Eran las 5 de la tarde, sábado a las cinco de la tarde y ella ya esperaba, el tren llegó pasadas las cinco. Habían acordado encontrarse a esa hora. Se conocían por el facebook, ahora Iban a encontrarse. Estación Wilde, el tren está llegando, enseguida se cruzan los que suben con los que bajan, eso dura poco. El se fue acercando como si supiera, duda siente que la brisa le enfría el sudor en la remera, la incertidumbre es una cosa que le traspira. Ella, que no es tímida, ni sabe mucho de ballet lo intuye y con un gesto se delata. No es bailarina, ni modelo, tiene el color en la sonrisa la belleza de un jardín.
Cruzaron el andén hasta la calle del lado oeste. Caminaron se dijeron cosas de esas cosas que pronto se olvidan por no mirarse jugaban a adivinar los rasgos, el color de los ojos. El con la excusa del paso le roza la mano con la mano. Ella lo invita a tomar un helado.
Una heladería tiene en común con otras los helados y la gente. Todas las heladerías las de París, las de Roma, las de Wilde, tienen sus jóvenes, sus chicos, todos y cada uno con su cucurucho
Se sentaron a la sombra de una sombrilla atentos al recorrido de la lengua por los bordes.
Un beso es como un helado dijo ella él se puso colorado como una varicela.
Ella le cuenta cosas y sin darse cuenta unas gotas de chocolate le caen sobre la pollera, él ríe.
El principio del encuentro cuando dejaron que les creciera el deseo, ese fue el principio.
Ella quiere un helado que dure una vida como un beso le cuenta cosas, de su mejor amiga, de sus hermanos, de su madre siempre tan ocupada, de una madrina que adora, del gusto por las novelas que casi nunca termina, de un cumpleaños cercano, de una cosa y la otra. Lo breve termina, ella saca un espejito y repasa los labios con un carmesí intenso él la mira, entonces después se les vino un silencio. El vuelve a sentir el sudor en la remera, ella se da cuenta, enseguida el dirá de irse, se dio cuenta de que él lo diría enseguida. __ Ya lo sé, hablo mucho. El vuelve a reír.
El siglo XX acababa de culminar, harían falta otros cien años para que otro tanto hiciera el XXI Estar allí, poco a poco también allí empezaban a saber que estaban allí
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