, nada! Esto parece cucha de perros. Semejante grandote vago: (grito) ¡Levantáte, querés! ¡Ya mismo! (Amenaza con la mano). Y, por favor, ordenás todo eso. ¿Qué somos, villeros, ahora, para vivir así? ¡Lo único que faltaba! ¡Villeros, parecen! ¡Tss, mirá cómo está todo! No fueron capaces ni de barrer, siquiera. A ver, Ariel, poné la pava.
Ariel: —¿Ves, ves? ¡Siempre lo mismo! Te la agarrás conmigo. ¿Por qué no le decís a ese pibe?
Soledad: —Porque ya le dije que tiene que hacer los deberes.
Nahuel: —Mamá, ese boludo estuvo toda la mañana jodiéndome.
Ariel: —¡Calláte, pendejo! ¿En qué te jodí, yo? ¡A ver, a ver, decíme!
Nahuel: —Sí, me jodiste todo el tiempo con la ojota. (A la madre) ¡Mamá! Todo el tiempo me saca las ojotas y me dice: “trolo de mierda”, y al Cristian también…
Ariel: —¿Qué decís, nene? ¿Está loquito este pibe? (A la madre). Mmm, este pibe está chapita.
Soledad: —Mirá, Ariel… Mirá que yo a vos te conozco muy bien. ¡Semejante boludo grandote que sos! ¿A vos te parece? ¡Con la edad que tenés!, tendrías que darle el ejemplo a tus hermanos, che. (A Nahuel). —¡Y vos!, ya te lo dije bien clarito: te ponés a hacer los deberes sin chistar. (Ariel hace muecas) —¡Ariel, dejá de hacer muecas! Andá, empezá el mate y poné a calentar la sopa. ¡Ay, ay, ay!, si yo no estoy, ustedes serían capaces de pasar de largo sin comer. ¡Par de vagos, me salieron!, que si no les estuviera yo encima se los comen los piojos.__Andá, Ariel, pone la pava de una vez que quiero tomar unos mates. (Al ver que Ariel no hace nada, le vuelve a gritar) ¡Ariel!, ¿me vas a hacer caso?
Ariel: —Sí, ya la puse. Y a vos pendejo, cuando duermas te voy a agarrar del cogote. (Por lo bajo) Ya vas a ver, buchón de mierda, trolo alcahuete.
Soledad: —¡Dije que basta!
Nahuel:—¡Sí, má, es cierto! Me quería ahorcar, me agarró del cogote así, ¡mirá!, (se agarra) y me dejó sin aire.
Ariel: —No ves, pibe, que inventás todo. ¡Mirá cómo inventa! Lo único que te digo, es que si seguís usando mis cosas, ya vas a ver, ¡eh!
Nahuel: —¿Qué cosas te uso? A ver, ¿qué cosas?
Ariel: —¡Todo, nene! La remera de “Pibes Chorros” y las zapatillas nuevas.
Nahuel: —¿Qué te voy a usar yo eso, nene, si a mí me queda grande?
Soledad: —¡Ay, Dios! Pero, ¿será posible, Nahuel? ¿No sabés callarte un poco? (Ariel trae el primer mate. Una olla y un par de platos que pone sobre la mesa. Sentada, Soledad revisa los papeles mientras, esporádicamente, alguno se sirve y come algo). Con ustedes no hay caso, ya no sé qué tengo que hacer con ustedes dos. Me van a volver loca.
Ariel: —¡Bueno, que la termine el! Lo mismo que su amigo el Cristian, a ese pendejo de mierda cuando lo agarre, lo voy a colgar del forro del culo. (Por lo bajo, a Nahuel) —Ya vas ver ¡borreguito! (A la madre) —¡se la pasan meta hacerme burla! ¿Qué se creen, que no los veo? ¡No paran, mami, no paran! Vos, porque no estás.
Soledad: —¡Ariel, basta! ¿Cómo te lo tengo que decir?...te pensas que me gusta no estar en casa¡?...Tu hermano es más chico. Vos tenés que darle el ejemplo. Mejor sería que te buscaras un trabajo; ¿qué pasó con el quiosco de la plaza? (no hay respuesta, ella acota) __Ya sabés cómo terminan los vagos, ¿se enteraron lo del novio de la Ramona? (Caras como de saber de que habla) No dicen nada, porque saben clarito que lo mataron de un tiro. Eso fue la mala junta, seguro, por eso nadie dice nada. La pobre madre tuvo que ir a reconocerlo a la morgue. ¿Te parece lindo?
Ariel: —¡Ufa, má!, ¡qué tiene que ver! La tenés con el trabajo, otra vez. Y si no encuentro, no pasa nada.
Soledad: —Más vale que encuentres algo porque yo, con lo del plan y con lo poco que saco por mi cuenta, no llego a ningún lado. Apenas si alcanza
Ariel: —¿Y con lo que te paga doña Tota?
Soledad: —Eso, lo de doña Tota, lo tengo hasta la semana que viene, y después, se acabó el sueldito. Gracias a Dios, que mi tía me paga la luz y la garrafa.
Ariel: —¿Qué pasó con doña Tota, te echó?
Soledad: —a mi nadie me echó nunca de ningún lado. Lo que pasa es que por ahora, me va a dejar así nomás, porque su hija va a tener familia y su yerno se quedó sin trabajo. Así que la pobre va a tener que ayudarlos, y si me paga a mi, no puede, con todo no puede. Yo la entiendo a doña Tota.
Ariel: —¿Viste, viste, que ese pibe, el machito de la hija, no trabaja tampoco?
Soledad: —El pibe no trabaja, pero trabajaba como un negro en la enlatadora. Lo echaron por falta de trabajo. Como estaba en negro, no le dieron nada. Pero yo que lo conozco, te digo que el pibe en el momento menos pensado, encuentra otra cosa. ¿Qué va a hacer si lo echan? En cambio, vos, ni vas al colegio, ni trabajás, ni hacés nada. Sólo me rompés la paciencia todo el día; y, a la noche, te borrás de la casa, te creés que no me doy cuenta que esperás hasta que yo me duerma, y te mandás a mudar. ¡Shh!
Ariel: —¿Y qué querés que haga? Si vos nunca me dejás. Además, me junto con los pibes en la esquina. Aparte, al colegio, no voy, porque no me quieren dar la “rincorporación”. Yo, ¿qué culpa tengo?
Nahuel: —¡Sí, ja, ja! ¡Por chorizo! Dirás que no te quiere la dire.
Ariel: —(Amenazante) ¡Vos cállate, pendejo! ¿Ves, má? ¡si te agarro, te mato! (lo corre)
Soledad: —¡Nahuel, podés terminarla con tu hermano! (A Ariel) —Estuve con la directora del colegio, y me dijo que si quiero el año que viene, podrías ir a una escuela para adultos. Le dije que sí, que con tal de que termines el colegio de una vez, vas a ir adonde sea. Ella me va a preparar todo y me va a decir cuándo tenés que anotarte. Mientras tanto, algo tenés que hacer. ¡Si al menos me ayudaras con la casa! Pero, no. El señor nunca ayuda en nada, todo tengo que hacerlo yo.
Ariel: —¿Sí, y quién barrió el patio? ¿Y el mate, eh? Avisá, ¡eh! ¿Y Nadia? Ella es mujer. Y para que sepas cuando los otros días te dije que iba a trabajar con el Beto, vos no me dejaste.
Soledad: (Mira a Ariel) —Mirá, mejor no me hagas hablar, ¿querés?, o ¿pensás que tengo ganas de ir a visitarte a una comisaría? ¡Con el Beto, nada menos! ¿Te creés que no sé cuál es el trabajo que hace el Beto? Y la Nadia, ella hace lo que puede. ¿Cómo querés que se mueva esa chica, así con esa panza, no ves cómo está? Ella siempre me ayudó, ahora que no puede, vos tendrías que ayudar en la casa. Pero, no… ¡Si sos igualito a tu padre, un servido de la madre que prefería dejar la plata afuera, los sábados y domingos afuera con los amigos, “la junta”! No fue capaz de pintar la casa ni una sola vez, ni de arreglarme una silla. ¡Nada! Mejor que se fue, una boca menos que llenar. Tuve que pintar yo, con mi tía, que da gracias que me ayuda en todo, que si no fuera por ella. Ahora, hay que cortar el pasto del fondo que parece un potrero; la tía me dijo que me prestaba la bordeadora. Y ¿qué hacemos, quién lo tiene que hacer, también yo?
Ariel: —¡Con el calor que hace! ¡Estás loca, vos! Me querés agarrar una insolación, eso lo que querés, ¡bronca me tenés!, ¡por eso! (Seductor y haciéndose el gracioso) Y para que sepas; yo, a ese tipo, tu marido, no me le parezco. ¡Bah!, por el nombre nada más, por eso nomás. La única vez que vino desde que se fue, se apareció con el equipo de audio, ¡una masa! Todo para quedar bien y, después, tuviste que pagar las cuotas vos. Si yo traigo algo, lo traigo y listo. No soy como él, para que sepas.
Soledad: —De lo que vos traés, nene… Mmm, mejor no hablar. Y del equipo, es cierto, todavía me faltan tres cuotas y no le debo nada a nadie. (Pensativa, toma el mate y monologa).
La verdad que cada vez entiendo menos. O debe ser que ya no tengo ni tiempo de pensar las cosas. ¿O será que me estaré volviendo loca o vieja? No sé.
Me la paso de lunes a viernes, toda la santa mañana haciendo cola en un lado o en el otro para conseguir alguna cosa… Cuando no es en ese dichoso tribunal, es en el hospital, o en el servicio social, o en el colegio, o en el banco para cobrar el plan. ¡Qué se yo! (Pausa) Lo único que faltaría, también, es que un día tenga que esperar a la puerta de una funeraria. ¡Dios nos libre! No hay puerta que no me conozca de memoria. ¡Ya basta! (Recompone el discurso)
Con lo de tu padre en el tribunal, me dicen que lo citan, pero que él no se presenta. Yo sé muy bien que él fue y seguro lloró tan bien la carta, que por eso no pasó nada. Ellos dicen que lo citan por cosas distintas, que una cosa es la cuota, y otra cosa es la visita. Porque él no sé que fue a decir allá de mí. Decí que la jueza, a mí me conoce bien. Por suerte, ahora parece que le van a unificar todo y que después de las fiestas, lo van a volver a citar. Será para febrero, porque no trabajan todo enero. Yo le dije: “Pero ya va para dos años, ¿hasta cuándo hay que esperar?”. Total a ellos no les pasa nada, me pasa a mí… ¡sh! Que lo busquen con la policía, le digo, ¿para qué están? (En cada cita, ella imita la voz del locutor judicial). “Sí, señora —dicen— llegado el caso se lo citará por la fuerza pública. Usted no se preocupe; peeero…, vea, que si el hombre no trabaja, usted entenderaaaá queee…”. Sí, le digo, si no trabaja. Pero yo sé bien que está cobrando dos planes. No uno, ¡dos! ¡Al menos que me pase algo! Yo sola no puedo con todo. Él tiene que pensar que tiene tres hijos. ¡Yo no le pido que me cuente a mí! Es el padre y tiene que hacerse cargo, ¿no? “Usted tiene toda la razón; pero mire, Soledad, (porque la doctora me dice Soledad; el doctor, no; él me dice ‘señora’) no se preocupe —me dice ella— que en eso estamos. Además, mire que su caso no es el único”. Bueno, menos mal, le digo. ”Pero vea, que si es como usted dice, que él cobra por dos planes; entonces, corre el riesgo de que se quede sin ninguno y, bueno, tenemos que ser cautelosos, y ver cómo hacemos para que usted y sus hijos tengan lo que le corresponde. Que para eso estamos”. Y sigue:
“Sólo hay que tener paciencia, esto lleva su tiempo. Si se quieren hacer las cosas legalmente, como corresponde, se necesita tiempo. Usted comprenda que estas cosas no son de la noche a la mañana. Mientras tanto, ¿usted está cobrando su plan?”. Yo le digo: “Sí, doctora, lo cobro, y yo entiendo todo eso, pero mire que a mí las cosas se me vienen encima. Con el plan no me alcanza para nada”. Yo no le dije que también trabajo por hora; a ver si todavía me sacan el plan. Tampoco le conté lo de mi tía, que siempre me ayuda. Le digo: “Vea, que yo no tengo drama en esperar” —le digo—, si tengo que estar todos los días aquí de la mañana a la noche, para que pase algo, voy a estar, cuente conmigo. Pero yo veo que pasa el tiempo y nada”. Dudé en decirle, que yo sé que tu padre sigue haciendo trabajos de pintura, y su platita la cobra…para la joda. Pasa que no tiene vergüenza, porque no la tuvo nunca. Pero no sé, capaz que se lo tendría que decir. Yo sé que ella no me va a perjudicar y que hace todo lo que puede. Digo nomás, porque veo que no pasa nada y el tiempo pasa y pasa. Pero igual no le voy a decir nada, a ver si todavía… (Lo mira a Ariel). Tampoco le quise decir que tengo a mi hijo de dieciocho, que lo echaron del colegio por…y que tiene una entrada en la comisaría y que, por todo eso, no cobra más la beca.
Ariel: —¿Qué?, ¿le bocinaste algo?¿Le vas a decir?
Soledad: (Aprovecha la brecha y contesta con picardía) Ni falta que hace. ¿Vos te creés que son tontos? Si allí está todo escrito, sólo con que haga un gesto, para que te agarren de las narices y vas derechito a un instituto. No lo dije; pero, te juro, que si no te ponés las pilas ya mismo con el trabajo y con la vespertina, como dijo la directora, entonces, me vas a conocer, ¡eh! (Pausa) Decíme ¿Por qué no vas a ver al chino de enfrente de la tía? Me dijeron que necesitaba un chico.
Ariel: —Sí, claro; con doscientos cincuenta por mes; ése quiere que le trabajes doce horas por día.
Soledad: —¡Ja! ¡Mírenlo al señor! ¡Dice doscientos cincuenta, como si los tuviéramos! ¿Sabés lo bien que nos vendrían esos doscientos cincuenta? Además, ellos también trabajan de sol a sol. Pero, si no te gusta, buscáte otra cosa. ¡Pero buscála, nene! Te digo que, como no te pongas las pilas, agarro y le digo a la jueza que haga algo, ¿sabés? Y ahí vamos a ver. Yo voy a esperar hasta después de las fiestas con lo del trabajo. Y hasta febrero, con lo del colegio. Vos todavía no me conocés. Ya te lo dije bien clarito.
Nahuel: —Sí, mamá. Y si no hace nada, denunciálo y que lo obliguen. (Procura no estar cerca de Ariel) ¡Decíle a la jueza que es tu amiga, que lo obligue!
Ariel: (Le amaga un golpe). Termínala, pendejo de mierda, trolo buchón. (Con rabia, a la madre) ¡Mamá, decíle que no se meta más, porque lo voy a hacer mierda!
Soledad: —¡Nahuel! Primero y principal, que no tengo ninguna amiga jueza. Y, segundo, que cerrás la boca, y me terminás la tarea y ordenás todo ese desastre, que es tuyo. No te creas que tenés coronita.
Nahuel: (Entre rezongo y para adentro) —Cuando cumpla los trece, me voy a meter para policía.
Soledad: —¡¿Ah, sí?! ¿Y quién te dijo que podés entrar a los trece?
Nahuel: —La tía me lo dijo, porque yo le pregunté, y me dijo que si yo quería, a los trece, ya podía.
Ariel: —¡Andá, pendejo, yuta, buchón! Igual no sabés nada. Para entrar tenés que tener, por lo menos, veinte. ¿Te creés que yo no sé?
Soledad: —¿La quieren terminar? Tiene razón la tía: él puede hacer la secundaria adentro, de cadete de la policía, con uniforme y todo. No es como los que entran de grandes. Ésos que entran de grandes, es sabido que son los vagos. Eso nada que ver… (Interesada, a Nahuel) ¿Vos lo hablaste en serio con la tía? Porque no me dijo nada. (Como extrañada, para adentro).
Nahuel: —Sí, y con el Cristian…Má, ¿y el uniforme lo tenés que comprar vos?
Soledad: (Dudando) —Y, ¡qué sé yo! No sé… creo que no. Eso te lo deben dar adentro…que yo sepa.
Ariel: —No ves, pibe, que no sabés nada de nada. ¡Te lo dan ellos! ¿Cómo lo vas a comprar? ¡Qué boludo este pibe! (Burla)
Nahuel: —¡¡Eh!! Mami… (A Ariel) ¿Por qué mejor no le decís a mami de donde sacaste la compactera que tenés escondida en la pieza? ¡Dale, decíle!
Ariel: ¿Qué compactera ni compactera, pendejo de mierda? ¿Qué te pasa?
Nahuel: —Sí, esa nuevita que tenés escondida en el ropero de Nadia. Yo lo sé.
Soledad: (Sorprendida, enojada) —¡¿A ver esa cosa, a ver?! Quiero verla ya mismo. Mirá, Ariel, no me jodás, porque me vuelvo ya mismo al juzgado. ¡Ya mismo!, ¿entendés?
Ariel: —Pero, mami, a este pibe se le subió la cana a la cabeza, ¿qué te pasa, nene? Si vos la viste, es la que me prestó el hermano del Cristian, ¡mamá te lo juro! (Lo mira a Nahuel)
Soledad: —¡Qué! ¿Ahora me vas a decir que el hermano del Cristian te presta cosas? Esto es algo de “tus amigos”. (Niega con el dedo y sonríe, irónica) ¡No, señor! El hermano del Cristian no te pudo haber prestado nada a vos, después de lo que le hicieron tus amigos. ¿Sabés quién te la dio? Seguro que fue ese negro villero de pelo largo con el que andás ahora, “la junta de la esquina”. ¡Mirá Ariel, no me quieras pasar!
Nahuel: —¡Sí, mami, yo lo vi, yo lo vi! Es ese villerito que le robó la campera al hermano del Cristian y, además, vende porro en la plaza.
Ariel: —¡¡Uyy!!, vos calláte, pibe. (Lo corre) ¿Qué negro, má?, si es más blanco (con profundo gesto de fastidio y utilizando ambas manos, señala a su hermano) que el pendejo éste… ¡¡Botón!! Para que sepas ese pibe no me dio nada y, encima, él no robó nada la campera. Si casi ni lo conozco. ¡Es verdad, mami, te lo juro! Ni sé dónde vive.
Nahuel: —Sí, se llama Maxi. Y, además, para que sepas, ¡yo escuché todo lo que hablaban! (Ariel lo quiere agarrar y Nahuel sale corriendo. Entra Nadia que acaba de ducharse).
Nadia: —¡¡Eh!! ¿Qué pasa, con tanto despelote? ¿No la van a parar nunca, ustedes? ¡Qué pibes! Para eso, ¿por qué no se matan de una buena vez y, así la terminan?
Soledad: —Bueno, Nadia… Vos, cuando tengas lo tuyo, verás qué hacés. Por ahora, éstos son tus hermanos, y no tus hijos. (Vuelve Ariel) —Así que, Ariel, decíme, te lo pregunto en serio, ¿de dónde sacaste ese aparato? Porque se lo cuento a la jueza la próxima vez que voy. Y vos ya cumpliste dieciocho. Así que, mejor pensás lo que hacés y lo que decís o ya sabés. No es la primera vez que venís con el cuento de que te prestan algo, que resulta que nadie te prestó. ¿Te creés que no me acuerdo de las zapatillas Adidas que trajiste, que desaparecieron del día a la noche; o aquella rueda de auto, que también apareció y desapareció sin dejar señal? ¿Y de la agujereadora que trajiste, cuando todavía estaba tu padre? A él también le dijiste que te la habían prestado y él, bien zorro, ni abrió la boca. ¿Qué me vas a decir, ahora? ¿O te creés que no me acuerdo de las cosas, eh?
Ariel: —¡Te juro que es cierto, mami! Me la prestaron. ¡Pero, che, no puede ser! Esta mujer, ahora, ¿también eso?
Soledad: —¡Shhh! Mo-men-ti-to, ¡eh!… No tanto “esta mujer”, que todavía soy tu madre, y si tengo que cruzarte la cara, te la voy a cruzar, ¿sabés?
ariel: —¿Pero, mami? ¡No entendés! Ya te dije que me lo prestó el hermano del Cristian. Si querés voy y se lo devuelvo y listo.
Soledad: —¡Qué fácil la hacés! Cómo será la cosa, ¡eh!, que a él le salen prestando siempre todo…
Nadia: —¡Ja! ¡Prestamista te salió tu hijito!
Ariel: —Y vos, calláte, trola, qué te pensás.
Soledad: —Mejor hablá. Yo quiero saber de donde salió ese aparato. Mirá que…
Ariel: —¡Ufa!, está bien. No te quería decir nada, pero me lo compré.
Nadia: —¿Queeé? ¿Y con qué plata, si no trabajás?
Soledad: —¿Con qué plata te lo vas a comprar?
Ariel: —En cuotas… todavía no pagué ninguna. (A Nadia) ¿Qué te metés vos, trola buchona, “madre soltera”?
Nadia: — Para que sepas, el chico tiene padre, ¿sabés?
Ariel: —Sí, un papito preso por chorro y drogón. ¡¡Ja, ja!!
Nadia: —¡Calláte, idiota! Mami lo conoce. Y, para que sepas, el abogado le dijo a la madre que en un mes sale, porque él no hizo nada. Nada de nada, para que te quede claro.
Soledad: (Desbordada) —¡¡Baaastaaaaa!! ¡No aguanto más! Me paso la mitad del día escuchándolos pelear, y la otra mitad, hablando por ustedes en cuanto lugar me mandan. ¡No doy más! Se los juro: no-doy-más. Voy a desaparecer. Un día de éstos no me van a ver la cara, y ya vamos a ver qué hacen. (Todos en silencio, sorpresa en los hijos)
Nadia: —¡No, mami! (Se acerca a consolarla. Enérgica a Ariel) —¡Pendejo! Si vos querés tener plata, andá y trabajá como hace ella. ¿Ves lo que hacés? Está llorando…
Soledad: (Dolida, sentida, disimula el llanto, se repone levemente) —El año que viene las cosas van a cambiar, vamos a tener trabajo, y Ariel también va a trabajar, aunque sea en lo del chino. (A Ariel) —No quiero que termines preso como tu tío. Vos no. Ni quiero ser la madre de un muerto y terminar viviendo como en una fosa de lágrimas, como me dijo una amiga hace tiempo. No.
Ariel: (Por primera vez, angustiado) —Esperá, vieja, pará… (Recompone) Lo del chino, no. Vo dejáme que yo busque. Además, el tío no hizo nada. Lo que le pasó es que la cana lo agarró de punto, como la directora a mí. Y lo cagaron. El tío me lo contó todo.
Soledad: —¡El tío, el tío! ¡Cuándo carajo vas a escuchar! Vos te la sabés todas y no sabés nada. (Serena) Tu abuela se cansó de decirle a tu tío que esa junta no era buena, que se fuera a Santiago con los tíos de allá. Eso un día, y al día siguiente, él se aparecía con otra cosa robada. Cuando no era una radio era un televisor, o plata. Lo malo fue que ella empezó a no abrir la boca. Calladita agarraba lo que fuera, y yo le decía: “Mirá, mamá, que eso es robado, que si no trabaja, ¿de dónde querés que salgan todas esas cosas?” “Se las regala un amigo”, me decía ella. Y yo sabía que se engañaba. Ignorante, boba o viva; no lo sé, pero se mentía. Ella creía que le convenía, que era como un juego de chico; por eso, al final, hasta lo apañaba. Y así le fue. Él en cana hasta quien sabe cuándo; y ella enterrada en el cementerio, porque eso la mató, era el hijo preferido. (Pausa, amenazante) —Mirá, Ariel, te lo juro por esta cruz, yo a vos... Antes, yo misma, te cuelgo de las pelotas. Andá sabiéndolo, porque prefiero verte encerrado en un instituto hasta que tengas treinta años, hasta que te cambien esas ideas de mierda que tenés; prefiero eso, cualquier cosa, a verte preso o muerto. No pienso pasar por lo de mi mamá. (Pausa. A Nadia) Nadia, ¿vos no tenés que ir a control en la Salita? ¿Hoy no está la partera?
Ariel: (Conmovido, desafiante) —¿Qué te pasa? ¡Qué muerto, ni qué preso! ¡Avisá! (Serio)
Soledad: (Enojada) —¡Entonces, cambiá! Parecés de plástico, ¡cambiá de una vez por todas! (Casi violenta) —¡Y ya mismo se me va a hablar con el chino, ya mismito! (Él apenas reacciona, pero escucha) —Dije: “¡Ya mismo!” Cuando yo vuelva, voy a pasar por el chino, ¡y quiero verte trabajando allí, hasta la madrugada!, todo el día y toda la noche, aunque sea gratis, aunque tenga que pagarle al chino ése. Te lo juro por Dios que te mato Ariel, te juro que… (Agarra una ojota. Ariel se cubre y agarra su campera y sale sin decir nada, sorprendido, en silencio. Nahuel sigue sentado con sus tareas, mientras Soledad comienza a ordenar ropa, y Nadia le ayuda. Todos en silencio con música cuartetera de fondo).
Nadia: —Má, cuando quieras vamos; yo ya estoy lista. Igual es temprano.
Soledad: (Enjuga lágrimas en silencio) —Lo único que me faltaba. ¡Qué cosa, che!, me parece que me entró una basurita en el ojo, ¡también con este viento…! (Con energía) Mirá, si tu hermano hoy no arregla con el chino, te juro que lo encierro. ¡Te lo juro, por Dios, que lo hago! (Comienza a sacarse ropa, hasta quedar en bombacha y corpiño. Nahuel ha estado muy serio, atento a sus deberes). No doy más del cansancio. Debe de ser el tiempo. Me pego una ducha y enseguida salimos, hacéme un mate nena, querés? Mirá vos, con el apuro ni comimos. —Nahuel, servíte y comé.
NAHUEL: —¡Má!
SOLE: (Controlada, enérgica) —Dije que te sirvas y que comas. (A la chica)
—Nadia, no te olvides la libreta. (A Nahuel) —Ahora comés y, después, seguís con la tarea. Y, cuando terminas TODO, te vas a casa de la tía y me esperás allá, hasta que yo vuelva. ¿Me entendiste? Hasta que yo llegue y te pase a buscar. (Música de cumbia “in crescendo”. Sale al baño) Telón.

ACTO CUARTO

Puta Madre Coraje: “La rebelion de los esclavos”

Del fondo de la platea y de los lados comienzan a subir a escena grupos de gente común; con cacerolas, algunos; y otros, con tachos. Piqueteros con la cara cubierta y macanas en la mano, cartoneros con bolsas. Una invasión de chicos distrae e incomoda al público pidiendo monedas, junto a mujeres embarazadas y ancianos que se sientan en distintos lugares y, en actitud de letargo, piden limosna. Siniestros personajes vestidos de negro custodian, con los brazos cruzados, y comienzan a ocupar lugares estratégicos, tanto en el escenario como en la platea (seguridad). A medida que la escena se va poblando, se van encendiendo las luces de todo el recinto, quedando el público muy involucrado. Una música ciudadana alternará, adecuadamente, con otra cuartetera y con rock nacional. En un momento determinado, de ese tumulto surge una mujer semi-desnuda, harapienta e íntegramente pintarrajeada de negro. Altiva y desgreñada. Cuando empieza a hablar, los hombres de negro comienzan a desaparecer en la multitud, hasta que para el final del monólogo ya no estarán. Ella lleva un carrito de supermercado cargado de cartones con un niño andrajoso, sentado y dormido encima de esos trastos. Lentamente, va llegando al centro de la escena. Todos se abren, dejándola sola en el centro iluminado. Mientras habla, los personajes se irán poniendo de pie y asumiendo un cierto orden en la escena a criterio del director. La “puta madre coraje” muestra decisión, una actitud enérgica y conmovedora. Se muestra sincera, lúcida y desafiante. Plenamente comprometida.
Escena ÚNICA - Monólogo de Madre de Coraje
—¡Han muerto al Padre! Ha sido muerto pautadamente. Paso a paso, ha sido urdida la muerte del Padre.
¡Benditos sean los padres de la matanza!
Yo soy la vida, inofensiva, ofendida, inmortal.
Ningún plan puede conmigo.
Desde el mismo principio he permanecido de pie, he esperado de pie, he gemido de pie, he concebido y he dado a luz también de pie, y así seguiré porque ya no puedo ni quiero doblegarme. De pie, como un árbol viejo y duro, hundida hasta el mismo centro de la tierra. Definitivamente, de pie para restaurar al Padre.
Partiré también la ley. ¡Ah! Yo la ley, yo la fundadora, yo la de la Plaza Cercada y la herida abierta en cada Mayo del recuerdo.
Yo, Prudencia, yo, Consuelo, Soledad, la de Cromañon y la de Nerdenthal, ¡la que quieran! Yo, la primera, la anterior a todas las cosas, y también la última.
Yo, la vida.
Ahora, soy la última edición de madres, ésta que se aferra a la vida.
Como la tierra al sol, soy en el derrotero canalla de esta sociedad: la loca, la sucia, la negra, la transgresora, la puta, la que sobrevive cada día al cuidado soberano del derecho.
Soy la prolongada y ambulante suma de vida ciudadana, sarnosa, plagada, apestosa.
¡Cuidado, no se acerquen! Yo huelo a todos los olores del desprecio.
He tenido que pasar por la agonía, siempre inconclusa, del cuidado estático y estatal de este Soberano Estado Todopoderoso.
¡A vos, Dios! ¿Qué te voy a pedir? Si te han dejado a la altura de un poroto.
Por eso, ahora, permanezco al margen de todo lo establecido. Ningún organismo, ninguna promesa, ningún discurso, ningún revolucionario conchabado. Permanezco junto a ellas (señala a las otras), avanzando en piquete por aquello que juzgo necesario, y con esto, por ahora, me basta.
Cuando escribí, no leyeron.
Cuando grité, no escucharon. Y de tanto gritar quedé sorda frente a mi propio grito.
“Le conviene no gritar más”, dijeron los entendidos, que tanto saben de todo y que de tanto saber, llegan tan lejos.
Estilo-estado, ¿qué me cuentan? Todo un estilo, ¿eh? ¿Qué tal? (Se muestra como modelo).
Luego de tan paciente, llegó un tiempo en que también dejé de hablar y, luego, me olvidé de leer.
Al final, perdí entre tanta mugre el valor de cada letra, la medida del renglón, el límite impreciso de los márgenes. Tuve mucho miedo y decidí empezar todo de cero. Ése fue el tiempo de la disputa, en que se me empezó a formar un nuevo cuerpo, cavernario, miserable, inobservable y, por supuesto, intocable.
Embrionarias nosotras, autosuficientes nosotras, ¡somos tantas, pero tantas madres de esta sepa miserable! ¡Sí, señor! Es absolutamente necesario que nuestra palabra permanezca, ahora, como arte. Para que la vida prevalezca, no como un fenómeno sobre todas las cosas, sino también como arte.
Una en mil y viceversa.
Un misterioso y real cuerpo místico que merezca la alabanza y la gloria. Que por él pueda volver la libertad y la cordura.
Por ahora, tengo y quiero tener los oídos tapados de mugre. Me agotó tanta palabra sucia que escuché hasta casi no dar más. ‘Discursos’, quiero decir. Que nada tienen que ver con la palabra. ¡Se piensa por mí, sin pensar en mí!
Ahora ya no quiero. Estoy aprendiendo a hacerlo yo misma y marcho por piquetes repletos de grito y fuego.
No, por la vereda no. Las veredas están para otras cosas; pero, además, no alcanzan para tanta y tanta gente.
Las esperas si no te adormecen, te despiertan. Y si te despiertan, entonces, tenés que hacer algo. Y lo hacés. Pensás y pensás, día y noche, dale que te dale.
Miles de mugrientas revelándose cada día. Eso es un piquete.
Todo para que el hijo nuevo no sufra allí.
¡Miren! (Señala los objetos del carrito) Pensarán que esto es basura. Esto es mi alimento, mi patrimonio. No lo rechazo porque no me duele. El dolor es un niño inquieto. Y de tanto, tanto sufrimiento humano, ya no me queda nada con qué sentir dolor. Antes, al principio, confieso que me costó mucho. No me acostumbraba a los espacios amplios y ventilados ni a los bancos de las plazas ni a las esquinas ruidosas, ni a las sobras de los bares, ni a los baños de las estaciones. Las miradas, curiosas, indiferentes, pasan ahora sobre mis hombros.
Yo también tuve una casa. No sé cuándo ni a dónde, pero tuve. Ahora, para el frío está el cartón, los diarios, las bolsas grandes y negras.
También solía llorar. Aunque no lo crean, lloraba. Para adentro, pero lloraba. Ahora no, yo no quiero. Por Consuelo perdí el dolor y me volví ruda, esquiva, invisible, impenetrable. Yo maté a todos mis hijos y me quedé sola. Luego, me llamaron Soledad. También he sido ésa otra. (Silencio, mira al hijo que está en el carro).
No teman, este hijo que está acá va a crecer para cuidar la vida. Crecerá, y van a decir: “Ahí va el hijo de Coraje. Allí va el Coraje”, dirán.
Por él perdí todas y cada una de mis virginidades. (Con una mano y con brusquedad, agarra su pubis). Tantas veces me violaron. Yo gritaba y gritaba: (Comienza gimiendo de placer y, lentamente, esos sonidos se transforman en gritos de dolor) ¡Ah, ah, ah!, ¡¡ah!! ¡¡¡aah, aaaaah!!! (Pausa) Sólo por este hijo Coraje, no por los otros que fueron santos, de madre santa, virginal, de madre Prudencia como virgen que dan Santos. La lámpara de mi vientre se pudrió con la pura sangre del odio, con el terror más ciego.
También fui Prudencia, con la mirada de la puerta para adentro, celosamente. Todo por mi casa.
Perdí mi dolor, mis virtudes. Una a una, aborté mis canciones de cuna, mis sueños de niña, mis ensueños de joven.
Aborté uno a uno mis dones y mis odios, mi belleza y mi vanidad. De modo que soy parte de este mismo despojo que junto en bolsas, y que me alimenta. Mi única razón de ser es seguir haciendo crecer este Coraje. Ninguna razón tengo para hacerlo. El coraje no es una virtud moral. El coraje es una fuerza, la fuerza de la vida. Ciega, oceánica, llena de fuego. Es azul y poderoso.
Dios tiene las manos sucias de dolor, de hambre, de horror y no encuentra aún la manera de suicidarse. Es imperfecto.
Coraje los ciegos, coraje los mudos, coraje las sombras, las invisibles voces del silencio.
El mismísimo temor a mí me teme. El miedo desapareció de mi alma. Créanme que no le temo a nada. Me han crecido escamas de acero en la piel y púas, filosas púas tengo ahora por uñas. Y, sin embargo, nada saben del daño.
(Ahora la multitud de miserables comienza a componer esculturas vivientes, variadas y complejas, que deben inspirar diferentes sentimientos: dolor, rechazo, gusto, temor, en un todo armónico, como cualquier obra de arte, fondo musical con selecciones de música ciudadana. Es ahí, donde las tres madres fundamentales hacen su entrada, y avanzan hacia Coraje, a medida que recitan el coloquio que sigue.)
Coraje: —Yo, la más rea de todas, la más pública, la que venció al hartazgo. Nací en la calle y no cumplo años. Y en la calle engendré una y mil veces con sangre, con luz, con flores del asco. Familias han crecido dentro de mi panza. Y en la calle seguiré haciendo el amor, la casa y la faena.
Prudencia: —Yo, la hermética. Me tocó ver, por guerras, morir hijos y padres. La muerte, legalmente pensada, moralmente civilizada, se llevó todo. “Es la guerra”, se dijo, también, por Malvina. Ésa olvidada. Me llamo Prudencia y tuve que correr con mis cosas al monte y al cerro y allá las guardé a todas.
Coraje: —En los montes, sí, donde el sol no atardece, donde la tierra no muere bajo la sombra de los hombres. ¡Ah, Pacha Sagrada! Allí guardaste, Prudencia, lo que te quedó de la vida y de la muerte, los bienes comunes del cuidado, el bien supremo de lo bello que conozco, las voces queridas que se han asesinado.
Consuelo: —Yo fui Consuelo, también de mí misma, muerta de miedo, con mi casa convertida en un sudario. A mí me tocó llorar todo el tiempo; luto tras luto. Salí a la calle; primero, sola, para llamar a la justicia de la nada. Yo como Prudencia, también guardé, allá en el alto verde del monte, historias de heroínas junto a cuentos y juguetes heridos, entre los limpios trapos calientes del trabajo.
Soledad: —Yo, Soledad, ilusionada en el 2000. Fui la de la espera y el reclamo. Me tocó ambular y pedir como loca esto, aquello y lo otro, hasta convertirme en una hermosa y luminosa estaca en la espera, para que no me derrumbasen el poco techo, el poco trabajo, el poco respeto que en mi corazón temblaba. De cada día recibía yo, no un sol sino una limosna. Ésa fue mi vida. Me planificaron y me empapelaron el alma con formularios. Y tuve una tía, también consuelo. Yo la vi guardarse la vida en su cartera robada. Yo vi todavía los patios y en el barro, crecer el pasto. Cuando era chica, he visto manos, llegar muy de mañana, a esos patios. Seguramente, también lloraban por las noches y sonreían, casi libres, por la mañana.
Coraje: —Eso es coraje, hermanas, cuando padres y huérfanos son al final una misma cosa de todos los días. Es preciso que sepan que de esta matanza, quizás invisible, quizá sin flores finales, que de entre tanto “Resto Bendito”, crece el hijo. Este hijo (lo señala) será un padre, una esencia, y dará a luz otros hijos. Pero, ¡cuidado! del otro lado de la vereda también nacen los callados, los leones de oro, los soberbios que cantan la triste y mentirosa canción, la pesada canción de la indiferencia.
(Hasta aquí han permanecido inmóviles. En esta segunda parte del coloquio, cambia el carácter y la actitud de los personajes. Se produce el movimiento al son de campanadas aisladas, que al final tornan en vuelo de campanas con música ciudadana).
Prudencia: —Al padre lo han muerto.
Soledad: —Me han muerto el trabajo.
Consuelo: —Me han matado al hijo y al padre.
Coraje: —¡Hermanas, coraje! Tenemos la palabra.
Prudencia: —¿Dónde están la canción y la fiesta? ¿Por qué hay violencia en el silencio?
Soledad: —¿Dónde? La manta y la cuna del hijito de Nadia. ¿Dónde están? ¿Dónde ha quedado mi herencia?
Consuelo: —¡Es un grito! ¡Es el grito del hombre!
Soledad: —¿Dónde? La vida, ¿dónde está?
Coraje: —El grito y la vida es Coraje. Nosotras somos el sombrío músculo de todo lo que tiene vida. Nosotras, Coraje las madres. Y acá estamos, marchamos a pie, con carros y banderas y los almuerzos en el bolsillo, a través de anchas avenidas de trigo y de asfalto amarillo. Nosotras, los pacíficos espantapájaros. Nosotras las mansas lobas de la ciudad rota y separada.
Soledad: —Tirado por lobas, va el carro repleto. Va la vida…
PRUDENCIA: —¡Eso sí que es coraje! Ahora sé que puedo buscar mi leche y mi pan. El mantel blanco que vistió mi mesa, aún lo conservo. (Todas se acercan al niño).
ONSUELO: (Al niño) —No he muerto, quisiera yo también acunarte en mi regazo.
Coraje: —Un vientre encendido de paloma hay en este lecho de alambre.
Inmortalizado el aliento, inmortalizado el grito, refundando al padre.
Lobas humanas en celo por la vida, somos.
¡Oh!, ¡Acérquense, hermanas, entrelacémonos, como una bandada
de pájaros, nuestras dignidades! Que Coraje nos pertenece a todas.
¡Viva la vida! ¡Viva el fuego y sus sombras!
¡Viva todo lo madre del mundo, y que el Coraje viva siempre en las madres!
(Queda conformada una escultura viva. Una maternidad, desde que la cartonera tiene a su hijo en brazos, tras levantarlo del carro). Música ciudadana. Apagón.
Fin
INDICE
Pág.
Acto Primero –Madre Prudencia en Nochebuena ......................
Escena 1...................................................................
Escena 2...................................................................
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5 a 25
26 a 41
3 a 41
Acto Segundo–Madre Consuelo “Morir en vida no es Muerte”
Escena 1....................................................................
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42 a 57
42 a 57
Acto Tercero – Madre Soledad “Vivir en muerte no es Vida”......
Escena 1....................................................................
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58 a 74
58 a 74
Acto Cuarto –Puta Madre Coraje “La Rebelión de los Esclavos”
Escena Única................................................................
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75 a 83
75 a 83