lunes, 18 de junio de 2007

Chau con los siglos dorados




SIGLO SEPTIMO


Nuestra amiga, la geógrafa del cuarto que ahora vive en un quinto con Mariano a seis cuadras de acá, sigue siendo la misma de siempre, en nada cambió su carácter ni su comportamiento el nuevo piso, sigue desparramando cada mañana desinfectante ecológico por los pasillos del edificio cuando todos duermen, lo hace, según cree, para garantizar la profilaxis del terreno y también, creo yo, a modo de entretenimiento, eso no está mal, eso la distrae y es justo, ella tiene la manía de la limpieza y de los buenos olores, está claro que ese es su hobby y tampoco hay porque negarlo, como todo lo que uno tiene y no tiene. Compré unas flores en “El Florista” que es una modesta florería que queda de paso y fui a visitarla, la encontré agotada y de muy mal humor, estaba sentada en el cráter del volcan, no vallas a pensar que es esto un modo o una mera forma de decir que estaba de mal humor o a punto de explotar, no, el volcan es un volcancito chino chiquito de cerámica, algo parecido a un jarron como de la altura de un banquito de cocina para chicos que ella tiene de adorno en el jardín porque a pesar de vivir en un piso de departamentos tiene un jardín con tierra y luz natural, el volcancito es lo suficientemente fuerte y cómodo como para que pueda una persona o ella misma sentarse, y cuando se le ocurre lo enchufa y empieza a largar un chorrito de agua por el cráter, es en realidad una fuente en miniatura importada de China como tantas cosas, al principio cuando recién lo vi me pareció que se trataba de un inodoro, después, con lo del chorrito me pareció un bidet de estrecha abertura, pero no, es un volcan-fuente con una estrecha abertura, ¿no decís nada? me dice, porque ella piensa que echo casi todas sus cosas fácilmente a la penumbra del olvido, necesita de mi aprobación, pero realmente son solo algunas cosas de las que me olvido, como por ejemplo de un jarrón o de un bidet o de un inodoro, un volcán, nadie anda tratando de acordarse de esas cosas, después me dijo que el día que se cansase del volcancito le echaría tierra y abono y plantaría en el un abedul enano, ¿un enano? le pregunté pensando en el enano y mordiéndome la lengua no agregué nada. Triste, mas que enojada triste la encontré allí sentada, como si fuese la protagonista de un cuento de soledad y de tristeza que leí hace mucho, y que me viene a la memoria cuando la veo en una posición semejante, como ella sabe que no me gusta verla así, para justificarse me contó que estaba algo cansada porque había estado toda la mañana buscando los elementos, como es aficionada a la química, entonces pensé que se refería a los elementos de la química inorganica, también pensé en la Tabla de Mendelehiev, pero no, se refería a los elementos de trabajo de jardinería que necesita uno para arreglar su jardín y que ella no había logrado conseguir por ninguna parte, yo no puedo ver a la gente triste ni deprimida, ni sentada en un volcán por inofensivo que parezca, así que la tomé de la mano, le hice lavar la cara y salimos. Juntos recorrimos una enorme cantidad de lugares donde se venden todos esos elementos, masetas, abono, bolsitas con tierra, plantitas, palas, picos, rastrillos, tijeras, veneno, escuadra, atlas, mapas, planisferios, pajaritos, compaces para medir el diámetro o el radio o la espera, en fin todas esas cosas que comporatan los elementos de trabajo de una geógrafa impaciente que además de ser cartógrafa se dedica a atender con minuciosa prolijidad las necesidades de su jardín, sino todas, al menos las cosas más primordiales, pero no encontramos nada de nada, no hay caso cuando uno esta mal o de mal humor no hay nada que le venga bien, y ella estaba de pésimo humor y me puso mal a mi, nada venía bien; que esta tierra es demasiado negra que este rastrillo no pincha que la plantilla no es buena, que el pajarito está flaco, que al compaz le falta la espera, que el precio es exagerado, y que se yo cuanta historia mas, cuando no hay nada que te venga bien es mejor dejar de buscar y cambiar de rumbo, eso creo yo, pero Dina es así y en esos casos yo tengo una paciencia infinita porque no me la creo, se que siempre la cosa viene por otro lado que no es el que se dice, no son la jardinería ni sus elementos lo que te tiene mal le digo. Tenes razón, me dice, lo que pasa es que me viene a la mente Mariano pidiéndome que recapacite, que ponga atención a ciertas cosas, lo hace cada vez que estoy por desnudarme, el espera del otro lado del biombo a que llegue justo el momento en que quedo en bombacha y corpiño y empieza a suplicarme primero y después a pedirme a gritos que recapacite que sea prudente, que no pierda el tiempo, que llegue a punto a mi clase de clarinete aunque esté lloviendo a cántaros, que piense mas en mis deberes y menos en distracciones, que no le moje el clarinete, me demanda que porqué cambio de corpiño cada día , ¿a vos te parece que es momento? qué se piensa ese franquista con etiqueta de republicano, que tengo que ser un ejemplo de virtud, que me llamo Teresa de Buenos Aires, que están en mi vida las inasistencias prohibidas y la puntualidad a prueba de lluvia, que funciono a pilas, que aunque diluvie y caigan piedras, por el solo hecho de ser mujer no puedo llegar tarde ni faltar a mi clase? Todo eso se piensa el?...Nooo!, eso si que no Dina le digo, pero decime, ¿entonces fue por eso que me regalaste el biombo? para evitarte de ese modo todos esos malos momentos con Mariano ? no me contestó nada, pero yo estoy seguro que fue por eso que me lo dio, aunque ahora, que importancia puede tener eso ahora, no hace mucho que me lo regaló y lo hizo con tanto cariño! lo se, y es eso lo único que a mi me tiene que importar sin entrar en los por menores de porque ni por quién ni por cuanto, cuando me lo regaló pensé en ponerlo en mi habitación que es demasiado grande, para achicarla un poco, y efectivamente lo instalé en el medio de la cama que también es lo suficientemente grande como para que quepa un biombo en el medio, y de paso de ese modo impedir que Dalí pudiese verme cuando duermo, como todos saben el es un voyerista y me mira todo el tiempo, tampoco es que estémos allí los dos todo el tiempo, solo por la noche, durante el dia lo pliego y lo guardo en el placard que es inmenso, la verdad es que valoro infinitamente el gesto de Dina pero el biombo no me gusta, es demasiado alto y oscuro y después de todo a Dalí lo conocí así y tengo que aceptarlo como es, por otra parte eso solo me molesta cuando estoy enojado con el. Hablar, mientras íbamos con Dina de un lugar al otro, del biombo y de Mariano, le hizo bien pero a mi no tanto, y como finalmente no habíamos logrado comprar nada, decidí unilateralmente empezar todo de nuevo, como si no hubiésemos salido a ninguna parte, así que volvimos al jardín, la volví a tomar de la mano, le hice lavar la cara y volvimos a salir, ya sin temor al que dirán caminamos tomados de la mano, dimos primero una vuelta a la manzana para no alejarnos demasiado de la escena, siempre conviene andar cerca, a medida que pasó el tiempo nos fuimos animando y sin proponernos ni darnos cuenta nos fuimos alejando y llegamos a una ferretería que ni yo ni ella conocíamos, allí ahora sí, compramos una cerca bajita de madera pintada de blanco que a DINA le encantó para remplazar el biombo que le faltaba, dijo que sin nada por medio ella no podría tomar el coraje necesario para enfrentar las súplicas y los gritos de mariano al desnudo, dijo, tengo miedo de mandarlo al demonio como se merece, o de que me empiece a gustar, entonces pensé, lo que Dina necesita en este momento mas que una cerca bajita de madera, es juntar fuerzas para alejarse de Mariano y le ofrecí desinteresadamente blarle de Dadá, nada mas a mi medida me dijo muy entusiasmada porque ella lo conoce bastante, lo mejor que el tiene es que sabe enfrentar y mirar las cosas con optimismo, es un muchacho seguro de si mismo, sincero, claro, transparente como el agua mineral, me dijo y además le gusta el folclore le digo, estoy segura de que lo baila como ningún otro gaucho a la redonda, tuvo que agregar sin saber nada del tema, porque como en alguna oportunidad te dije, a Dada no le gusta ni medio el folclore y si lo baila lo hace solo por mí, y no precisamente como un gaucho, eso del gaucho estuvo de mas, pero lo que realmente me dolió ¿sabés qué fue? fue lo de “como ningun otro” porque estoy seguro de que lo dijo por que ella sabe perfectamente que a mi me encantaría poder bailar folclore y que solo me sale el ballet, se que también lo dijo por Dalí, que nunca bailó nada, no, esas no son cosas que ella deba decir de su amigo, si es que me siente su amigo, tampoco de Dalí, aunque lo de Dalí puede que sea cosa mí, igualmente no dije nada y me callé la boca, pero no fue justo que me hiriera de semejante manera, la conozco y se bien que ella se dio muy bien cuenta de la situación, porque aunque yo no quiera se me nota, cuando me turban se me ponen los cachetes colorados y se me erizan los pelos. Nunca me sentí mas turbado, creeme, ella dice que es solo conmigo y que lo hace sin querer, yo digo que si ella hace esas cosas conmigo es porque queriendo o no queriendo le gusta castigar con la palabra a quien mas la cuida, ella bien sabe que soy yo quien a pesar de todo está siempre allí a su lado, te das cuenta Dora? Lo del gaucho valla y pase pero cómo me va a decir que ”como ningun otro”, eso no se hace, son cosas que me dan mucha bronca y tristeza a la vez, siento que me subestima, que le importa un rábano lo mío, que goza poniendo el dedo en la llaga haciendo hincapié en mis limitaciones, pero no le podía decir nada, en ese momento para mi sobre todas las cosas estaba de por medio el biombo, el gesto de ese regalo y no me atreví a reprocharle nada, tengo muy presente que con ese biombo ella me ha brindado toda absolutamente toda su intimidad, todos sus desnudos, sus encuentros y peleas con Mariano, ese biombo es un compendio de su intimidad mas íntima, y eso no es cualquier cosa, ni es poco, porque en un desnudo también está siempre presente una parte del alma de quien se está desnudando, la parte mas alejada de Dios, el lado satánico del alma, ¿te das cuenta?, mas que un biombo eso es el equivalente fetiche del de peluche de un niño, ella había, sin saberlo, reemplazado el “objeto osito” por “ objeto biombo” y luego me lo pasa a mi, ¿te das cuenta? paso de ese modo a ser depositario absoluto de toda sus fantasías de niñamujeradulta, de toda esa inmensa sensibilidad puesta en juego durante todo este tiempo de convivencia al desnudo con su novio, no Dora, es mucho mas que el hecho de dar, el biombo lleva toda una vida interpuesto mansa, delicada, pasiva, pudorosamente, entre ella y lo demás, entre sus sensaciones mas pulcras e indecentes y el resto del mundo, ¿te das cuenta? y ahora lo tengo yo allí, no, eso no es poca cosa cuando de transferir de amor afecto y amistad se trata, y justamente por todo esto que te cuento es que empecé a dudar en cuanto a si debía dejarlo en la cama compartiendo ahora mi propia intimidad o ponerlo en cualquier otro lugar, lo primero empezó a parecerme al principio inconveniente, luego indiscreto, indecoroso, obsceno, finalmente infantil, así que decidí regalárselo a Dada que si de algo carece es de un biombo y de ese ser obsceno, lascivo, lujurioso, curioso, entrometido, dañino que le desborda a Dalí, con toda su insaciable ansia de meterse en la vida íntima de los otros, y no exagero, efectivamente es así, él es capaz de dejar de lado hasta a la misma computadora, te juro Dora, por pasar el dia entero metido en la cama agazapado detrás del biombo esperando a que alguien llegue a depositarse del otro lado, procurando en todo momento no ser visto, mirá Dorita, te juro que fue imaginarme a ese degenerado allí acurrucado al acecho como un zorro lascivo a la espera de su presa, y empezar a sentir un sudor frio de adrenalia pura invadiéndome todo el cuerpo, taquicárdico, descontrolado, enceguecido pensé solo en correr como un loco desenfrenado hasta mi casa y agarrar a Dali del pescuezo. No pude resistir al impulso y allí mismo sin mas ni mas me despedí de Dina y salí corriendo, una vez en la calle, ante la disyuntiva de cruzar o seguir corriendo sin cruzar, que es algo de nunca acabar ni llegar, presa del miedo, desconsoladamente solo me detuve a recapacitar, pensé en Mariano.

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